viernes, 25 de mayo de 2018

Gili Air

Dicen que es lo intermedio entre Gili Trawangan y Gili Meno. Y están en lo cierto.

Tiene un poco de todo, pero todo poco cuidado y con bastante basura y escombros de obra por todos lados.

Ademas, no hay tanto detalle ni actividad de ocio como puede haber en Trawangan ni tampoco tiene la tranquilidad que ofrece Meno.

Es un ni fu ni fa, un quiero pero no puedo. 

Eso sí, al igual que en las otras 2 islas, mezquitas en la superficie y tortugas bajo el mar se pueden encontrar ;)


lunes, 21 de mayo de 2018

Gili Meno

Al igual que en todas las Gili, el mar está lleno de coral muerto e incluso de algas en ciertas zonas, lo cual queda también en la arena.

Aparte de esto, la mayoría de sus playas no son muy cómodas, ya que en las que son algo más largas apenas hay sombra y solo pagando por una silla, colchoneta o hamaca con sombrilla es posible apropiarse un ratito de ella, y quien no quiera hacerlo, no tiene más remedio que buscar algún mini espacio bajo algún árbol y hacerse hueco como pueda entre todo lo que ahí haya, ramitas, hojas, hormigas...

Pero a pesar de todo, Gili Meno es un minúsculo trozo de tierra vestido de verde por dentro y rodeado de agua cristalina por fuera en la que lo que cuenta es la calma que se respira en ella.

Gili Meno es sobre todo, un buen sitio de retiro si lo que se busca es soledad, tranquilidad, silencio y paz. 




Además, es buen sitio para hacer snorkel y  bucear, pues además de peces y tortugas, hay también unas cuantas estatuas en el fondo del mar.





domingo, 20 de mayo de 2018

Gili Trawangan. Que no te engañen...

Será durante los meses de verano, porque ahora desde luego, a mitad de mayo, a pesar de lo que se lee en los blogs e incluso de lo que dicen sus vecinos balineses, esta isla es de lo más tranquila. O eso o es que están en pleno Ramadan y la isla se transforma, pero la realidad es que ni desfase, ni fiesta loca.
Ná de ná.


La verdas es que es una isla con bastante vidilla, tanto local como turista, y se ve movimiento, pero todo fluye muy muy relajadamente y con una energia muy agradable. Por las calles sin asfaltar pasan bicis, algunas motos eléctricas e incluso caballos con carros, pero todo está muy tranquilo.

 

Hay un montón de alojamientos de todo tipo y precio, bastantes tienditas de alimentación e incluso de ropa y accesorios, y también restaurantes, bares y alguna discoteca, pero durane el día todo se mantiene en silencio. Solo algunos chiringuitos de playa se atreven a poner en un volumen muy suave un poco de Bob Marley o alguna otra canción de algo no tan apetecible ;)

Así que nada, desayuno el en alojamiento, playa (no tiene pérdida, una vez que se acerque uno al mar, solo hay que seguir caminando junto a él a lo largo de 365° y elegir el trozo de arena y color de agua que más guste),

 
  

 y vuelta por la isla hasta llegar al extremo oeste para ver el atardecer.




Y entre tanto, unos cuantos chiringuitos con hamacas, mesas y sillas colocadas de forma atractiva en los que poder parar y relajarse un rato.


En el mar es posible alquilar una tabla para hacer paddle surf, un kayak con suelo transparente o cogerse unas gafas, un tubo y por si acaso algo para proteger los pies del coral y erizos de mar e ir a hacer snorkel. La verdad, aunque la visibilidad sea estupenda, los peces que hay son pocos (por lo menos no muy adentro), pero el hecho de que de vez en cuando aparezca alguna tortuga a saludar le da su punto.

Y a la noche, posibilidad de cenar en el night market que montan diariamente al lado del puerto, en cualquiera de los warungs o en algún restaurante, y de postre, si es época de Ramadám concierto musulmán diario gratuito de mínimo 6 horas estés donde estés y a todo volumen. Lujo, ¿no? (¡insoportable! vaya falta de respeto...) Aunque si a alguien no le va el royo podrá acercarse a alguno de los pubs que tenga algo de música o algún conciertillo (casi cualquier cosa será mejor....) o si no, siempre existe la posibilidad de retirarse, ir al alojamiento y resguardaese bajo el ruido del ventilador ;) Eso sí, en esta época a las 00:00 todos a sobar.










miércoles, 16 de mayo de 2018

Un paseo por Bali

La isla de Bali no es ese paisaje sembrado de playas paradisíacas que la publicidad nos ha vendido durante años. No hay sucesiones de cocoteros acariciando la refulgente arena blanca, ni vista panorámica de bahías que vuelva a la mente años después para aplacar un sueño agitado.

Pero Bali no necesita eso porque Bali tiene casi de todo.

Surf  en distintos puntos de la isla, sobre todo en el sur. Submarinismo o snorkel en fondos repletos de peces de mil colores en el norte. Playas de arena blanca, pero también negra. Playas tranquilas y con olas. Playas grandes y pequeñas, con barcos y sin ellos, abarrotadas de gente y prácticamente vacías.


Tiene montañas, volcanes y lagos que admirar o arrozales de un verde intenso contrastando con el cielo azul.

La paciencia y la cautela deberían acompañar al casco si se alquila una moto, pero es posible perderse  por caminos mal asfaltados observando el día a día de la vida rural, tan cerca y a la vez tan lejos del ruido y trasiego del turismo de masas. Quizá incluso te cruces entre huertas con algún lagarto de gran tamaño.

Dejando la sucesión de playas de la península de Bhukit y Kuta al sur, subiendo al ritmo que la vida dicte, aparecerá Ubud más o menos en el centro de la isla. Es el primer y casi único núcleo urbano organizado de forma reconocible para el occidental. Los demás son hileras de viviendas tradicionales y warungs ( restaurantes locales) a ambos lados de la carretera.

En Ubud cambia el estilo de vida. Pasas del surf a la danza tradicional, del mar a los curiosos templos y el no menos chocante palacio real, del paseo marítimo al aprendizaje de técnicas de pintura clásicas como el " batik",


de la pelea con los timadores del cambio de divisa de Legián al yoga, o como en nuestro caso, a una clase introductoria de un arte marcial.

Ubud es uno de esos pocos lugares donde pese a los muchos turistas que recibe no te importa alargar tu estancia.

La moto te permite descubrir el interior de la isla, circular por un vergel salpicado de distintos tonos de verde, cocoteros, jungla, monos, flores...Los arrozales de Tegalaland, bien cerquita y preparados para el turista, o si lo deseas, alejarte unos 40 kilómetros hasta los más grandes y reales de Jattilowih.


Tras Ubud, cuanto más al norte, menos turismo.

La carretera costera que enlaza Padangbai con Permuterán deleita con árboles a cada lado, escenas de vida campesina, playas agradables en Candidasa ( donde vimos además a lugareños en pleno ejercicio de meditación), un snorkel precioso en Amed aderezado  por la vista del volcán intentando esconder la testa tras el biombo de la bruma.


Permuterán no es bonito, tampoco su playa, pero es un lugar donde se respira tranquilidad, donde la forma de vida se mece al ritmo de la  brisa y las corrientes marinas. Allí podrás hacer submarinismo con un profesor de habla hispana, o como en nuestro caso, en euskera. Sí, scuba dive en euskera, en Bali.

Bali son también los desayunos en la habitación de tu homestay,


la amabilidad de la mayoría de la gente, estatuas que no sabrás dilucidar si te gustan o no,

ofrendas de todo tipo a no sé cuántos dioses distintos,


granos de arroz en la frente y la garganta de la gente a modo de avalorio... Bali es disfrutar de los detalles.




Y Bali es, por supuesto,  un epílogo de colores intensos narrado por sus himnóticas puestas de sol.





martes, 15 de mayo de 2018

Bali sin gente


Resulta que sí, que existe una Bali con poco turismo, sin apenas gente.

Cogimos la moto, y tras acercarnos a una de las mayores atracciones turísticas de la isla ( Tanah Lot ), nos pareció que el precio de la entrada era abusivo. No queriamos acceder al templo, solo visitar la playa y ver el paisaje, pero nos cobraban lo mismo porque la playa " queda dentro del recinto". Decidimos no entrar y emprender una ruta alternativa.

Y así, preguntando, terminamos metiéndonos por caminos con el asfalto destrozado, avanzando despacito entre huertas verdes sin  y llegando a Kedungu beach por una entrada alternativa a la general.

El mejor indicativo de la poca gente con la que nos topamos es que se nos cruzó por delante un lagarto de tamaño considerable.

Ante nosotros se abrió un arenal negro bañado por un mar encrespado que amenazaba pero no embestía.



No había nadie en ese tramo de playa. Paseando en dirección a la entrada principal nos topamos con gente, no  más de 20 personas en una playa de una longitid considerable.

Tras Kedungu, una parada rápida en Pererenan beach. Poca gente pero mucho viento. No era un contexto apetecible, pero el trayecto hasta allí mereció la pena: huertas y arrozales verdes, y al paso por los pueblos, los bordes de las carreteras decoradas con motivos manufacturados con hojas o ramas entrelazadas, que supusimos ( aunque no confirmamos) tenían significdo ritual. Y es que estas formas estaban más elaboradas justo en las entradas de los templos.


La última parada del día fue la playa Batu Balong. Si bien había bastante gente en el arenal inmediatamente posterior a la entrada, bastaba con alejarse un poco para no sentir sensación de multitud.

El ambiente ahí es de lo más curioso: gente haciendo surf, tomando el sol, leyendo, haciendo artes marciales, realizando ejercicios gimnásticos, llevando a cabo series de deporte de mantenimiento junto a su entrenador personal, cometas volando, perros corriendo enloquecidos...Todo mezclado, no agitado.

Finalmente, tras un par de baños y un tiempo dedicado a la observación, emprendimos el camino de vuelta al hostal antes de que se pusiera el sol. El tráfico en la entrada de Legian es criminal, por lo que preferiamos llegar con luz natural.

El día había cundido.

A la mañana siguiente salimos rumbo a Sanur con expectativas de encontrarnos hordas de gente. Afortunadamente, nada más lejos de la realidad: la playa es kilométrica, por lo que tras caminar un ratito por el paseo marítimo encontramos un lugar donde estar prácticamente solos. La escena de los pescadores pescando metidos en el agua hasta la cintura, entre barcos anclados, nos tuvo un rato encandilados. Las olas rompían muy lejos de la orilla, y se creaba una gran piscina natural, por lo que dedujimos que allá donde las olas perecían debía haber una barrera de coral. Eso y tantos pescadores tenían que ser sinónimos de una rica fauna subacuática: Zuri incluso vio un bicho parecido a una serpiente...



Dedicamos el día a leer, hacer snorkel, dormitar y haraganear.

Fue un plan perfecto.

viernes, 11 de mayo de 2018

Timo con el cambio de divisa en Legian, Bali. Parte dos

La misma situación que en el post anterior, con pequeñas variaciones, se da hasta 4 veces en 4 locales distintos.

En el segundo la cantidad que nos muestra en la calculadora no coincide  con el tipo de cambio que anuncia en el cartel. De hecho, es incluso más baja que en el cambio oficial.

En el tercero, cuando le decimos que falta dinero y nos responde que él lo cuenta delante de nosotros, le decimos que no, que somos nosotros los que lo vamos a contar delante de él. El pollo se queda inmóvil, ausente, sin reaccionar. Entran dos chicas y les aconsejamos no cambiar ahí, que vayan a la agencia oficial porque es la tercera vez que intentan timarnos. El gallo recupera el plumaje y nos saca de debajo de la mesa la cantidad de dinero que pretendía quedarse. Aunque aceptándolo saldriamos ganando, reaccionamos cediendo al impulso y se lo tiramos todo delante con cara de asco.

Al último entramos por provocar, y cuando empieza el espectáculo nos nota que estamos muy a la defensiva, se da cuenta de que algo va mal y se pone nerviosísimo. Con enorme tensión ni siquiera intenta seguir. Cambia la cantidad en la calculadora y aparece una cifra inferior a la del cambio oficial. Balbucea no sé qué de la comisión. Nos vamos sin ni siquiera responderle.

Que os jodan.

Timo con el cambio de divisa en Legian, Bali. Parte I

Qué asco de gente. Gentuza. Y por llamarles de alguna manera, porque vamos...

Legian, Bali. Busco una casa de cambio y me doy cuenta de que hay un montón por la calle. Son todas pequeñas, chiringuitos privados, para nada oficiales. Pero bueno, es un sitio turístico, manejan dinero como churros y hay demanda de cambio. Me llama la atención que tienen el cambio más alto de lo que corresponde, pero oye, yo que sé, con tanta competencia algo tienen que ofertar para conseguir que el cliente les elija.

Me acerco. Es un segundo piso, un tío tirado en el suelo jugando con el móvil. Se incorpora cuando le pregunto si cambia dinero. Se coloca detrás de su mostrador. Le digo que cuánto me da por x cantidad de euros. Saca la calculadora y la cifra que me muestra es muy buena, mejor de lo que oficialmente deberían darme. Acepto. Acepta. Me dice que le muestre el dinero. Lo hago. Entonces saca su fajo. Va contando los billetes haciendo pequeños montocitos con ellos al tiempo que me invita a que los vaya comprobando. Lo hago. Acaba y yo también. Me pregunta si tengo no sé cuántas rupias para que así pueda redondearlo y compensarlo con lo que yo le de. Busco. No tengo. Me insiste en que mire mejor. Le hago caso y miro en otra cartera. Aquí sí. Se lo doy. Me dice entonces que ok, que recoja las rupias de encima del mostrador, que son mías. Cojo los billetes, me doy cuenta de que hay uno encima de mis euros. Le pregunto si ese es también mío, me dice que sí sonriente. Lo cojo. Tengo una mala sensación: Su insistencia en que  mirara en la cartera el cambio, el que los billetes no estuvieran colocados al final como los ha ido dejando a medida que los contaba...no sé. Y que además he tenido la percepción de que al final del trámite recogía menos billetes de los que he contado previamente.

Suelo ser confiada de por si, pero no me he quedado tranquila y de espaldas a él he vuelto a contar lo que he cogido. No me ha cuadrado. Me faltaba un tercio de lo que se supone que me ha dado. ¡qué neura! vuelvo a contar. Lo mismo.  Me vuelvo a girar y se lo digo. Le digo que por favor cuente los billetes que no sé si está bien o no. Lo hace sonriente. Pasa los billetes delante de mi y cuenta, cuenta despacito, como hace un profesor de infantil con sus alumnos que están aprendiendo los números. Le da bien, lo que habíamos acordado. "joder, que raro, y que vergüenza. ¿cómo es posible que yo haya contado tan mal?" Totalmente descolocada le digo que lo siento y que gracias. Lo cojo, lo guardo y me voy.

Pero no estoy tranquila. ¿Qué ha pasado? Se lo cuento a Ibai. ¿Cómo es posible que me haya equivocado por tanto? no puede ser. Tengo una extraña sensación que no se me va y decido volverlo a contar por cuarta vez. "Me vuelve a dar lo mismo que he contado por mi cuenta la primera. Ahora ya si que estoy descolocada. Y mosqueada. Al principio he pensado que me había timado, luego he pensado que qué desconfiada he sido por pensar mal de él, y ahora... ahora sé que me ha engañado. Doblemente además. Primero quitándome sin yo darme cuenta lo que me ha mostrado, y segundo, contando delante de mí como si de un mago se tratara.

Le digo a Ibai que lo cuente, pero ya solo por no sé, para tener tiempo a asimilar y pensar algo mientras lo hace. Cuenta lo mismo que yo. "Será tramposo hijo de su ... qué asco! se ha quedado con un tercio de mi dinero!, le digo a Ibai que me acompañe donde él. Me dice que para qué, que ya no hay nada que hacer. Le digo que sí, que vayamos. Así no se va a quedar la cosa. Ui... no sabe bien con quién acaba de jugar... Aunque sea verle la cara y hablarle claro.

Subimos y el tío flipa. Me mira y seguido le mira a Ibai. Ya no voy sola. Eso creo que le impone. Le pillamos lavándose la cara. "normal, el engaño es un deporte de riesgo que hace sudar..." Le digo en un tono serio y firme y con una cara de perro de buldog que hemos vuelto a contar los billetes y que falta dinero. El tío me mira intermitentemente. Me acerco a él con los billetes en la mano y le digo que los vuelva a contar delante de mi. Ahora le voy a pillar el truco. Se niega. Se lo vuelvo a repetir mirándole fijamente. Está nervioso, tenso, y se resguarda y medio esconde detrás de su mierda de chiringuito, y de la misma, mientras sigue negado con la cabeza, alarga la mano devolviéndome los euros que le he dado antes. Le digo que no, que cuente las rupias. Mira hacia abajo y mueve la cabeza hacia los lados sin pronunciar palabra. Le pregunto que a ver por qué no, que a ver si me ha intentado engañar antes. No responde. Se lo vuelvo a preguntar y le digo que es un miserable, que qué asco de persona. Ibai también le pregunta si nos ha intentaba robar. El tío ni mu. Mudo. Detrás de su mostrador con la mirada fija al suelo. Cojo mis euros y nos vamos. Buf... qué rabia. Con la buena impresión que teníamos de la gente de Bali... qué pena.

Y es que la historia no acaba ahí...

viernes, 4 de mayo de 2018

El triángulo del oro

Llamado así por ser la confluencia entre tres países ( Tailandia, Laos, Myanmar) y porque en la época de mayor tráfico de opio los  chinos pagaban los cargamentos con oro, está a pocos kilómetros de Chiang Rai.

Allí podrás divisar los dos países limítrofes con Tailandia desde distintos miradores, admirar la inmensidad del Mekong, visitar un templo, entrar en el museo del opio, y un par de kms más adelante, previo pago del equivalente a 12 euros, visitar el inmenso salón del opio.


jueves, 3 de mayo de 2018

Pena y asco en Bangkok

Bienvenidos al show de las vidas rotas.

Nunca sabremos su nombre, pero todas las tardes, cuando se va el sol, aparece en la calle Khaosan Road de Bangkok para actuar delante de los turistas.

Con el micrófono y el teléfono móvil conectados a un pequeño amplificador desentona canciones asiáticas ante la mirada sorprendida,  a veces tierna, otras divertida, de su público itinerante.

Detras de él sus managers.

Delante de él un sombrero.

Las cuerdas vocales del artista revientan notas musicales y rajan cual navaja oxidada los tímpanos de los oyentes. Sin embargo, los billetes llenan siempre el hueco del gorro.

Los organizadores del espectáculo callejero se embolsan a diario una buena suma de dinero de la que, más que probablemente, el cantante jamás verá un céntimo.

¿ Por qué entonces, si la calidad es tan mala, tiene tanto éxito?

Simple y llanamente, por la falta de conciencia y perspectiva de muchos turistas.

Y es que, joder, el protagonista de esta crónica tiene apenas 5 añitos.

El crío es obligado, bajo la atenta mirada de sus padres que eso sí,  se desviven en carantoñas hacia el retoño, a exponerse día sí y día también ante miles de adultos que no conoce, que se ríen, que lo señalan, que lo graban, o que simplemente lo observan.

Un niño aun sin conciencia de lo que hace, que obedece a los que se supone velan por él, pero que en algún momento se dará cuenta de que aquellos a los que tanto ama lo han rebajado a poco más que un mono de feria.

¿ Qué pasará entonces en esa psique?        ¿Cómo repercutirá en el comportamiento del futuro adulto?


Mientras, y hasta que la bomba estalle, la rueda seguirá girando. Los padres de la criatura seguirán robándole abyectamente la niñez, los extranjeros estúpidos continuarán llenando sin conciencia el sombrero de dinero y el futuro de desdicha, y el infante, inocente de todos los cargos ahora, acabará probablemente cargando sobre sí  culpabilidades que difícilmente sabrá gestionar.

Pasen y vean.

Es el show de las vidas rotas.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Corrupción en la frontera Vietnam-Camboya

La historia empezó un par de días antes, en Ho Chi Min ( Saigón), cuando comenzamos a preguntar en las agencias cómo podiamos llegar Phonm Phenn, capital de Camboya.

En la mayoría de ellas nos pedían un extra de 35 dólares por tramitar la visa, y se les quedaba cara de ameba deslumbrada  cuando les pediamos explicaciones. "Nuestra visa son 30", les deciamos. Muchos no respondían, otros se enfadaban cuando les insistiamos, y cuando empezamos a olernos que sería un soborno para la policía de fronteras, y se lo preguntábamos, nos decían que siempre se ha hecho así y que todos lo hacen así, y que no saben cuánto vale en realidad nuestra visa.

Seguimos buscando y encontramos dos agencias que no nos exigían ese dinero, pero nos pareció muy extraño que nos dijeran que lleváramos 25 dólares en el bolsillo.

¿ Por qué 25 si nuestras visas valen 30? Esto nos creaba aun más dudas...

Decidimos comprar el billlete más habitual y ver qué pasaba.

Nada más arrancar el guía del bus nos pidió a todos los pasaportes y 35 dólares. Nosotros le dimos 30, y se negó a hacernos los trámites. Tras varios minutos discutiendo, en un tono suave, acordamos que se lo dábamos todo pero que iríamos con él. Todo en orden...O no, porque el perro desapareció en cuanto el bus paró en la frontera. Tras un rato buscándolo entre el gentío lo localizamos y fuimos a meterle presión.

"Ahora os doy los pasaportes, esperadme aquí"-nos dijo. No le hicimos caso, y lo sometimos un férreo marcaje.

Se iba poniendo cada vez más nervioso.

Cuando quiso darnos los pasaportes desde la distancia le dijimos que se acercara para dárnoslos en mano.

"¿ Dónde están nuestros 10 dólares?" - le dijimos mientras no le dejábamos alejarse.
Se le borró del tirón la sonrisa de hiena.

-Esto no es lo que habiamos acordado en el bus. Íbamos a hacer el trámite contigo. Danos  nuestro dinero.

-Los 5 dólares por persona son por los sellos.

-¿Qué?-nos entró la risa-. Deja de mentir ya. Habla con nuestra embajada en Vietnam para cerciorarte de que son 30 dólares.

Nos cedió el teléfono y le dijimos que llamara él, porque el que estaba mintiendo conscientemente era él. Que hablara él para que no hubiera dudas. Compungido y sobrepasado, marcó un número.

No llamó a la embajada. Menos de dos minutos después apareció un asiático con gesto de bulldog, y acompañando las palabras de un lenguaje corporal que denotaba cierta agresividad contenida, le preguntó algo al guía, quien le respondió señalándonos.

Toda la atención del que suponemos era un policía secreta de fronteras recayó entonces sobre nosotros.

- Tenéis que pagar 35 dólares cada uno- nos dijo serio y con pose de personaje malo de película de Tarantino.

-No- le respondimos mirándole a los ojos-. Son 30 y tú lo sabes

-Esos 5 dólares son la tasa por tramitarlo sin hacer cola.

-Eso es corrupción.

-Sí-nos respondió sin bajar la mirada.

Nosotros tampoco la bajaríamos:

-Así que eres un corrupto.

-Efectivamente.

-Y por lo que veo todos los que trabajáis aquí.

-Efectivamente.

Quiso convencernos...A su manera.

-Mirad. Yo si queréis os devuelvo el dinero, pero entonces tenéis que poneos los últimos en esa cola- me agarró del brazo y me apartó a una esquina. Zuri vino con nosotros-. Son dos o tres horas.

Nosotros sonreimos.

-Ya...-dijimos-. Y casualmente el bus no nos espera ¿ Verdad? Con las mochilas y todo dentro.

-Así es.

-¿Qué alternativas tenemos?

-Hacer la cola y coger un taxi hasta Phonm Phenn.

-Claro. Casi 300 km. Nos saldrá un poco caro ¿ No crees?

-Obviamente. Pero no hay más.

A esa altura de la partida teniamos clarísimo que habiamos perdido, pero no nos ahogaríamos sin coletear.

-Sí hay alternativa. Nos has admitido que eres un corrupto. Sé doblemente corrupto y devuélvenos el dinero. Tenéis un montón de turistas que están pagando sin quejarse. Ya habéis hecho mucho dinero. No vais a notar 10 dólares menos.

Su rictus no cambió.

-Eso no puede ser.

-Sí puede ser.

-No.

- ¿ Por qué?

-Porque yo no soy agente.

Le regalamos una sonrisa socarrona y dimos la conversación por terminada. Estábamos tensando la cuerda y no nos convenía que se rompiera donde la ley no existe y las garantías son una quimera.