28-8-2017
El avión es lo más parecido al ficcionario túnel espacio-temporal. Te montas en el horno asfáltico de Madrid, y tras hibernar durante medio día que parece un lustro, la siguiente bocanada de aire caliente te agrede apareciendo de repente entre palmerales caribeños.
Calor que parece alimentarse del sudor de las personas, implacable e insaciable, que nos convierte en mendigos suplicantes del ventilador.
Nos ha fallado el couchsurfer de Cartagena, así que hemos encontrado alojamiento barato en una urbanización con seguridad privada cerca de unas barriadas que aun atestiguan su pasado reciente arrabalero. Hacia la izquierda, igual de cerca, está el casco histórico: reducto irreal de ciudad idílica, oasis de seguridad rodeado de barrios que van aumentando su peligrosidad cuanto más lejos están, que no es mucho, y cuanto más oscurece, que no es tarde.
Y quizá esa sea mi primera impresión sobre Colombia: que todo está muy cerca.
El tumulto y la soledad, el mar y la montaña, lo nuevo y lo viejo y lo viejo que anhela ser nuevo sin dejar de ser viejo, las islas y la selva, el sol luminoso que ampara tu caminar y la luna nueva que ahuyenta de las calles a toda víctima potencial.
«A partir de las 19:00, en casa» nos dicen.
Pues nada, bien de repelente y a dormir.
Nota: nos han cancelado el vuelo y de la misma nos han dado otro con distinta escala y mas tiempo de espera. Además nos han echado atras el billete por no tener otro de regreso o salida del pais, por lo que después de volvernos locos buscando alguno barato a cualquier destino y haber argumentado la absurdez del puro trámite con una de las trabajadoras de la compañía, nos ha hecho un chanchullo con el que no hemos tenido que comprar ni pagar nada. Sin comentarios. Vaya comienzo...
Calor que parece alimentarse del sudor de las personas, implacable e insaciable, que nos convierte en mendigos suplicantes del ventilador.
Nos ha fallado el couchsurfer de Cartagena, así que hemos encontrado alojamiento barato en una urbanización con seguridad privada cerca de unas barriadas que aun atestiguan su pasado reciente arrabalero. Hacia la izquierda, igual de cerca, está el casco histórico: reducto irreal de ciudad idílica, oasis de seguridad rodeado de barrios que van aumentando su peligrosidad cuanto más lejos están, que no es mucho, y cuanto más oscurece, que no es tarde.
Y quizá esa sea mi primera impresión sobre Colombia: que todo está muy cerca.
El tumulto y la soledad, el mar y la montaña, lo nuevo y lo viejo y lo viejo que anhela ser nuevo sin dejar de ser viejo, las islas y la selva, el sol luminoso que ampara tu caminar y la luna nueva que ahuyenta de las calles a toda víctima potencial.
«A partir de las 19:00, en casa» nos dicen.
Pues nada, bien de repelente y a dormir.
Nota: nos han cancelado el vuelo y de la misma nos han dado otro con distinta escala y mas tiempo de espera. Además nos han echado atras el billete por no tener otro de regreso o salida del pais, por lo que después de volvernos locos buscando alguno barato a cualquier destino y haber argumentado la absurdez del puro trámite con una de las trabajadoras de la compañía, nos ha hecho un chanchullo con el que no hemos tenido que comprar ni pagar nada. Sin comentarios. Vaya comienzo...

