miércoles, 28 de febrero de 2018

Omweso

El omweso y sus derivados son unos juegos de mesa africanos.

 Como tantos otros, trata de mover tus piezas estratégicamente para comer las del oponente y dejarlo sin libertad de movimientos.

El tablero sos cuatro tablas con varios agujeros, y nosotros hemos jugado con alubias a modo de piezas.

Eso es precisamente lo que más interesante me ha parecido.

El soporte de este juego es antropología en sí mismo: nos narra,suponemos, una historia en la que sus creadores nada tenían a excepción de tiempo. Miraron alrededor, vieron arena ( quizás barro, acaso tierra) y piedras. Cavaron pequeños agujeros en el suelo e introdujeron dos piedritas en cada uno de ellos. Comenzaron a mover sus fichas y a inventarse las reglas.
El omweso, como muchos otros juegos,  es un ejemplo de la adaptabilidad del ser humano al medio.

El omweso, como muchos otros juegos, es un libro de historia abierto, un narrador de pasajes pretéritos.

Escuchémosle.

Aventuras africanas: chapter 3

Llegamos a Namibia con la información sacada de internet por un lado y un libro-guía de viajes por otro.

En la frontera el ritmo es calmado, por lo que los trámites se demoran bastante aunque haya muy poca gente.

En una de las oficinas toca rellenar la hoja con los datos personales, y el hecho absurdo de tener que apuntar una dirección del país al que ingresas, por mucho que el agente y tú sepáis que al estar de tránsito no vaya a encontrarte  si va a buscarte.

La agente de aduanas lo sabe, pero aun así, despierta de su abotargado letargo para decirnos:

- El camping de Hobas está cerrado en esta época.

Piensas: " pues pon la dirección de casa de tu suegro, que sirve pa lo mismo". Pero  finges estupefacción y le dices:
¿ Qué podemos hacer entonces?

Segundos después la mujer se parte de risa:

-¡ Que es broma!

La muchacha se aburre, y no nos extraña.

El primer pueblo entrando de se llama Qarabag. Paramos para comprar comida y una tarjeta telefónica. En Namibia, las tarjetas se compran en las gasolineras, y una vez adquiridas, hay que descifrar un jeroglífico egipcio primero, recitar un poema en gaélico antiguo después, reproducir el guión de una obra teatral en lengua zulú más tarde, y tras reproducir en el teclado los nombres de todos los reyes visigodos y los de todas las tribus etíopes, solo quizá entonces, se consigue activar la tarjeta.

A nosotros nos lo hicieron entre tres oriundos qarabaqueños, y tras un buen rato, conseguieron que los teléfonos funcionaran.

Las carreteras namibias tienen tres calificaciones. Las denominadas con una     " B" están asfaltadas y en buen estado, las   " C" y las "E" no están pavimentadas y si  no  vas en un 4X4 has de reducir la marcha considerablemente.

Muy considerablemente.

En esas estábamos, a 30 por hora comprobando la calidad de los amortiguadores del coche turismo que habíamos alquilado, completamnete aburridos con la visión del paisaje que parecía nunca superaríamos, cuando llegamos al camping de Hobas, a las puertas del Fish River Fanyon. Era la única opción de alojamiento, pues el otro camping crecano estaba cerrado.

Bajamos del coche y los precios nos asustaron muchísimo más que la opción de que se nos rompiera el coche en ese paisaje desolado. Las tarifas cuadruplicaban la información que teníamos.

Colocamos la tienda de campaña lívidos y asumiendo, intentando a asumir, el agujero que íbamos a hacerle al presupuesto.

Por la noche nos despertaron un montón de golpes secos fuera de la tienda, y cuando se nos despejó la neblina del mal despertar caímos en la cuenta de que una manada de antílopes estaba pasando al lado de nuestra tiendita de tela. Curiosa experiencia.

La siguiente anécdota del viaje tuvo que ver con nuestro nulo interés por los coches y el hecho de que los dos hayamos conducido solo gasoil. Simplemente, no sabíamos que la gasolina 93 y 95 son compatibles.

Pero que dos analfabetos en vehículos a motor no lo sepan no es problema. El nudo gordiano apareció cuando al preguntar en dos gasolineras, los trabajadores de ambas nos dijeron que no era posible mezclarlas. Según ellos, el coche no funcionaría. Según nosotros, muy rastreros había que ser en la empresa de coche de alquiler para gestionarnos el pase de frontera a Namibia sin informarnos de tal eventualidad.

Miramos el tanque y quedaba la gasolina justa, justísima, para llegar a nuestro destino: Luderitz.

 30 ó 40 kilómetros antes de llegar paramos en el arcén para pedir ayuda a los pocos coches que circulaban.

Paró una ambulancia, se bajó un hombre, nos miró raro, nos dijo que no le sobraba gasolina, se quedó hablándonos no sabemos de qué, se bajó una señora con guantes, le gritó algo al hombre, se subieron apresuradamente a la ambulancia y salieron de allí pitando.

¿ Estaba el señor charlando amistosamente con nosotros mientrs dentro atendían una urgencia? Nunca lo sabremos, pero...

Volvimos a arrancar, avanzamos bien despacito, y más adelante nos encontramos una especie de complejo compuesto por dos camiones, una máquina y una edificación precaria que intuimos servía para proporcionar sombra. No parecía haber nadie, pero cuado ya habíamos superado el área nos pareció ver dos cabezas dentro de un camión. Nos bajamos y les explicamos la situación. Uno de ellos nos dijo que tampoco había gasolina 95 en Luderitz, por lo que no podríamos hacer nada, pero que  nos llevarían en su camión hasta la ciudad por si acaso.

Trasladamos el agua que nos quedaba en una de las garrafas de 5 litros a una botella de litro y medio, agarramos la garrafa y nos subimos al camión.

Afortunadamente, uno de los trabajadores de la gasolinera nos aseguró que no habría problema en llevar la otra gasolina. Que viniéramos despacio y llenáranos el tanque de nuevo ahí.

Con nuestra reserva de gasolina en mano le pedimos a otro hombre que en aquel momento chequeaba la presión de sus neumáticos que nos acercara a nuestro coche, a lo que accedió gentilmente.

El señor se había atravesado el país en su 4x4 porque tenía un problema en la empresa que gesyionaba aalá por donde Jesucristo y Alá perdieron oas fichas de su tablero de parchís, y tenía que volver de nuevo hacia donde había salido al día siguiente.

" A partir de L7deritz bajad la presión de los neumáticos, la carret3ra es muy mala"

La que nos espera...

El hombre era descendiente de marinos de la isla de Madeira que por alguna razón que ningún ser humano jamás entenderá habían decidido asentarse en Namibia. Tenía, además, una casa en Galicia a la que iba pasar sus vacaciones, peroél no quería dejar de vivir en Namibia.

Llegamos al coche, él mismo introdujo la gasolina en nuestro tanque y se despidió cortesmente.

Y sí, obviamente, zotes de nosotros, el coche arrancó.



Las maquinitas de Peter

Peter es un ex soldado del ejército sudafricano con experiencia en Irak.

Vive en Johannesburgo, y ahora ejerce de empresario, buscando y rebuscando ideas nuevas que fructifiquen para convertirse en un negocio rentable.

Durante los días que nos ha hospedado gratis en su casa nos ha hablado de varias ideas: desde alquilar su coche a los couchsurfers hasta                .

Su cabeza está permanentemente en marcha. Dice que hay que crear continuamente, porque los años en los que verdaderamente se hace dinero son los primeros tres a partir de la venta inicial del producto, porque si es exitoso alguien te lo copiará y los emolumentos comienzan a bajar. Ese es el momento en el que Peter cierra el negocio y comienza un proyecto nuevo.

Pasamos 4 ó 5 días con él, y la última noche se anima a enseñarnos su inversión estrella.

Nos explica en contexto: " uno de los mayores problemas de Sudáfrica es el asesinato de granjeros. Suelen vivir en lugares muy remotos, por lo que no pueden pedir ayuda, y si los hieren de gravedad rara vez consiguen llegar al hospital. Creo haber creado una solución que podría funcionar. Venid".

Salimos de la cocina, y paramos frente una habitación en cuya puerta aparece escrita la frase " no entrar" en 7 u 8 idiomas. Gira la llave y entramos.

Abrimos los ojos como platos.

Encima de una mesa hay dos brazos robóticos soldados a una estructura metálica. Aun tiene chips y cables al descubierto. Ha unido una pistola al extremo del brazo, le ha conectado dos tubos ( uno de aire comprimido y otro para almacenar balas ), ha instalado una cámara a modo de mirilla y otro cable ejerxe de nexo entre todo el invento y un mando de control remoto.

Acciona una palanca del mando y gira una ruleta. La pistola se mueve hacia ambos lados. Con otra palanca controla los movimientos " arriba y abajo".  Presionando un botón, dispara.

Estamos pasmados.

" Es difícil de destruir, porque se tapa con esta caja de metal que solo deja al descubierto el cañón. También se ve la cámara, pero hay que tener muy buena puntería".

Lo que tú digas, colega.

" Las granjas suelen tener una estructura cuadrangular, asi que como puedes mover la pistola hacia ambos lados, instalando dos en sendas esquinas tienes todo el perímetro controlado".

- Oye Peter ¿ Esto es legal?

Sonríe.

- En Sudáfrica sí, porque lo controla un ser humano.

Toda una garantía de éxito...

domingo, 25 de febrero de 2018

Aventuras africanas: chapter 2

Comenzábamos expectantes nuestro road trip hacia Namibia y Botswana.
Antes de llegar a la frontera namibiana habíamos programado dos noches en suelo sudafricano: una en Kimberley y otra en Upington.

En la primera ciudad encontramos un camping a precio asequible.  La zona de acampada estaba tras varias edificaciones que también servían de alojamiento, pero que eran bastante más caras.

En la recepción una mujer malencarada nos conminó a explorar la zona antes de aceptar colocar la tienda. Al llegar al lugar lo entendimos: los monos campaban a sus anchas.

No nos importó. Sería una noche "diferente".

De lo que no nos dimos cuenta fue de la pésima calidad del suelo. Nos estaba costando horrores asentar la tienda, por lo que pedimos ayuda. El encargado de seguridad llamó a unos clientes jóvenes y les dijo: " id a ayudadles, quizá luego os den algo".

Clase expresss de los códigos sudafricanos.

Al principio, nuestros ayudantes resultaron ser aun más desastrosos que nosotros Intentaron colocar la tienda al revés. Cuando les dijimos que no, que eso era el techo, se mirararon extrañados.

Esto iba a ir para largo.

Al fin conseguimos colocar la tienda  y tras darnos un más que reconfortante baño en la piscina, cenamos y nos acostamos.

Contrariamente a lo que preveíamos, los monos que durante oa tarde tan atentamente nos observaban no aparecieron en toda la noche. Pero no fue una noche del todo apacible. Era fin de semana, y el alojamiento resultó ser el lugar elegido por los lugareños para correrse la juerga.

Es lo que hay.

Madrugamos, recogimos la tienda y pusimos rumbo a Upington.

Íbamos con tiempo de sobra, todo iba perfecto, por lo que tendríamos toda la tarde para disfrutar.

Un par de horas antes de llegar sonó el teléfono. Eran los del seguro médico, que nos preguntaban por nuestra salud, a cuenta de un chequeo médico que solicitamos en Brasil, y que como les explicamos, fue un auténtico chiste. Acordamos realizar uno con profesionales competentes a nuestra llegada a Upington.

La visita al médico demoró varias horas, pero se saldó con un "todo en orden".

Momento de buscar alojamiento.

Fuimos al que, decían, era más barato.
Al llegar, la sorpresa fue mayúscula:" chicos, no vais a encontrar alojamiento en todo Upincton. El ejército lo tiene reservado todo".

- ¿ Y algún camping aunque sea?

- Hay uno. Pero no es seguro. Lo único que se me ocurre es que probéis en el siguiente pueblo.

Según maps.me, el siguiente era un pueblito. Muuuy pueblito. Solo logramos atisbar un alojamiento.

No era buena idea, comenzaba a anochecer.

Otra opción era viajar de noche hasta llegar al siguiente punto de nuesra ruta, y dormir por la mañana. Pero debíamos informarnos bien para no dar pasos en falso.

¡ Cómo? No conocíamos a nadie...excepto al médico que nos había atendido.

Volvimos a la consulta muertos de vergüenza, y le explicamos la situación.

" Definitivamente no es buena idea que viajéis de noche. Esta es una zona de mucha vida salvaje, y los animales se  mueven por la noche. Conozco a gente que ha muerto al chocar con kudus".

¿ Qué hacer?

El médico consultó páginas de internet y levantó el teléfono.

Preguntó en varios lugares y discutió en otros.

Al final encontró un hotel que no nos disparaba el presupuesto en exceso.

Nos dieron la habitación y tras cenar, subimos a descansar. Estábamos en la planta baja, al otro lado de la pared había un jardín y entre la hierba, en algún lugar, un híbrido entre grillo y mamut ¡ Qué potencia la de esos pulmones!

Parecía que estuviera acostado con nosotros.

Preguntamos si tenían otra habitación en los pisos superiores, y solo les quedaba una con la cerradura rota; No podía abrirse por fuera si no era con una llave especial.

Perfecto. Nos la quedamos.

Y a dormir, que ya va siendo hora.

viernes, 23 de febrero de 2018

Carteristas en Pretoria

El centro de Pretoria estaba abarrotado de gente. Nosotros caminábamos esquivando personas mientras buscábamos un lugar donde sacarnos una foto tamaño carnet y un supermercado. En un momento dado, Zuri avanzó unos cuantos metros, y entre ella y yo se interpuso un hombre enorme. Intenté adelantarlo pero me cerró el paso. Lo intenté por el otro costado y me volví a topar con él.

Comencé a sospechar que algo estaba pasando. Lo intenté por una tercera vez, y disimuladamente, volvió a ponerse delante.
Eso ya no era casualidad. A la cuarta intentona lo golpeé suavemente con el hombro en la espalda. Era mi forma de  decirle que lo tenía calado. Él dio un pasito acelerado forzado por el empujón, y su compinche pareció darse cuenta de la situación, porque un segundo después tomé conciencia de una  de las varias opciones situacionales que había barajado: unos dedos intentaron entrar en el bolsillo de mi pantalón. Me giré bruscameste y acerté a golpear esos dedos con los míos. El teléfono móvil cayó al suelo, y en el lapso temporal que me llevó recogerlo los carteristas se habían fundido entre el gentío.
Grité un " ¡ Hijos de perra!" al viento para que lo recogiera quien lo mereciera, y entré en el supermercado mirando al armario empotrado encargado de realizarme la pantalla.

Él siguió adelante disimulando, una chica se reía mirándome, y mi insulto se perdió en el limbo porque los carteristas de Pretoria, obviamente, no hablan castellano.

lunes, 19 de febrero de 2018

Aventuras afticanas, chapter 1

Sentìamos que había llegado el momento de irnos de Sudamérica. El cuerpo nos pedía un cambio, y habíamos elegido seguir nuestro viaje por Sudáfrica y Namibia.

Cuando comenzamos a mirar vuelos, vimos que uno hacía escala larga en Madrid. Era una buena oportunidad para reunirnos durante casi un día con nuestras familias, así que aunque el viaje hasta Johannesbrugo fuera mucho más largo en cuanto a horas se refería, decidimos abrazar a nuestras familias.

El viaje comprendía dos escalas, ambas de 18 horas: una en Sao Paulo y la otra en Madrid.

Llegamos al aeropuerto de Río de Janeiro con tiempo de sobra...Tras 5 meses y medio en Sudamérica habíamos aprendido que los imprevistos están a la orden del día.
Procedimos a buscar el stand de la compañía aerea y esperamos a la hora del check in. Nos pusimos a la cola y un trabajador nos indicó que debíamos imprimir primero las etiquetas del equipaje en una máquina. Le pedimos que nos indicara cómo, pero el hombre se abrumó y nos abrió la cinta. De repente, nos encontrábamos en la cola de "viajeros preferentes". Ni era nuestra cola ni teníamos las etiquetas necesarias para efectuar el chek in. El campeón, simple y llanamente, se había quitado el marrón de encima. Era evidente que no iban a permitirnos hacer el check in de esa manera.

En consecuencia, pasamos por debajo de las cintas que  nos separaban de la fila que sí nos correspondía, y entre "disculpas", " obrigados", cintas que superábamos agachados y cintas que directamente cambiábamos de lugar fuimos abriéndonos paso entre la gente hasta llegar  a las máquinas.

Tras estudiar el mecanismo comenzamos el proceso. Al de un rato, todas las máquinas dejaron de funcionar. Ahora había cola para hacer el check in, y para hacer el chek in del check in. El deschekinador que lo descheckine buen desencheckinador será.

Todo bien.

Tras un reseteo general pudimos al fin sacar las dichosas etiquetas.

Otra vez a la cola.

En el stand de la compañía aerea entregamos las maletas. " Hasta Madrid" nos dijo el chico. " Hasta Johannesburgo" replicamos. " Las maletas solo van a llegar a Madrid, porque allí esperáis 18 horas y necesitaréis ropa". " Ya empezamos..." pensamos. " En Sao Paulo también esperamos 18 horas y en cambio no nos hacéis recoger las mochilas¿ Cuál es la lógica?"

El muchacho sonrió por incomodidad.

Nosotros por resignación.

Mientras veíamos nuestras mochilas desaparecer tras la cortinilla de la cinta transportadora comentamos que ojalá esta incoherente manera de gestionar el envío no nos causara problemas.

"Bah, seguro que no, no seamos agoreros".

Las 18 horas en el aeropuerto de Sao Paulo se pasaron más rápido de lo esperado.
Buscamos unos bancos relativamente discretos para tumbarnos, y tras discutir con una señora que reclamaba para sí la propiedad de las banquetas, que decía no nos conocía y que no podíamos dormir ahí, que vendría su amiga, que "señora su amiga no existe y me voy a tumbar aquí, no me taladre la cabeza más", nos echamos a dormir entre los murmullos de desaprobación de la registradora de la propiedad de banquetas del aeropuerto.

 Lectura, charla, paseo, comer...
 Unas cuantas horas antes nos acercamos a la terminal de salida. A la hora del embarque controlábamos tranquilos la cola para subir a nuestro avión. De repente sonaron nuestros nombres por la megafonía.

Teníamos que realizar no sé qué gestión absurda antes de aceder al avión, porque era una conexión. Datos por aquí, datos por allá, hastío por acullá.

"Por cierto-  nos dice la azafata- una de las mochilas no ha aparecido".

Agoreros o profetas.

Prácticamente todos los pasajeros estaban ya en el avión.

" Pero suban, que para cuando lleguen a Madrid ya la tendrán seguramente".

No te lo crees ni tú.

Le pedimos que nos explicara el proceso mediante el cual sabríamos dónde estaba nuestra mochila y cuándo llegaría exactamente dónde. Tenía absolutamente todas mis pertenencias en esa mochila. En ese momento, todo lo que tenía se circunscribía a la ropa que llevaba puesta y lo poco que había en mi mochila de mano.

La campeona, compañera del anterior campeón, no tenía ni idea de lo qe teníamos que hacer, por lo que llamó a otra azafata.

 Ahora solo quedábamos por subir al avión nosotros dos y un pasajero que llegaba tarde.

" Entren que todo se va  a solucionar" nos dice la segunda.

De nuevo, no te lo crees ni tú.

Ante nuestra negativa, dice que ellla va a abrir un expediente para que se localice la maleta y que cuando llegáramos a Madrid podríamos preguntar en la oficina cuál era el punto exacto donde se encontraba.

Cuando aterrizamos en Madrid el trabajador de la oficina abrió los ojos como platos. Su compañera de Sao Paulo no había abierto expediente alguno, por lo que nadie sabía dónde estaba mi mochila.

Pasamos unas horas magníficas con la familia, y embarcamos hacia Sudáfrica.

Al llegar a Johannesburgo, aun sin mi mochila, fuimos a recoger el coche que habíamos alquilado. Queríamos llegar cuanto antes a casa de nuestro anfitrión en Couchsurfing.

Pero no. Esto no funciona así.

Los trámites para conseguir los permisos para circular por Namibia y Botswana iban a ser cosa de 4 días según lo hablado por ellos vía telefónica. Ya decía Einstein que el tiempo es relativo, porque una vez en su oficina de alquiler se habían convertido en un mínimo de dos semanas.

De nuevo, no os lo creeis ni vosotros.

Cancelación y a la búsqueda de otro coche en otra compañía. El viaje se estaba haciendo muy largo.

Tras varios dimes y diretes, datos y comprobaciones, decidimos que cogeríamos el coche con otra empresa, dos días después, pero con los permisos en mano.

Horas después llegábamos a casa de Peter, un veterano de la guerra de Irak con historias que contar, y  que nos brindó su hospitalidad y el descanso que necesitábamos.

Por cierto,  la maleta apareció dos días después.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Namibia no me está gustando

Namibia no me está gustando tanto como creía.

Me había creado unas expectativas de aventura y excitación, y en cambio, el sentimiento que más estoy experimentando es el de aburrimiento.

Quizá tenga que ver haber errado en el tipo de coche elegido.

Había leído que es posible hacerlo en coche normal aunque las carreteras sean malas, y habíamos preguntado a conocidos sudafricanos que nos habían dicho que sí, que era posible pero que habría que conducir muy despacio en algunos tramos.

Efectivamente, muy despacio y durante largo tiempo.

Al final, la impresión que pueda crearte el impacto de un paisaje que nunca hayas visto se diluye tras dos horas viendo el mismo paisaje, metro a metro a 20 por hora hasta el hastío.

A la sensación de estar solo en el mundo, potente al principio, te acostumbras al de una hora y se torna algo normal, nada excitante.

Además, poco hay que hacer más allá del mero road trip, pues los lugares a los que llegas no suelen tener un interés especial, al menos en el sur.

Ahora, en Swakopmund, me queda un sentimiento de decepción y de haberme equivocado en el destino. Y de que no quiero seguir por el mero hecho de haberlo planeado.

Creo que este es nuestro año y debemos buscar la felicidad, el " estar por estar", el " seguir porque ya estamos aquí"  no merece la pena.

Los momemtos que perdamos ahora por empecinarnos en hallar lo que no vamos a encontrar no vale la pena; Nadie puede devolvernos el tiempo.

Duele la sensación de haber tirado tiempo y dinero, y duele el no ver cubiertas las expectativas, convivir con la decepción.
Ahora tocará planear el siguiente paso en nuestro viaje, algo que teníamos pensado hacer dentro de mes y medio. No sabemos dónde lo planearemos, qué lugar usaremos como base para quedarnos unos días y buscar información, pensar y decidir.
Pero encontraremos una solución. Siempre lo hemos hecho.

No todo ha sido negativo en Namibia.

Rescato uno de los lugares, paradójicamente, más bonitos de los cinco meses y medio del viaje: Sossusvlei.

Me quedo también con las sensaciones de caminar por el desierto con los antílopes y las avestruces cerca, y con el silencio y las estrellas de las noches africanas en pleno Namib.

Guardo también la parte positiva de tanto tiempo dentro del coche, que son las largas charlas de pareja que en Sudamérica, entre tanto preparativo diario, habían perdido su frecuencia y profundidad.

Y creo que, lo más importante de todo es que hemos superado sin siquiera atisbo de malestar o tensión entre ambos las pruebad que África nos ha puesto delante: desde las aparentemente interminables horas en el coche, hasta pedir ayuda porque la gasolina nos dejaba tirados, o no encontrar alojamiento porque el ejército lo tenía todo ocupado, o....

En definitiva, creo que simplemente no era el momento para hacer este viaje y que necesitamos algo más activo.

Y que no he sabido interpretarlo hasta vivir el choque entre realidad y expectativas.
Toca asimilar, levantarse y tirar.

Ahí vamos.

viernes, 2 de febrero de 2018

Itinerario África del sur

SUDÁFRICA

2018-1-30
Johannesburgo

2018-2-2
Kimberley

2018-2-3
Upington


NAMIBIA

2018-2-4
Hobas + Fish River Canyon

2018-2-5/6
Luderitz + penìnsula

2018-2-7/8
Sesriem+Sussusvley

2018-2-9/11
Swakopmund

2018-2-12
Windhoek

2018-2-14
Keetmanshoop + Quiver Tree forest


SUDÀFRICA

2018-2-15
Kimberley

2018-2-16
Pretoria