jueves, 25 de enero de 2018

Ayuda al viajero: Brasil

BRASIL

Sao Paulo
Solo hemos estado un día de pasada, por lo que poco puedo comentar.
Decir que la terminal de buses tiene wifi gratis y que hay una parada de metro ahí mismo (línea azul,Portuguesa-Tieté)  por lo que es fácil moverse, tanto desde ahí, como por la ciudad. El trayecto cuesta 1euro.

Sólo decir que un domingo no es buena idea andar por la zona (financiera) del centro (no hay nadie en las calles, solo indigentes).

Por otro lado, el barrio Japonés (parada Liberdade) tiene movimiento pero no es gran cosa, hay una plaza con puestos de comida orientales y un  par de calles con diversas tiendas (sobre todo suoermercados) con productos típicos suyos (los precios no son baratos).


Paratty
Es un pueblo costero muy bonito.
Está a unas 6 horas en bus desde Sao Paulo y a unas 4 desde Río (sólo va la compañía Costa Verde), y desde ambos sitios cuesta lo mismo el trayecto de bus: 20 euros.

Con calles empedradas y casas coloniales de colores, hace que sea un lugar agradable de visitar. Además, está muy preparado para el turismo, por lo que no falta comercio de todo tipo,  además de restaurantes y alojamiento.

Hay 2 playas de aguas muy tranquilas a las que se puede llegar caminando desde el centro, una a unos 10 minutos y otra a 30', y ambas cuentan con un paisaje lleno de vegetación. Además de éstas, existen más playas e islas cerca, a las que solo se puese acceder en barco.



Ilha Grande
Para ir a la isla primero hay que llegar al pueblo Angra dos Reís, el cual está a 3 horas en bus desde Rio de Janeiro (Costa Verde) y cuesta 16 euros el trayecto.

Una vez aquí, hay que salir de la terminal y dirigirse al puerto, el cual se encuentra hacia el lado izquierdo de la terminal, bordeando la costa. Se puede llegar en bus urbano (1€) o caminando, media hora aprox.

Desde el puerto (el que está a 5 minutos caminando desde el puerto Santa Luzía), sale un barco público que va a Ilha Grande con capacidad para 500 personas a las 15:30 todos los días y cuesta unos 4€ el trayecto. El ticket se compra ahí mismo al momento.  Para la vuelta, el mismo barco sale de vuelta de la isla a las 10:00a.m.

En la isla se llega a Villa do Abrao, un lugar chiquito totalmente turístico pero a la vez tranquilo, pues está sin asfaltar y no hay ningún vehículo, lleno de alojamientos y restaurantes. También dispone de un centro de salud que te atiende al momento y de forma gratuita en caso necesario.

En la isla, en el puerto mismo, hay una oficina de información donde tienen un listado con todos los alojamientos y sus precios, y también tienen un mapa de la isla en el que están señalizadas las distintas rutas que existen en ella. Esta misma información también aparece en un panel informativo en la plaza del pueblo, detallando dificultad y tiempo estimado de cada trilha (sendero).
Las opciones son varias, desde caminar un poco a ir uniendo rutas y caminar más, para llegar a distintas playas, algunas ruinas, pozas naturales y cascadas.



Río de Janeiro.
Aquí hay un link con toda la información necesaria:
https://ciudadmaravillosa.wordpress.com/2009/04/08/guia-para-principiantes/


Arraial Do Cabo
Está a unas 3 horas desde Río en bus y cuesta unos 20€.

Alojamiento caro, unos 18€ el hostal en habitación compartida, y en alguno 15€. Hay gente que alquila su casa, con lo que con un poco de suerte se puede conseguir algo más barato si se negocia.

Es un lugar muy preparado para el turismo.

Hay 4 playas a las que se puede ir caminando desde el pueblo, a las demás hay que ir en barco.

En el mismo pueblo están las siguientes playas:
     -Playa Grande: arena blanca y agua cristalina, muy larga y espaciosa y poca gente, pero el agua está muy fría.
     -Playa dos Anjos: es la playa del puerto, por lo que además de haber bastantes barcos y el agua no está muy limpia, hay bastante gente, por lo que no es muy agradable.
     -Playa do Forno; esta playa está a unos 20 minutos caminando desde Playa dos Anjos (mirando al mar, hacia la izquierda). Hay que caminar por la carretera que bordea la playa hasta llegar al un sendero adoquinado que sube y después baja hasta la playa. Es muy bonita, con aguas claras y medio aislada, pero se llena enseguida de gente y el sol se va pronto de aquí.
     -Playas de Pontal do Atalaya. Desde la playa dos Anjos hacia la derecha, hay que caminar hasta llegar al final de la carretera recta paralela a la playa, donde (preguntar a alguien local) habrá que subir unas cuantas escaleras para acceder a la carretera superir que va hasta Pontal. Son unos 3km en llano, se puede ir en vehículo propio, taxi o caminando (y en temporada alta es fácil que te cojan si haces dedo). También en posible ir en barcobtaxibdesde dos Anjos. Es una playa muy bonita tambien, con arena blanca y aguas cristalinas, y un paisaje precioso.


martes, 23 de enero de 2018

Ilha Grande

Ilha grande es una isla a una hora y media en barco de Angra dos Reis.
Es un trozo de tierra ovoide que sobresale en mitad del mar. El perímetro está salpicado de playas y calas, el área ocupada  por una tupida selva, el agua cristalina es azul y verde.
Se puede hacer casi de todo. Caminar por la selva buscando monos y serpientes, elegir una de las muchas playas para pasar el día, explorar el mundo subacuático, paddle surf, bañarte en una piscina natural, visitar la cascada...
No existen carreteras en la isla, así que hay que caminar o desplazarse en barco-taxi, y la electricidad y el wi fi fallan constantemente.
Pero qué quieres, es el precio po

Oscuridad y canto en Ilha Grande

En Abraao no se corta la luz mientras el sol esté en el cielo. Cuando cae, cada noche, o cada tormenta, son una lotería.
Las calles sin asfaltar y sin vehículos terrestres a motor ( a excepción de la ambulancia y la moto de la policía militar) se llenan de gente en sandalias que busca dónde aplacar el calor vespertino. Ahora corre esa brisa marina nocturna que revive a los muertos que asesina el sol. La música en vivo de los locales rivaliza con el concierto que ha organizado el ayuntamiento en la plaza principal.
Cada visitante encuentra poco a poco su lugar.
En una terraza de un bar un hombre toca " la bamba". Aferrado a su guitarra y conectado por cable a un pequeño amplificador, ha conseguido poner al público a bailar uniendo el final de la canción con una versión de Elvis Presley.
A su lado un grupo de hombres de piel curtida bajo el sol brasileño, de esos que se dedicaban a la pesca antes de cazar turistas, de los que han sacado las redes para lustrar las barcas y reciclarlas en barco-taxis, cantan y bailan con sus sempiternas viseras ajustadas a la cabeza. Hace horas que no hay sol, pero hace décadas que las gorras son ya parte de ellos. Calor y sal.
De repente nos quedamos a oscuras. Ha vuelto a fallar la luz, y el amplificador no funciona. Apenas se intuye la guitarra.
Pero estamos en Ilha Grande, aquí la electricidad es secundaria.
Los marinos no están dispuestos a finiquitar la fiesta, así que se ponen en pie y comienzan a dar palmas. Quieren acompañar con sus manos lo que queda de melodía. Aunque no se oiga.
Van sumándose poco a poco los demás comensales, y nos unimos también los que estamos en la calle.
Termina la canción, pero ellos  no.
Tras comprobar unos segundos que seguirán a oscuras sin saber hasta cuándo, ponen en marcha su segunda estrategia: comienzan a cantar en grupo una conocida canción brasileña.
La estratagema ha surtido efecto. Todo brasileiro que pasa frente al bar tararea, canta o baila.
La única luz segura en Ilha Grande es la del sol, pero qué importa eso cuando hay ganas de reír.

viernes, 12 de enero de 2018

Paraty, el tiempo anclado en la orilla

Paraty se resiste a sucumbir al tiempo moderno. Rodeado de carreteras asfaltadas, el centro histórico se muestra orgulloso con su adoquinado ligado con sudor esclavo, sus casas de fachadas blancas de puertas coloridas, sus carros tirados por caballos o burros capaces de salvar la irregularidad del suelo y sus paseos que desembocan en el mar.

El entorno natural es verde, muy verde  y salpican el horizonte distintas islitas.


Tiene varias playas, alguna en el mismo pueblo, otra a 20 minutos caminando, y alguna más recóndita a la que hay que acercarse en bus, incluso en barco. Sus aguas calmas invitan al relax, a mirar la claridad celeste y a admirar la frondosidad verde.





Es un lugar perfecto, si las lluvias dan tregua, para pasar unos días tranquilos.

Las cataratas Iguazú

En el Parque Nacional de las cataratas de Iguazú te rodea la naturaleza. Y si vas en temporada alta, también los turistas: hay más gente que litros de agua.

De todos modos, es un espectáculo que merece la pena. En el lado argentino de las cataratas hay habilitados varios senderos, y un tren cuyo pasaje está incluído en el precio de la entrada, que te permiten  visualizar las cataratas desde distintos ángulos.


Sentir cómo te envuelve el estruendo del agua golpeando el río, el vaho que sube y te moja, las vistas periféricas de la enorme grieta cubierta y horadada incensantemente por torrentes enormes, el verde del paisaje de alrededor...Es precioso.

Además, con suerte, la fauna libre del parque amenizara tu paseo. Nosotros vimos monos, coaties, lagartos, mariposas, arañas y un caimán.

lunes, 8 de enero de 2018

Sao Paulo y unos versos de mierda

Hoy que acuchillar al tedio me tienta
vomito al viento estos versos de mierda,
 pa que se condense la bilis y llueva,
 y a mí, a cubierto, la risa me venga.

Caminando por calles casi desiertas
pobladas por yonkis pasados de vueltas
ves que Sao Paulo es ansia, hambre y anfeta.
¡Fuera! No quiero jugar a la ruleta.

Han tirado a un tío por las escaleras, mientras escribo estas líneas dos se retan, se oye que es un mal que a Brasil aqueja, ojalá en Paraty se pulse otra tecla.

martes, 2 de enero de 2018

Andrés, alias Gringo.

El camión de Andrés tiene 4 frenos. Su vida, ninguno.

-He empezado de cero tres veces.

De joven fue miembro de las fuerzas especiales. Una placa en la cabeza sustituye los recuerdos previos al estallido de la bomba que lo sacó del ejército.

- No mereció la pena. Hoy no lo volvería a hacer, pero cuando eres joven quieres adrenalina.

Andrés se crió en la Patagonia chilena, un ambiente inhóspito en el que aprendió a adaptarse al entorno, a vivir con los recursos de alrededor, a sobrevivirle a la soledad, al clima y  al tiempo.

En su segunda vida se echó al mar. Necesitaba estar en movimiento, y elegió el casco de un barco porque, aunque él no era consciente, aquello no distaba tanto de sus vivencias de infancia. Aunque acompañado en cubierta, bastaba fijar la mirada en el infinito para tener de nuevo ante sí, casi para sí, la  crudeza de la naturaleza más auténtica. La vastedad del océano se desplegaba hasta el horizonte, al igual que los bosques patagónicos tupían los recuerdos de niño en aquellos inmensos parajes del sur chileno, hasta fundirse con las nubes donde la vista casi ya no alcanza.

Surcó el tiempo y los mares, y muchos años después le dieron la  incapacidad. Tuvo que desembarcar.

Pero apenas pisó tierra firme decidió dejar el olor a  salitre en la trastienda de la memoria, tapándolo para que no envejezca del todo mal, con un largo manto de nostalgia. Su hijo comenzaba en breve la universidad, así que tocaba volver a resurgir.

Esta vez la suerte, o la casualidad de mano de la causalidad, llamó a su puerta.

A Andrés le apasiona reparar vehículos viejos, y casi diez años atrás había adquirido un camión Mac del 46. Paciente como solo las personas crecidas en entornos aislados saben ser, fue  adquiriendo piezas originales en el mercado norteamericano. Y ensamblándolas.

Tardó años en restaurarlo, pero lo consiguió.

Un tiempo después recibió una llamada. Era la empresa Mac, que asombrados por el volúmen de compras de Andrés, le preguntaban la razón.

Los empresarios quedaron tan impresionados que le propusieron un trato: irían a ver el camión, y si era cierto que todas las piezas eran originales, si era verdad que el viejo  Mac estaba como nuevo, lo llevarían a Estados Unidos para exponerlo y le regalarían a él uno sin estrenar.

El gringo eligió hasta el color.

- Verde, pero no sé si acerté-dice riendo-. Se nota mucho la suciedad.

Hoy transporta salmón 3 veces por semana desde la isla grande de Chiloé hasta el interior de Chile. En realidad, lo único  que no le gusta de su camión es el revestimiento interno  del techo de la cabina. 

- Es que parece un ataúd.


No enterrarán fácil al Gringo. Ha edificado tres casas porque las casas son para vivir, y si alguna vez mueres en vida no puedes seguir habitando donde estabas. Para resucitar hay que cambiar la energía, que fluya recién nacida, y para cambiar de vida hay que cambiar de hogar.

Andrés ha estado, entre Chile y Japón, en 6 terremotos, 2 tsunamis y 3 erupciones. Por eso, y porque vive sin luz eléctrica ni cañerías de agua, elige bien los lugares donde construír sus casas. Observa las horas y la posición del sol, analiza los vientos, el comportamiento de las mareas. Y deja que la vida fluya.

Solamente lo desestabilizó un hecho: descubrir 16 años después que tenía una hija que no conocía. 

En realidad, el que lo descubrió fue su hijo. Metió su apellido en Google y vio que había muy pocos en Sudamérica. Un nombre le llamó poderosamente la atención.

Andrea tenía el mismo apellido que su padre Andrés.

Contactó con ella, y aquella chica brasileña residente en Argentina le dijo que era hija de un marino chileno que no llegó a conocer.

Meses después Andrés, alias Gringo, se hallaba con su hijo en el aeropuerto de Santiago creyendo recibir una mercancía procedente de Europa.

Todo era un engaño. Andrea se paró frente a Andrés. A Andrés se le paró el tiempo.

Decidieron viajar juntos en camión por unos días, y fue el trayecto más difícil que jamás realizó. No sabía qué decirle a la muchacha, se había quedado mudo, helado. Pero el tiempo cumplió su función y el hielo se fue derritiendo.

Hoy viven los tres juntos en la última casa que ha levantado, ésta mano a mano con sus hijos, en su querida Patagonia.

Llegamos a Puerto Montt. Tenemos que bajarnos del Mac verde de 4 frenos de Andrés, alias Gringo.

Él nos mira y sonríe con esos ojos azules de vida intensa.

- Empezar de cero no es duro. Es divertido. Te obliga a pensar, a moverte, a inventar.

Nos tiende la mano sin dejar de sonreír.

- Chicos, dejad que la vida fluya-  dice antes de perderse para siempre entre el tráfico.

lunes, 1 de enero de 2018

Puerto Montt, Puerto Varas y Chiloé

No teníamos planeado bajar más al sur de Santiago, pero todos los chilenos coincidían: tenéis que ir al sur.

Les vicimos caso y tras Valdivia, Niebla y sus alrededores, seguimos hacia Puerto Montt.

Nos pareció una ciudad fea y mal cuidada, aunque el paseo marítimo ofrece una buena vista de la isla de enfrente y un horizonte cubierto de niebla que le aporta cierta mística de cuento al paisaje. Puerto Montt ha sido una ciudad de marinos, y eso ha dejado impronta: casas de distintos colores pegadas la una a la otra, un ambiente un tanto oscuro y borrachos tirados en la costanera "amenizando" tu paseo.

Pero a menos de una hora en bus está Puerto Varas, y es otra historia. Desde su paseo marítimo las vistas son preciosas: el lago, montañas y volcanes.

El pueblo está construído en gran parte con edificios de madera, y eso le aporta un encanto distinto.  Además, no muy lejos de allí transcurre el río Petrohue. Visitar los saltos, a nuestro entender, no merece la pena si eres extranjero. Son bonitos, pero la tarifa de entrada para " no chilenos" es totalmente desproporcionada, ya que una vez dentro del parque nacional, solo hay tres senderos en los que poder caminar, y el principal, el que conduce a los saltos, se recorre en apenas 5 minutitos.


Una alternativa a esta atracción, y gratuíta además, es seguir unos cuantos kilómetros más adelante por la misma carretera que lleva a los saltos, y acceder al lago " Todos los santos". Desde la orilla del lago la vista es abrumadora, la Patagonia te abre sus puertas con todo su esplendor: colinas selváticas limitan el lago a tu derecha, el colcán Osorno, nevado, domina el entorno a tu izquierda, y delante, al otro lado del lago, la cordillera imponente te informa orgullosa que al otro lado está Argentina.


Si se quiere ir a Chiloé hay buses directos desde Puerto Montt. Este archipiélago posee una fuerte reputación mística, pero nosotros estivimos solamente un día. Visitamos Castro, la capital de la mayor isla, entre lluvia y viento, lo que nos desanimó. Aun así, decidimos ver algo más de la isla antes de volver a la tarde a Puerto Montt. Recorreríamos a dedo la parte norte y cogeríamos el ferry de vuelta en la localidad de Ancud...



Pues ni una cosa ni otra. Fue el destino quien decidió por nosotros, porque Andrés,  que así se llama el camionero que nos recogió, se ofreció a llevarnos hasta el mismo Puerto Montt.

Aceptamos, y así comenzó nuestro trayecto de 300 kilómetros con Andrés en su flamante camión Mac sin marchas manuales y 4 frenos distintos, todos los que no tuvo la vida de su conductor.

La energía de Andrés nos contagió y horas después descendimos sonrientes del camión.

Todo un personaje.