sábado, 30 de septiembre de 2017

La laguna de Quilotoa, relax a 3885 metros.

"Tú no tienes maaadreee, gracias a dios, tú no tienes maaadree".

El autobús le gana despacio metros a la montaña,  y con cada curva superada estamos un poquito más cerca del cielo. Con cada nota musical, de la demencia.

" Eres huerfanitoooo, tu no tienes maaadreee. Desde Ecuador para el mundo!"

La ventanilla del bus se convierte en una pantalla improvisada mediante la que ver un documental antropológico. El trasiego de la terminal de Latacunga ha dado paso a un paisaje montañoso de tierra yerma, cuadrículas amarillentas en las que campesinos abnegados tratan de ganarse el respeto de Pachamama. Aran, siembran y resiembran con la cara bien cerca del suelo.

Vistos desde lejos parece que rezan.

La madre tierra, desagradecida, les ha dado un pedregal por respuesta. Quizá una prueba de fé, acaso un  cruel gesto de coquetería, puede que simple narcisismo.
Varias niñas indígenas de grandes mofletes rosados descienden del bus en medio de la nada y caminan sonrientes hacia quién sabe dónde.


A medida que el bus avanza, sus figuras van diluyéndose en la lontananza amarilla de este páramo tan grande como estéril.

Cerca de la cima un pequeño valle desentona y se muestra verde. Es un espejismo fértil en mitad del secarral. Debe haber una fuente de agua en los alrededores, un oasis rebelde, misericorde.
Algo más arriba, en un punto entre los 2000 y 3000 metros, una ciudad.

Nos cuesta entender qué motiva a esta gente menuda y dura a vivir aquí.

Escenas de vida local campesina se suceden al otro lado de la pantalla: una señora camina encorvada para sobrellevar el peso de la vida. En su espalda,  un saco casi igual de grande que ella.


Otras transportan paja o madera, un señor saca gallinas de la bodega del bus, niños juegan entre azadas tumbadas...



Poco después llegamos al mirador de la laguna de Quilotoa, a 3885 metros sobre el nivel del mar. 300 más abajo el agua ha llenado el cráter de un volcán extinguido creando un paisaje espectacular. Las tonalidades del agua cambian en función de la intensidad de la mirada del sol, y las paredes escarpadas del circo le dan al lugar un aspecto salvaje.



Bajamos por el sendero habilitado cruzándonos con oriundos que se ganan el sustento subiendo a lomos de mulas y caballos a turistas cansados. Abajo, cerca ya del agua, nos sentamos en una banco sito en un pequeño promontorio.

El silencio nos abraza, y la brisa que acaricia la superficie del agua mece también nuestro ánimo.

Estamos relajados.

Comemos, descansamos, fotografiamos, sonreímos.

Los riscos de nuestra izquierda entreabren la puerta y la niebla comienza a proteger dulcemente el lugar. Sin prisa, va extendiendo  su manto. Despacio. Como si quisiera que la laguna tomara plena consciencia de su presencia.

" Tranquila, ya vengo. No te pasará nada".

Es hora de regresar.

Habíamos planeado esta excursión como paso previo a decidir si contratamos un guía que nos ayude en Cotopaxi. Queríamos comprobar cómo reaccionaría nuestro cuerpo ante la altura y la falta de oxígeno. Durante la hora aproximada de subida al mirador nos hemos sentido bien.

Paso corto y respiración larga.

Próximo objetivo: el volcán Cotopaxi.

Quilotoa

El viaje desde Quito teniendo que coger al menos 3 buses se hace largo, pero el paisaje que se atraviesa desde Latacunga hasta Quilotoa es infinitamente bonito. Una sensación de paz y tranquilidad se siente a la vez que uno piensa que más arriba no se puede ir a parar, y por lo tanto también es posible que entre un poco de ansiedad...

Inmensas explanadas en las laderas de las montañas, alguna que otra solitaria cabaña y personas anónimas que suben y bajan del autobús en el medio de la nada. ¿Aquí?¿En serio? son indígenas que llaman la atención: su vestimenta típica, las mejillas coloradas que parece que las tienen con el sol quemadas, la sonrisa en la cara y ese brinco que dan cuando del autobús bajan para caminar derechos hacia algún lugar que no se puede imaginar...

 

Lo que daría por charlar un rato con alguno de ellos para conocer algo de sus vidas e intentar entender por qué y cómo es que se quedan a vivir en este remoto lugar  en vez de a la civilización bajar. Realmente ser capaz de vivir aquí es de admirar.

Mientras uno se queda ensimismado en sus pensamientos, llegamos a Quilotoa, una minúscula aldea a 3800m. de altura en pleno desarrollo tuŕistico. Diversos hostales, restaurantes y tienditas de artesanía llenan el espacio, y una vez atravesado, se llega a un panel que informa sobre posibles rutas y sobre el lago, el cual se puede observar desde lo alto y después es posible acercarse caminando unos metros hacia abajo.


¡Es increíble! ¡hermoso! ¡realmente grandioso! y aunque desde arriba es ya de por si espectacular, merece la pena bajar, pero hay que tener cuidado, pues el trayecto es arenoso con piedritas y totalmente empinado. Casi al final del camino hay otro mirador con unos banquitos de madera, desde los cuales uno puede sentir el silencio y admirar el paisaje de otra manera. Y ya abajo del todo hay una explanada donde se puede acampar y también es posible alquilar kayaks para "navegar".


Por último, cuando toque subir de vuelta no hay problema, pues si uno quiere, pagando 10$ por persona, caballos o mulas te llevan hasta arriba, los cuales son guiados por indígenas o niños menores que en vez de estar en la escuela trabajan día y noche.



miércoles, 27 de septiembre de 2017

Otavalo

Es un pueblo relativamente chiquito a unas 2 horas de Quito.
La plaza central está ocupada por un montón de puestos que Ecuatorianos con vestimenta tradicional atienden medio traspuestos. Eso sí, en cuanto pasas por al lado, te huelen y resucitan fugaces como rayos. Hay mucho colorido, y lo que se puede encontrar sobre todo es bisutería, cuadros y prendas de vestir hechas con alpaca para no pasar frío. Y parece ser que si se va en domingo, todo el pueblo se llena hasta el infinito (pero esto no lo hemos podido comprobar, otra vez será).



El resto del pueblo son calles sin más con un montón de hostales, algunos locales donde comer, tienditas donde algo se puede comprar, y poco más, alguna placita y coches locos que te hacen resoplar cada vez que de un lado a otro quieres pasar. ¡Ah! y si quieres tomar café o bebidas calientes hay que ir a los restaurantes, pues no hay apenas cafeterías, solamente alguna escondida por ahí, cara y elegante.

Algo que nos ha llamado la atención es que conviven con perfecta armonía las culturas indígenas con la occidental, algo que para nosotros no es habitual.


Por último decir que a unos 3km del pueblo está la cascada de Peguche, la cual se encuentra dentro de un bosque. Es un lugar tranquilo y bien cuidado en el que se puede pasear a través de un corto recorrido, acampar o refrescarse en una pequeña piscina un ratito.



Mis endiablados chacras

Camino a la cascada de Peguche, muy cerca de Otavalo, vimos una edificación circular de piedra. Parecía antigua, así que nos acercamos. El letrero de al lado de la entrada informaba de que aquello era un calendario solar. Incaico, supusimos.

Al asomarnos vimos a una mujer dentro,  de pie en el centro exacto del círculo.

 Estaba muy quieta y miraba hacia el cielo.
La desconcentré:

-Hola ¿ Sabes cómo interpretaban los incas el tiempo basándose en el sol y en "esto"?

-Esto es un centro energético de la tierra-
me contestó.
La miré como si estuviera hablando con Salvador Dalí en plena crisis psicótica.

-Ok- respiré-. ¿Pero ellos cómo interpretaban el calendario?

-No, no. Si te pones aquí la energía de la tierra fluye a través de ti y te abre los chacras.

Silencio.

Contención.

El viento soplaba permitiendo que la bruma matutina comenzara a filtrar el sol. Los pájaros trinaban saludando al nuevo día, los indígenas se desperezaban desplegando con mimo sus puestos de artesanías. Todo eran sonrisas.

Dentro del calendario solar, silencio.

La mujer, dadivosa y generosa, me cedió cortesmente el eje multienergético que expandiría mis virtudes del mismo modo que el cosmos se expande hacia el infinito. Deseaba que yo estuviera en sintonía con el universo.

Es una buena persona.

Me coloqué en el epicentro existencial y sufrí para aguantarme la risa.

Afortunadamente, estoy muy bien educado y no se me notó.

10 segundos después le devuelví el honor con leve inclinación de cabeza y mano tendida incluídas.

Soy un gentleman.

Ella desempolvó sus chacras y se los mandó por wasap interdimensional a su propio teléfono. Sacó el móvil y lo puso en el eje receptor de energía positiva.

-¿ Se cargará?- preguntó Zuri.

En ese momento, en ese mismísimo instante, un destello vació mi mente y sentí con nitidez absoluta que Pachamama y Anbotoko Mari estuvieron la víspera jugando al mus en una cueva ecuatoriana.

No lo puedo explicar con palabras, pero sentí claramente los manotazos de Mari contra la roca-tablero enfatizando cada envite.

Aunque la boca de Zuri estaba cerrada,  puedo prometer y prometo que escuché su voz en mi mente con absoluta clarividencia.

Su mirada estaba fija en mí. Seria, hierática.

Esto sólo podía ser fruto de la mística sideral.

Fue sinestesia sobrehumana. Mari y Pachamama me hablaron a través de los ojos de Zuri:

- " Ni se te ocurra, que te veo venir".

Ayuda al viajero: Ecuador

ECUADOR

Orientaciones generales:

*Transporte:
-Es fácil moverse de un lugar a otro en transporte público. Hay mucho de todo en todas partes, y es sencillo parar tanto un autobús como un taxi en casi cualquier lado, pues a pesar de haber paradas fijas, uno se puede subir o bajar donde quiera a lo largo del trayecto.

-Vendedores de comida y snacks de todo tipo suben y bajan constantemente dónde y cuándo menos te lo esperes a los buses, gritando el nombre del producto o dando un previo speech sobre el motivo de su venta.

-Haciendo la media de los gastos, podemos decir en transporte es con diferencia en lo que más hemos gastado. 

- En los buses de largo recorrido:
     a) Aunque aparezca un dibujo de wifi en la parte de fuera del vehículo, no lo hay (o por lo menos en niguno que hayamos cogido nosotros).
     b) No hay baños en los buses, y en caso de haberlos, están cerrados o en alguno ha habido que pedirle al acompañante del chófer que te lo abra.
     c) Si se deja cualquier bulto en la bodega, NO dan ningún ticket identificativo, y al llegar al destino lanzan las maletas al suelo, por lo que conviene estar alerta.
     d) Suelen poner una película de acción.

*Comidas:
-Desayunar es más complicado, suele costar encontrar cafeterías como tal. Lo que hacíamos era comprar panes (hay de mil clases distintas (0,20-0,50$) pero pasteles o dulces muy pocos) en una panadería y comerlo con el café (0.50$-1$) en algún restaurante. Otra opción es directamente comer el desayuno completo que sirven en los restaurantes; hay 3 tipos diferentes.

-El menú del almuerzo compuesto por un jugo natural, un gran cuenco de sopa y un plato d arroz, ensalada, legumbres y algo de carne (pollo o res) tiene un precio medio de 3$.

*Alojamiento:
-Es posible encontrar alojamiento sencillo de habitación doble con baño a partir de 10$ por noche para 2 personas.

Tulcán. 
En esta terminal hay posibilidad de coger buses a distintas ciudades de Ecuador.
Aquí ya se paga en dólares, y existe la posibilidad de comprar los tickets en taquilla o en el autobús mismo, en el cual es posible (según el destino) negociar algo el precio.
A Otavalo por ejemplo, de 3,75$ por persona nos bajaron a 3,5$  y tardamos unas 2,5horas. 
A Quito cuesta 6,10$, y son unas 5 horas. 


Otavalo
-Es relativamente pequeño y fácil de ver.

-El precio de los hostales es negociable, sobre todo entre semana, y más aún después de ver que en algunas puertas hay un cartel que pone clausurado (como para no bajar el precio están...).

-Merece la pena ir caminando hasta la cascada de Peguche, a la que se llega en 45min. desde el pueblo.


Quito.


Mindo.
-Se puede llegar tomando un bus en la terminal del norte de Quito, llamada Ofelia. Eso sí, hay que madrugar, pues sólo hay buses a las 8:00, 9:00 y 15:00.
El ticket cuesta 3,10$ ida y el trayecto es de 2 horas.
Para volver a Quito el último bus sale a las 17:00 desde Mindo.

-Una vez llegado a Mindo el bus te deja en el pueblo, y desde aquí hasta la Tarabita (una especie de teleférico) hay 5km por una pista de tierra, y se puede ir en taxi (6$ trayecto) o caminando (1hora).

-Al llegar a la Tarabita hay que pagar 5$ ida/vuelta por persona y una vez cruzado el río, comienza la ruta de las 7 cascadas.
El paseo es precioso a través de bosques frondosos, pero aviso, hay cuestas y escaleras constantemente.


-En el pueblo hay bastantes hostales y restaurantes de precios normales (almuerzos a 3$), así como algún supermercado y tienda de artesanía.


Quilotoa.
-Desde la terminal de Quitumbe de Quito se coje el bus a Latacunga, el viaje dura 1 hora y 45min aprox. y cuesta 2,15$. (Hay bastantes buses con bastante frecuencia a lo largo del día).
Una vez llegado a Latacunga hay que coger otro bus a Quilotoa, el viaje dura 2 horas aprox. y cuesta 2$. (hay buses cada hora y media aprox.)

-En Quilotoa hay distintas rutas para hacer a pie: algunas alrededor del cráter, otra a un pueblo cercano y la más conocida, la que baja a la laguna que hay dentro del cráter del volcán extinguido. En esta última el camino es arenoso con piedritas. La bajada  se hace enseguida, 30min. aprox., pero para la subida, aunque es el mismo camino, teniendo en cuenta la gran pendiente que hay, se tarda alrededor de 1 hora. También existe la posibilidad de subir en mula o caballo por 10$.

-En el pueblo hay hostales y lugares para
 comer. Bus de vuelta a Latacunga hay cada 45min.


Baños de Agua Santa. 
-Desde Quito, hay que ir a la terminal de Quitumbe y aquí coger el bus a Baños, que cuesta 4,5$ y tarda 3 horas y media.

-Baños es pequeño y fácil de recorrer. Hay un montón de hostales y hoteles, con lo que lo mejor es ir preguntando y negociando hasta encontrar lo que se adecue a lo que se busca. Es posible conseguir habitación doble por 10$.

-El pueblo es totalmente turístico, por lo que está repleto de tiendas, restaurantes de todo tipo y decenas de locales que ofrecen deportes de aventura (rafting, canyoning, parapente, bicis, tirolina, escalada...). Por lo tanto, debido a la competencia, es bueno darse una vuelta para hacer análisis de mercado general.

-Para ir a la casa del árbol hay un bus diario que sale desde el pueblo (preguntar la calle exacta en cualquiee oficina de turismo) a las 5:45, 11:00, 13:00 o 14:30. Tarda 45 minutos en llegar y cuesta 1$ por persona. Una vez arriba hay que pagar 1,5$ para poder entrar al recinto en el que se podrá disfrutar de la casa del árbol, de 4 columpios y de 2 mini tirolinas tantas veces como se desee.
Para bajar al pueblo se puede volver a coger el bus o también existe la posibilidad de bajar caminando por un sendero bien bonito (un poco empinado y resbaladizo en ciertas zonas) en el cual se tendrá opción de observar tanto el paisaje como la población de Baños desde la altura. Esto último es posible hacerlo desde una cafetería llamada café del cielo, el cual se encuentra a mitad del sendero.
El comienzo del camino no está demasiado bien señalizado, por lo que es mejor preguntar.
Se tarda aproximadamente hora y media.

-Si se contrata la actividad de bicicletas para hacer la ruta de las cascadas, hay que tener en cuenta varias cosas:
    *el 90% del trayecto es cuesta abajo, por lo que no hay gran dificultad.
    *si se sigue la carretera y se pasa por los túneles en vez de por los caminos que salen al rededor de éstos, se tarda menos.
    *A unos 5-10 minutos desde la cascada del pailón del diablo (1.5$ por persona. Hay que entrar caminando, unos 45min. mínimo ida y vuelta con paradas para las fotos. Merece la pena) está la cascada Machay (1$ por persona, se puede bañar). Para ésta hay 2 entradas, y si no se quiere bajar y después subir un montón de escaleras, hay que entrar por la segunda entrada, la cual está en una bajada hacia la derecha antes de una curva.
   *Para volver a Baños en las agencias te dicen que desde cualquier punto unas camionetas te recogen y te llevan de vuelta, cobrándote 2$ (bici+persona). Pero si llegas hasta la segunda entrada de Machay, hay una parada de bus en la que es posible subir a uno de los buses que tenga parada en Baños y pagar solo 1$ (las bicis te las suben a la bodega).


Cuenca.
-Cerca de la terminal de autobuses hay varios hostales, pero nos han dicho que en esta zona se ejerce la prostitución.

-La calle en donde hay hostales relativamente económicos se llama la "Calle larga, la cual está a una media hora andando desde la terminal. Esta calle es la frontera entre el casco histórico y la ciudad. En comparación con otros lugares de Ecuador, aquí ees más caro y más difícil de negociar el alojamiento.


Parque Nacional Cajas.

-Para ir al parque, además de los buses indicados aeriba en la foto, vale con coger cualquier otro que vaya a Guayaquil vía Cajas (está bien indicado en las oficinas de la terminal) por lo que hay más opciones que las que se marcan expresamente en el tríptico.

-Una vez llegado al parque hay una caseta en la que hay que registrarse,  y ahí mismo te dan información sobre las posibles rutas que se pueden realizar.

-Para volver a Cuenca es posible hacer autostop, pues la gente está acostumbrada a ello y es fácil conseguir que alguien pare.

Frontera Ecuador-Peru
En nuestro caso el paso ha sido fácil y cómodo, pues hemos cojido un bus de la compañía Azuay en Cuenca que nos ha llevado directos hasta Perú, pudiendo elegir entre parar en Máncora, en Piura o en Chiclayo. En el trayecto el bus ha parardo en la aduna y después de esperar a que todos los pasajeros hiciéramos los trámites necesarios (gratuito), ha seguido su rumbo. El coste del pasaje es entre 20 y 25$ y la duración de entre 7 y 14 horas (según destino final).


Para obra de teatro

Conversación telefónica:

-Hola buenas, quisiera comprar un ticket para Popayán. Lo he intentado 3 veces por Internet pero no me deja terminar el proceso, pues al final, una vez metidos todos los datos bancarios me dice "transacción rechazada".
-Déjeme ver... ¿Usted tiene una tarjeta de crédito?
-Mmmm, claro (¿qué parte no habrá entendido?)
-¿Esa tarjeta es... internacional?
 -Sí.
-Ah pues es por eso, pues la compañía tiene restricciones para ese tipo de tarjetas.
-Vaya, pues hasta ahora no he tenido ningún problema...
-No, no, tranquila, el problema no es usted, es la tarjeta.
-Hombre ya, eso ya lo sé... (lo que faltaba) Bueno, pues quisiera comprar el ticket por teléfono.
-Entiendo (¿?). Y...para qué día?
-Para el 22 a las 7:45 de la tarde.
-19:45pm?
-Mmmm...7:45pm, sí (ejem).
-Listo. Y bueno,  quiere pagar en efectivo?
 -¿Qué? ¿por teléfono con efectivo? eh... (¡¿pero de dónde ha salido este tío?!)
-Ah sí, claro claro, tiene razón... bueno pues ¿con tarjeta entonces?
-Pues sí.
-A pero no, espere, la tarjeta no le funcionaba ¿verdad?
-Por Internet en vuestra página parece que no.
-A pues entonces no, no puede realizar la compra. ¿Desea algo más?
-A ver...y no puedo dejarlo reservado y pagarlo mañana en taquilla?
-No. Eso no es posible.
-¿Y qúé opción tengo entonces? la terminal me queda muy lejos...
-Bueno sí, el ticket se le mantiene hasta 2 horas antes.
-Entonces ¿me está diciendo que sí puedo comprarlo por aquí y que si voy a la terminal 2 horas de que salga el bus se me mantiene la reserva?
-Sí, eso sí.
-Ah pues perfecto, así lo quiero entonces. ¿y tendría que pagar en efectivo ¿verdad?
-No no, puede hacerlo con tarjeta.
-Ah, ¿sí? en taquilla entonces sí es válida la tarjeta?
-Sí, claro.

Buf...paciencia.

Y nada, el día 22, después de atravesar la loca ciudad de Bogotá pillando todos los trancones posibles, llegamos a la terminal. Son las 17:35, entramos corriendo y directos a la taquilla.
-A la orden.
-Buenas, tenemos reservado un billete a Popayan y lo tenemos que coger aquí.
La mujer no para de negar con la cabeza mientras hablo.
-Hablé ayer por teléfono con un compañero tuyo y quedamos en eso, en que recogería los billetes hoy aquí. Son 2 asientos en tercera fila...
-No, eso no puede ser.
-Por favor, podría mirarlo?
-¿Cuál es en número de reserva?
-Pues lo tengo que buscar, pero mientras podrías comprobarlo con el número de pasaporte?
-No...sin el número nada.
-Por favor: 369...
Sigue negando con la cabeza.
-¡ay! aquí está: ...
Escribe los números en el ordenador.
-No, no hay ninguna reserva.
Le mira a su compañero con una sonrisa despectiva...
-Pues es lo que acordamos ayer con un compañero vuestro por teléfono. Nos aseguró que llegando antes de 2 horas de la partida podríamos hacerlo así. Y mira, son las 17:40, faltan todavia 5 min.
Señalamos el reloj de pared grande que tienen en su mini oficina. Lo miran y alzan las cejas.
-Mire por favor con el pasaporte. 369...
La mujer ni escucha. Gira la pantalla del ordenador para mostrarnos que introduciendo el número de reserva no aparecen marcados como escogidos los asientos del bus de la tercera fila. Nos mira como con orgullo o desprecio, y no dice nada más. Ni si quiera nos mira ya.
-Por favor, compruébelo con el pasaporte....
La mujer accede a escribirlo por no aguantarnos más y de repente se le cambia la cara. Muestra incredulidad absoluta.
-Zuri...Zurie Higůera?
-Sííííí
La mujer está que no sabe dónde meterse, e intenta buscar una mirada complicidad de su compañero, pero éste, atento a todo lo que ha ido sucediendo, desvía la mirada como si no fuera con él el tema...

En fin, con lo fácil que hubiese sido hacernos caso desde el principio...
Pero la historia sigue, pues una vez confirmados los asientos y entregada la tarjeta de crédito para realizar el pago, nos pide que marquemos el pin en la maquinita. A priori esto es algo sencillo, pero no, pues la mujer intenta pasarnos la maquinita por debajo del cristal de la ventanilla. Evidentemente no entra, el hueco es demasiado pequeño, y además la forma de bañera que queda hace imposible que fisicamente pueda pasar. Lo vuelve a intentar, flipamos.
-Va a ser que no pasa...-décimos.
-Bueno pues ¿puede meter la mano y marcar la clave a este lado de la ventanilla?
-¿Qué? ¿por dónde? ...
-Sí, sí, inténtelo.
Ibai mete la mano raspándose toda la muñeca, marca como puede y le dice la mujer:
-No, así no, debe hacerlo más rápido.
-¿No sería más fácil que me abriera la puerta de la oficina y lo haga desde dentro?
Pero la mujer no quiere atender a razones y nada, vuelta a intentarlo. Las personas que esperan detrás y en las filas de al lado se parten de risa, cuchichean, comentan lo absurda que es la situación...¡vaya circo que se ha montado!

Pero bueno, a la tercera va la vencida se dice, y así fue. A la tercera empezando por atrás desde un número bien alto, porque vamos...
Y esta es la profesionalidad en todas sus formas de la compañía de bus Expresso Bolivariano, profesionales en desesperar al cliente y hacer que no vuelvan en al menos un año...

;)


lunes, 25 de septiembre de 2017

Popayán, el lustre perdido.

Popayán fue otrora un núcleo importante en Colombia.

Cuna de 11 expresidentes del país, centro del banco de la nación, cruce de caminos de materias primas y mercancías en sus rutas por Sudamérica, custodio de varios tesoros religiosos...lucha hoy en día por no caer en el olvido.

Si el viajero no se empapa de su historia, se irá de allí con la imagen en la retina de un centro histórico totalmente blanco, que le retrotraerá a Andalucía, Grecia, o parte de África según cuál sea su currículum de kilómetros volados,  yardas navegadas y mochilas cargadas.

Pero Popayán es esa caja olvidada en el desván que un día encuentras, cortas la cinta americana que la sella y descubres que está repleta de historias desconocidas.

Como la del color de sus calles históricas: blancas por la cal con la que las cubrían para exterminar la plaga de niguas, unos pequeños pero voraces insectos que infectaron a gran parte de la población.

O como la tradicional procesión de semana santa que ni por un terrible terremoto se dejó de celebrar.

O como la de esas paredes internas y esos "llamapuertas" que hablaban de la clase social de las familias popayanesas.

O como la de la importancia de la tribu indígena originaria de estas tierras en la confección del nombre de la ciudad.

O como las del sabio José de Caldas y el tránsfuga Ubando.

O como...


Ráquira, la calle de los artesanos.

Fuimos a Ráquira volviendo a Bogotá desde Villa de Leyva. Sabíamos que los lugareños trabajan el barro, así que decidimos echar un vistazo.

Solamente uno, porque el pueblo no da para mucho más.

 Sabedores de su fama, han querido explotar su condición de artesanos, pero al visitante ( al menos a nosotros) le queda una sensación un tanto extraña.

La cuidadísima y colorida calle repleta de tiendas vendiendo cientos de objetos de arcilla, agradable y preparada para pasear,  desemboca en la plaza del pueblo. Por cierto, muy curiosa: varias estatuas de arcilla a tamaño real, mezclando motivos religiosos con otros referentes a la idiosincrasia de la vida local, velan  por la seguridad de la iglesia que preside el espacio. A uno de los lados de la placita, un gigante de arcilla observa desde las alturas a todo aquel que ose acercarse.

Pero si eres curioso y quieres más, aprende a frustrarte o fija tu mirada en otro lugar, porque ahí acaban los atractivos para el viajero. Cruzando el río el paisaje es bien distinto: calles a medio asfaltar, polvo, y edificios que hace un lustro pidieron a gritos una renovación y hoy languidecen con faringitis crónica.

Como aspecto positivo, que en este sector del pueblo podrás almorzar significativamente más barato que en la calle turística.



Pasear, comer y vuelta a Bogotá vía Chiquinquira. Si no tenéis suerte, os tocará nuestro chófer, un joven medio imberbe al que el consumo en versión maratón de la saga "fast and furious" le ha dejado afectado el cerebro de por vida. Cada vez que tomaba una curva temíamos por la integridad del bebé que viajaba en brazos de su madre, y con cada bache intentábamos recordar en qué momento habíamos contratado deportes de aventura.

Intenta relajarte en mitad de un triple adelantamiento antes de una curva sin visibilidad, en pendientre pronunciada y dentro de una cafetera a motor aquejada de tos cazallera incurable.

Seguramente apretarás el culo como todos nosotros. O casi todos.

Porque el conductor y su compañero reían.

El bebé, angelito, dormía.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Villa de Leyva

Villa de Leyva es un pequeñísimo pueblo de montaña que se recorre en una mañana. Aun así, es un buen sitio para descansar. La imagen de la enorme plaza con las montañas de fondo es digna de una postal. El casco antiguo es de corte colonial...y desproporcionado en relación al tamaño del pueblo: pareciera que cupieran todos los habitantes, no del pueblo,  si no del valle entero.

Nos dio la sensación de que es un destino habitual de turismo interno, pues el pueblo está lleno de hoteles y hostales. Por lo general, nos pareció un pueblo más caro que la media, pero yendo entre semana es posible negociar. Los alojamientos están practicamente vacíos y eso juega a favor del consumidor.

Hay varios paseos y senderos  en las colinas circundantes, fáciles y cortos. Así que Villa de Leyva te ofrece el descanso del paréntesis de la locura bogotana, a escasas tres horas de la ciudad.

Ambiente tranquilo, montaña, río y un adoquinado colonial enemigo íntimo de los tobillos.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Bogotá

Bogotá no nos ha gustado.

Es demasiado grande, sucia, ruidosa y estresante. Como nos decían aquí, esta es la ciudad del trancón (atasco).


Las busetas vuelan por la carretera mientras el encargado de atraer clientes baja en cada punto de control horario para untar con mil pesitos al supervisor, no vaya a ser que registre la tardanza y nos jodan el negocio.

El servicio de bus "trasmilenio", que acorta tiempo de viaje aumentando estrecheces en su interior, agobia en hora punta. Llegarás a tu destino a la hora, sí, pero a cambio deberás elegir entre sobaco o empujón constante.

Estos buses grandes y modernos, que circulan por una vía exclusiva para ellos, trasladan a más gente de la que pueden soportar. La gente se empuja para entrar y se desanuda del prójimo como puede para salir. El día que haya un accidente, ese caos se convertirá en masacre.

Como aspectos positivos, hallamos el coqueto barrio de la Candelaria  ubicado en el centro histórico de la ciudad, y sus callejuelas estrechas y adoquinadas, sus casitas coloridas, sus degustaciones de chicha , y su ambiente de artisteo callejero los fines de semana.


Recomendable también apuntarse al free tour que sale desde el punto de información de la plaza Bolívar, para disfutar de detalladas y amenas informaciones sobre arte e historia,  el paso de Bolívar y Nariño por la ciudad, la evolución de Bogotá y muchísimos detalles más. Nos pareció curiosísima la concepción conceptual de los antiguos billletes colombianos. Aúnan en ese pequeño trozo de papel retazos de historia y personalidades, arte y simbología.


Hay varios museos a visitar dependiendo del presupuesto: museo del oro, de Botero...

Y según con quién vengas, elige bien la calle por donde pasear, no vaya a ser que por la "calle de la amistad" tu pareja piense que insinuas algo y se venga arriba en la " calle de los divorcios".


martes, 19 de septiembre de 2017

La catedral de sal de Zipaquirá, un templo sorprendente

Zipaquirá es un pequeño pueblo  cerca de Bogotá, lo que te permite olvidarte por un día de la mochila. Puedes dejarla en tu alojamiento bogotano y hacer una excursión de día. El stress de la capital seguirá esperándote cuando vuelvas.
En Zipaquirá, poco más hay que ver aparte de la grande y bonita plaza central, uno de los tantos vestigios coloniales del país.
Pero a 5 minutitos en coche del centro urbano hay una joya: la catedral de sal.
Es cara para los extranjeros, pero no sé si habrá algo igual en algún lugar del mundo. Quizá algun día lo descubra.
Mientras tanto, nos aventuramos en las entrañas de esta mina de sal, aun en funcionamiento, que ha prestado el 15 por ciento de su tamaño a una reconversión total. En forma y fondo.
En un recorrido de un kilómetro, que te lleva desde la boca de la mina hasta el altar, recorrerás el via crucis de Jesús, representado en diferentes escenas a los lados del camino,  talladas en roca de sal, y las explicaciones del guía te ayudarán a percibir aquellos detalles más conceptuales, los que se escapan a la vista.
También encontrarás una escena recordando la ceremonia de El Dorado, mediante la cual los indígenas nombraban al nuevo rey, y una detalladísima escultura en una de las paredes haciendo referencia a los elementos más significativos de la cultura indígena que poblaba la zona antes de la colonización cristiano española.
Es interesante percibir cómo los artistas juegan con la singularidad del lugar: las profundidades oscuras de las galerías, los suelos irregulares de las salas, la forma esférica del espacio que da lugar a la cúpula...
Es un centro de culto diferente que surgió a partir de la devoción de los mineros. Un lugar en el que si bien impera la iconografía imperialista cristiana, se ha tenido la deferencia de no olvidar por completo las raíces premonoteístas de los oriundos.
A fe que en esta catedral ha disfrutado más de un ateo.

Ayuda al viajero: Colombia

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Orientaciones generales:

*Transporte:
-Es fácil moverse de un lugar a otro en transporte público. Hay mucho de todo en todas partes, y es sencillo parar tanto un autobús como un taxi en casi cualquier lado, pues a pesar de haber paradas fijas, uno se puede subir o bajar donde quiera a lo largo del trayecto.

-Vendedores de comida y snacks de todo tipo suben y bajan constantemente dónde y cuándo menos te lo esperes a los buses, gritando el nombre del producto o dando un previo speech sobre el motivo de su venta.

-Haciendo la media de los gastos, podemos decir en transporte es con diferencia en lo que más hemos gastado. 

- En los buses de largo recorrido:
     a) Suelen poner el aire acondicionado bastante fuerte,  con lo que es recomendable llevar ropa de abrigo.
     b) Aunque digan que tienen wifi, éste solo funciona para utilizar WhatsApp, Facebook, Twitter y el correo. 
     c) Hay baños en la parte trasera. No hay papel y suele oler muy mal, por lo que si se puede, mejor sentarse en asientos alejados.
     d) Sí se deja cualquier bulto en la bodega, te dan un ticket de plástico con un número identificativo,  que sirve después para recogerlo.
     e) Por seguridad, antes de partir, el chófer pasea por el pasillo del bus grabando con una videocámara a todos y cada uno de los pasajeros.
     f) Suelen poner una película de acción

*Comidas:
-Desayunar un de café con leche y algo de bollería no cuesta más de 4000cop.

-El menú del almuerzo compuesto por un jugo natural, un gran cuenco de sopa y un plato d arroz, ensalada, legumbres y algo de carne (pollo o res) tiene un precio medio de 9000cop.

*Alojamiento:
-Es posible encontrar alojamiento sencillo de habitación doble con baño a partir de 30000cop por noche para 2 personas.

Resumen porcentual de nuestro gasto en Colombia a lo largo de un mes (realmente solo hay que tener en cuenta transporte, alojamiento y comida. A efectos reales podéis sumar los porcentajes de "bebidas" y "otros" al porcentaje de la comida).


Cartagena
Para moverse por aquí existen 3 opciones:  a pie; en bus, 2000cop persona y taxi, los cuales tienen por lo general 2 precios: 7000 cop para moverse en la zona del centro y 10000cop para moverse desde cualquier punto de las afueras del centro.


Taganga
Hay buses muy frecuentemente que se cogen el centro de Santa Marta (mercado) y cuestan 0,50céntimos ida.


Tayrona
- Hay buses frecuentes desde Santa Marta centro (mercado) que cuestan 7000cop  y el trayecto dura 1 hora.

- La entrada al parque cuesta 45000cop para extranjeros, y esta misma entrada ws válida para poder estar un máximo de 4 días en el parque sin tener que pagar nada más. Eso sí, si se sale del parque, entonces sí que hay que volver a pagar.

- Hay 2 entradas diferentes para acceder al parque: el Zaino y Calabazo. Entre por donde se entre se podrá realizar la misma ruta pero en sentido contrario, pues la ruta es una única.

- Si se entra por el Zaino:
En frente de la entrada donde se venden los tickets, al otro lado de la carretera, hay un restaurante llamado Anita en el que se pueden dejar las mochilas o equipaje tantos días como se quiera por 5000cop por bulto.

- Una vez entrado al parque hay opción de coger una buseta por 3000cop/persona que te lleva hasta donde empieza el recorrido en si (el bonito, el sendero). Es opcional cogerlo, peeo la alternativa es recorrer 5km.por carretera.

-El tiempo estimado del recorrido es hora y cuarto/y media desde el comienzo hasta el lugar de acampada llamado Arrecifes (bastante cutre el lugar en si, aunque más económico), y otros 45-60minutos desde aquí al lugar de acampada Cabo San Juan (más caro pero además de ser más bonito, está hubicado en el mismo mar en donde se puede uno bañar).

- Los precios en Cabo San Juan: hamaca 20000cop/persona.  Llevando tienda de campaña propia 20000cop/persona.
Tienda de campaña de ellos 30000cop/persona.

- En cabo san Juan hay una tiendita que vende casi se todo, aunque los precios son bastante elevados. Aquí mismo, pagando 2000cop te dejan cargar cualquier aparato electrónico.

- También hay un restaurante en el que sirven desayunos, almuerzos y cenas.

- Desde Cabo San Juan se puede seguir caminando otra hora y media para llegar al pueblito ( hay ruinas de un pueblo indígena), y siguiendo para adelante, se llegará hasta la otra salida, Calabazo.


Medellín
- Tiene metro, por lo que resulta muy cómodo moverse por aquí. Si se compra un billete suelto, el trayecto cuesta 2400cop, pero si se compra una tarjeta, (cívica) ésta se puede ir recargando y el trayecto entonces costará 2100cop.

- Mientras no se salga del sistema de metro, se puede utilizar con un mismo viaje, el metro, el tranvía y el metro cable.

- La zona centro y comercial de Medellín es la parada de metro Parque Berrío o San Antonio, en la línea azul oscuro.

- Es fácil encontrar alojamiento muy económico en el centro, en la carrea 45 con 48 hay un montón de opciones.

- Las terminales de autobuses se encuentran en las paradas de metro siguientes: Terminal Norte en Caribe, y Terminal sur en Poblado ((ambas en la línea azul oscura), aunque para llegar a esta última hay que caminar unos 15 minutos.


Guatapé + El Peñol
-Desde Medellín Terminal Norte (parada Caribe de metro) se puede coger el bus para llegar a ambos lugares. El trayecto dura 90min. aprox. y cuesta 11000cop al Peñol y 1350cop a Guatapé (15min de uno a otro).

-La parada el Peñol es para ver la piedra y subir a ella si se quiere, y la parada Guatapé es donde está el pueblo.


Jardín
-Desde Medellín Terminal del Sur (parada de metro Poblado) sale el bus a Jardín. El trayecto dura 3 horas aprox. y el ticket cuesta  27000cop.

-El pueblo en si se puede ver en una mañana, pero hay un par de paseos que salen desde aquí mismo, de un par de horas o algo menos cada una. En ambos se sube a diferentes lados de la loma, con lo que se consigue una buena panorámica desde ángulos diferentes. En uno de ellos se llega a un teleférico de madera, con lo que es posible realizar el trayecto montado en él.
Aparte, es posible contratar (en la oficina de información del pueblo) una excursión que comienza a las afueras del pueblo y en la que se realiza una caminata de 8 horas ida y vuelta hasta llegar a la cueva del explendor.


Bogotá
-Es una ciudad inmensa, por lo que ante todo se debe tener muuuucha paciencia para moverse por carretera. Hay un sistema de autobuses llamado transmilenio que circula por su propio carril, con lo que utilizándolo al menos se puede ahorrar un poco de tiempo en los desplazamientos.
Al igual que en Medellín, existe la posibilidad de comprar una tarjeta recargable para que los trayectos salgan más económicos, 2200cop.
Para el centro hay que coger el transmilenio con la letra J72. La parada Universidades queda relativamente cerca del barrio Candelaria (con ambiente bohemio) y también a unos 20 minutos a pie del punto en el quense comienza la ascensión Monserrate.


Zipaquirá
-En la catedral de sal el precio es distinto para locales y extranjeros,y para estos últimos es algo caro, 50000cop por persona, en la que se incluye una visita guiada de 1 hora, un espectáculo de luces y un corto en 3D. Después uno se puede quedar dentro tanto tiempo como quiera, y hay incluso una zona comercial.

-Fuera de la catedral hay opción de realizar algunas actividades, en las que hay que pagar aparte: Tirolina (un solo cable muy muy sencillo), escalada (en rocódromo), museo de la salmuera, un míni-laverinto (gratis)...


Villa de Leyva
-En Bogotá, desde Terminal nueva (a 2 paradas de Portal del Norte de transmilenio) es posible coger un bus directo que tarda 2,5 horas por 25000cop ida

-El pueblo se puede ver en una mañana.

-Los precios de los almuerzos aquí son algo más caros que en otros lugares.

-Si se va ente semana, es posible negociar los precios de los hostales. El llamado "Mini hostel" tiene un personal encantador.

-Hay varias oficinas que ofrecen actividades de aventura.

-Hay un par de paseos de 2 -3 horas cada uno que se puedes realizar desde el mismo pueblo.


Ráquira
-Está a unos 45 min. de Villa de Leyva, y el precio de la buseta entre uno y otro es de 6000cop por persona.

-Lo interesante de este pueblo se concentra en una sola calle, la cual está repleta de tiendas de artesanía, sobre todo cerámica.

-Es posible regatear un poco para obtener un mejor precio.


Popayan
-Desde la terminal se puede ir caminando hasta el centro histórico, se tarda unos 15minutos.

-En la plaza del pueblo hay una oficina de información, y desde aquí salen a diario 2 free tours (en los que esperan propina), a las 10:00 y a las 16:00. Los domingos por la mañana el tour es diferente, ya que se hace un pequeño trekiing tour a un mirador en una colina adyacente de la ciudad.

-Los precios de los almuerzos aquí son más baratos que en resto del país.

-Los autobuses urbanos tienen un coste de 1600cop.



Paso de la frontera a Ecuador
- Es muy sencillo. En la terminal de autobuses de Ipiales hay busetas que por 2000cop te llevan al puente de Rumichaca (10minutos), que es donde hay que hacer el primer control de pasaportes.

- También hay taxis colectivos de 4 pasajeros que solo salen cuando se llenan, y negociando y hablando con el chofer conseguimos lo siguiente:
por 7500cop por persona te lleva al Santuario de las Lajas (10min), te dejan dar una vuelta rápida por allí para sacar fotos y tal, y seguido te llevan al puente de Rumichaca.

- Una vez llegas a Rumichaca hay un montón de personas que se te acercan para cambiarte tus pesos sobrantes por dólares americanos, que es la moneda de Ecuador. Cambias si quieres y seguido ahí mismo entras a la oficina de control de pasaportes. Cuanto más temprano se vaya, menos cola hay. Una vez realizado el trámite, sales de la oficina, caminas por el puente 5 minutos y al otro lado (Ecuador ya) hay otra oficina a la que hay que entrar y volver a realizar un segundo control. Lo pasas y al salir vuelves a encontrar montones de taxis que te llevan por 1 dólar a la terminal de Tulcan (10min). Allí ya se pueden coger buses a distintas ciudades de Ecuador.


Medellín: fierro y terciopelo.

Medellín, como toda ciudad que se precie, tiene zonas bien diferenciadas.
Está el centro, bullicioso, atestado de gente, falto de espacio, sobrado de hoteles baratos con vecinos ruidosos, aceras estrechas y transeúntes que miran hacia atrás. A las 19:00, máximo 20:00, es un páramo donde muchos negocios cierran, pocos coches pasan, y se reparten a partes iguales "sin techos", yonkis y paseantes que han salido demasiado tarde de currar.
Cerquita de la parada de metro Berrío, hacia un lado, se recorre la calle comercial, con sus voceros anunciando precios insuperables, sus puestos callejeros de jugo rasgando las cuerdas vocales y sus gentes agarrando la cartera. Hacia el otro patearás la otra calle comercial, la del mercado negro, que por cierto se extiende hacia una zona de la ciudad aun más negra, sucia y contaminada. Miríadas de puestos venden lo que pueden, objetos de septuagésima mano para agarrar la anteúltima oportunidad.
En el paisaje urbano se multiplican los yonkis, bien pegaditos a los camellos y a los pocos turistas que se hacen los sordos, mudos y suecos. La contaminación invade el ambiente y el sentido común te susurra que basta ya, que has visto suficiente, que desfilando hacia la periferia.
Allí comienzan los barrios residenciales, con gente amable que te brinda  ayuda, sin ese caminar paranoico y esquizofrénico de los habitantes que poblan el centro. Calles más amplias y limpias, ambiente relajado y jovial.
Y más allá de este allí, la periferia de la periferia. Quizá la imagen más icónica,  Pablo Escobar aparte, de la ciudad. Las laderas de la montaña han desaparecido bajo infinidad de edificaciones precarias que ya forman barrios enteros. Cientos de miles de personas se hacinan en asentamientos de origen ilegal, pero que ante la evidencia, las autoridades terminaron legalizando.
Como suele pasar en estos casos, demasiado tarde. Para cuando quisieron meter mano, las decenas de años de construcción sin planificación habían dado lugar a un laberinto de calles estrechas, callejuelas, callejones, escalones oscuros, entradas sin salidas y vidas atrapadas. La miseria más hiriente otea al final de la calle los edificaciones residenciales. En una escala que mide el nivel de vida del uno al siete, nos dijeron y pudimos comprobar que, apenas diez minutos caminando separaban el 1 del 4. Paseamos y charlamos por la comuna 13, históricamente conocida por su peligrosidad, y comprobamos que en ese contexto también existen tragaluces intentando aportar rayitos de esperanza. Asociaciones de jóvenes, vecinales e institucionales están aunando esfuerzos para demostrar  a los niños que existen modelos relacionales y referentes vitales más allá de la guerra, la droga y la violencia estructural. Les enseñan expresión artística y deporte, les enseñan valores, les enseñan a ser.
Encontramos gente con ganas de hablar y contar, pero como siempre, cada uno decide hasta dónde preguntar, cuánto quiere saber, y dónde está el límite entre la curiosidad y la indiscrección... y el peligro. Porque damos fe de que son historias de vidas durísimas.
Cada cual calibrará si de verdad quiere saber la respuesta a lo que está preguntando.
Nosotros supimos de abuso infantil, disparos, guerrilas, narcotráfico, coches que cargaban cadaveres acribillados a balazos.
Lo dicho, cada cual decide cuánto abrir los ojos y cerrar la boca.
Si la intención es conocer la ciudad de manera más superficial, Medellín está bien preparada para ello. Tiene buenísimas comunicaciones, con el único metro del país, que a su vez enlaza a través del metrocable ( teleférico) con estos barrios que escalan montañas y pobreza. El billete de metro es económico y recorre toda la ciudad. Merece la pena. Eso sí, que no espere el visitante una urbe bonita.
Medellín no lo es.
Pero si deseas conocer gente, historias, realidades, y una ciudad que está apostando por la cultura y el deporte para dejar atrás años y reputaciones oscuras, bienvenidos al proceso de transformación.
Porque eso nos pareció Medellín.
Una ciudad en pleno cambio, una urbe superviviente.
Parece que Medellín avanza.
Ojalá.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Una historia corriente de acá


¿Y qué si de repente estás comiendo en casa de una familia con la que te acabas de encontrar, la cual te quiere prestar su hogar para descansar, y te comenta como si ná todo lo que a continuación os voy a contar?

"Acá en Colombia la situación económica y laboral está muy mal. El primer puesto de trabajo solo te lo dan si 3 años de experiencia puedes demostar, ¿pero cómo carajo lo vamos a lograr si el primer paso no nos lo permiten dar? yo vivo de mi chico, quien trabaja 14 horas todos los días menos el domingo, y mientras, yo me quedo en casa cuidando a nuestro hijo. Es por esto que alojo a gente en casa, pues si no me aburro como una pasa, todo el día sin salir y sin tener a nadie con quien compartir. Con todos ustedes lo poco que tenemos queremos compartir y eso me hace feliz. Hoy tenemos plata y podemos ofreceros algo más que una papa, pero no siempre nos llega, por lo tanto si hubieran llegado uno de esos días, cada uno se tendría que buscar la vida.

En cuanto a la educación, la escuela es obligatoria acá, pero esa no es la realidad, pues si el niño no lleva el uniforme puesto o le falta algún complemeto, literalmente no lo dejan entrar dentro. El tiempo pasa y el niño no avanza, pero esto no es importante en la balanza. Nosotros no teníamos para comprar zapatos, y fue uno de los profesores, que al de un tiempo de no asistir, le pudo regalar unos de colores, con los cuales, al fin, pudo entrar en el cole".

Esta joven pareja acaba de alojarnos hoy domingo a nosotros y a otras dos chicas. Escuchamos todos con atención y se nos corta la digestión. Me siento fatal comiendo de este plato que la joven mujercita de 24 años nos ha preparado con su mejor intención lleno de arroz, ensalada, aguacate, huevo frito y patacón.  


Pero seguido a esto, nos dice que si queremos conocer otro cuento. Sin saber qué contestar, medio asentimos sin pestañear, con lo que ella vuelve a hablar mirándonos sin parar:

"Mi hermana pequeña, mi mamá y yo fuimos desplazadas por violencia, con lo que tuvimos que huír sin poner resistencia. A mi mamá la mataron cuando yo tenía 13 años. Yo lo vi, todo sucedió frente a mí. Estaba con mi hermana cuando de pronto alguien a la finca entró, con mi mamá charló, y al de poco del brazo la agarró, cuatro tiros le pegó,  y con un balazo en la sien la remató. La tapamos y a pedir ayuda salimos, hasta que con la policía volvimos. A partir de que la sacaron fotos, mis recuerdos son borrosos, el flash que la iluminó, a mí me apagó. A partir de ahí nos tocó buscarnos la vida, pero eso ya es una historia que no termina".

Tragamos saliba atascándosenos la comida...

"Pero eso no es todo, a mi chico también lo dispararon. ¡Ay, no! ¡otra vez no! pensé cuando escuché al otro lado del celular su agitada voz cuando me telefoneó. Él volvía de trabajar de la mina cuando su moto se le estropeó. Hasta una gasolinera caminó y si alguien lo podría ayudar preguntó. De entre todas las ofertas en la moto más elegante de paquete se montó, y al de unos pocos metros una banda los acorraló y el tiroteo comenzó. Al conductor lo mataron sin temor, y a él mientras escapaba, una bala el pecho le alcanzó. No sabe cómo pero metido en el agua acabó, y lo primero, el celular totalmente mojado cogió y me llamó. Mi corazón a mil por hora latió, y el pánico me rodeó, pero afortunadamente en un gran susto quedó.

¿Y bueno, han acabado? muévanse y vayan a caminar, que el pueblo tiene mucho que mostrar".

No conseguimos ninguna palabra articular, por lo que con un estropajo viejo y sin jabón, que no lo hay, nos ponemos a fregar, a ver si así nos podemos un poco despistar o despejar. Después sí, creemos necesario que nos de el aire, pues todo lo escuchado nos ha venido muy grande. Al de unas horas volvemos a casa, jugamos con el niño y charlamos sobre tonterías varias. Pero al acompañar a la chica al cuarto para que nos diera unas mantas, su mamá le vuelve a venir a la mente y nos pregunta si una única foto que tiene de ella queremos que nos muestre.

"Yo soñaba con ella todos los días. Siempre la misma imagen, un arroyo, un río, la mar...agua al final, y en ella mi madre invitándome a que me fuera con ella. Vaya pesadilla y qué agonía, yo ya no sabía ni lo que quería ni lo que debía. Hasta que tuve a mi hijo y una noche a mi madre le planté cara, hablándole en voz alta y clara: -déjame vivir, contigo no me puedo ir. Tengo un hijo al que tengo que atender, y como no quiero que pase lo mismo que yo, mucho le tengo que querer sin separarme de él-.

Nos muestra la foto y sus ojos se ponen llorosos. Toda la naturalidad y frialdad que durante el día ha mostrado se acaban derrumbando, y nosotros, acto seguido, le damos un fortísimo abrazo, mientras que la carne de gallina asoma en mi brazo. El hijo de 2 años muy atentamente nos mira, y en cuanto nos separamos, él se le lanza encima. 

Madre mía, vaya vida... 

viernes, 15 de septiembre de 2017

La gran tormenta

Es medio día y el tiempo está revuelto. El sol y la lluvia andan peleandose por quien va ha salir primero. A pesar de ello decidimos caminar hacia un Cristo que está ubicado en lo alto de una montaña, a una hora y algo desde el pueblo llamado Jardín. El mero hecho de tener este monumento como destino no es que suene muy atractivo, pero en fin, creemos que el esfuerzo merecerá la pena por las vistas que tendremos desde allí. 

Al de un cuarto de hora de comenzar la ruta, un perro se nos acerca ladrando desde una finca, y debido al mal trago que hemos pasado con dos perros grandes que se nos han echado encima por pisar su terreno esta mañana, nos asustamos y nos ponemos a la defensiva, a pesar de que su tamaño no supera al de una gatita. Ladra sin parar y se nos sube a las pantorrilas, pero afortunadamente al de un par de minutos para, se coloca entre nosotros dos y se une a la marcha. 15 minutos después decidimos ponerle nombre, pues no se nos despega y avanza con nosotros sin detenerse. 

Miramos al cielo preocupados, pues algunas nubes negras parecen estar jugando con nosotros. Estamos a mitad del recorrido cuando a lo lejos vemos rayos, y nada más comentar que debido a todos los árboles que nos rodean no estamos en el mejor lugar, un trueno suena como si algo grande acabara de explotar. De repente una gota gorda se me posa encima y me paraliza. Mientras la cabeza empieza a maquinar, a la gran tormenta le da por llegar.

La lluvia cae de forma agresiva, son las gotas más grandes y expesas que he sentido jamás. Sin poder pensar, al cuerpo le da por reaccionar, con lo que echamos a correr más rápidos que Forest Gump. Tenemos los rayos y truenos intimidándonos encima, y el agua es realmente fría. Vemos a lo lejos una casita solitaria con un perro que ladra, y aunque nos de cosa entrar, decidimos pedirle cobijo a la abuelita de lugar. Pero cuando estamos cerquita ya, vemos como la anciana no para de al perro chillar y pegar, por lo que impactados decidimos avanzar escopetados hacia algún otro lugar.

Sentimos mucha inseguridad a la vez que corremos sin parar. ¿Mejor dar la vuelta y descender o seguir loma arriba hasta el Cristo que está ahí mismo y ver si algún otro camino nos devuelve al pueblo por un atajo?La tormenta sigue, los rayos y truenos son cada vez más seguidos, intensos y cercanos, y la lluvia nos envuelve como un gran manto. Empapados hasta lo más profundo y con mucho frío, nos persigue la gran duda de si no será mejor abandonar cuanto antes el lugar en vez de improvisar, pero tercos nosotros, decidimos arriesgar.

Cerquita ya del Cristo, un último tramo nos toca atravesar, lleno de barro y zarzal. De repente vemos otra casita al final del camino (¡Siiiiiii!  ¡la Virgen se nos ha aparecido! jaja), en la que es necesidad, ahora sí, de entrar para preguntar si hay alguna forma de tardar menos en bajar. ¡Qué alegría y alivio más grande acabamos de experimentar! Pero siguiendo para adelante con pasos de gigante, 2 perros Pitbull aparecen de la nada y galopan hacia nosotros ladrando y sin pararse ¡Qué miedo! cuántas sensaciones desagradables estamos sintiendo... es como una pesadilla que nos está siguiendo. Pero antes de poder reaccionar, nos damos cuenta de que al perrillo que venía con nosotros querían atacar, por lo que podemos respirar y sintiéndolo mucho por nuestro amiguito, decidimos dejarlo con ellos para nosotros avanzar. 

De la casita aparece un niño sonriente, el cual nos indica que hay otro camino más corto que va al pueblo bajando una gran pendiente. Pero el susto del cuerpo no se nos va, ya que el camino que se nos presenta como alternativa es un gran tobogán lleno de barrizal. Dudamos pero avanzamos,  y a mí el pie entero se me hunde en el barro. La bota pesa y la rabia aprieta, pero siendo las 2 opciones igual de malas, la decisión está tomada, y aunque sea de culo, logramos bajar a medio arrastrar sin decir ni pío.



Y he aquí lo curioso: una vez llegado al pueblo todos los miedos y males se han esfumado, y la sensación de haber vivido algo intenso se convierte poco a poco en liviano. El sol vuelve a brillar y parece que venimos de otra realidad, es una sensación difícil de explicar. La plaza del pueblo vibra de alegría con la gente que pasea, charla o se sienta a ver pasar el día, lo que provoca en nosotros que poco a poco volvamos a sentir tranquilidad.   

A la noche nos vamos a dormir y la historia se vuelve a repetir, haciendo que nuestros corazones a mil por hora se pongan a latir. Un horrible ruido nos despierta, lo cual hace que aún sin salir del sueño nos pongamos alerta, abrazándonos fuertemente el uno al otro mientras nos cubrimos la cabeza. Parece como si la casa fuera a caernos encima, un desprendimiento se avecina, el tejado vibra con una fuerza y ruido absoluta. No podemos pensar, y mientras el dormitorio sin ventanas oscura del todo está, solo nos queda la respiración aguantar y a lo que venga esperar. 
Al de pocos minutos consigo los músculos relajar y qué puede estar sucediendo objetivamente pensar, con lo que me doy cuenta de que todo el follón lo han montado los gatos queriendo en la tejabana de encima de nosotros jugar y pelear. Diossss...¡Qué situación tan absurda! ¡Qué barbaridad! y cuando al fin un poco más tranquilos conseguimos los ojos un poco cerrar, la tormenta mas intensa que he vivido jamás llega y nos consigue atormentar. ¡Qué mal! 

Al día siguiente cogemos el autobús y volvemos a Medellín, encontrándonos las consecuencias de la gran tormenta por aquí y por allí. Un montón de tierra y piedras de gran tamaño han invadido gran parte del carril. 






Guatapé y El peñol

A hora y media desde Medellín se llega a la piedra del Peñol, la cual se encuentra en Guatapé. Se trata de una piedra gigante a la que pagando se puede subir por unas cuantas (muchas) escaleras y desde lo alto contemplar un paisaje espectacular: un gran embalse y mucha vegetación.
 

 Acto seguido merece la pena volver a montar en el bus y llegar hasta Guatapé pueblo. Es chiquito pero muy muy curioso y bonito, como sacado de un cuentito.  Todas las fachadas de las casas tienen zócalos, y  aunque muchos de ellos son del siglo XX, a día de hoy se pueden encontrar modelos más sofisticados y personalizados, ya que son los propios dueños de las casas y locales quienes las encargan para que se las hagan. El pueblo es por lo tanto totalmente colorido y entretenido, pues los zócalos están llenos de historias y contenido. 








Violencia

      Alicia no se llama Alicia, pero sí es una desplazada por la violencia.
Vivía en un remoto lugar montañoso de Colombia, uno de esos verdísimos parajes a los que la política cambió el color. Zona roja.
La guerrilla controlaba el entorno, y a veces, más veces de las deseadas, jóvenes armados se asomaban a la ventana para hablar con su madre:  “ señora, túmbense en el piso usted y sus hijas. Debajo de las mesas. Viene balacera”
Y venía. Siempre venía.
De vez en cuándo, mientras Alicia jugaba con su hermana, o comía, o reía, o simplemente vivía, los guerrilleros golpeaban fuerte con la mano la puerta de su casa mientras patrullaban.
Pum, pum, pum, pum. Uno tras otro. Pum,pum,pum. Rítmico. Atenazante.
El miedo en el zaguán.
Pasaban los días y las balas, corrían los consejos, se anclaba la tensión. Hasta que cierto día su madre decidió que sus hijas tenían derecho a vivir sin retrovisor. Hicieron las maletas y se trasladaron a una finca cafetera en el noroeste del país.
Se convirtieron en emigrantes dentro de sus propias fronteras. Nada raro, por cierto, en el país con más desplazados internos del mundo.
Pero resulta que Alicia también es una víctima no reconocida de la violencia. Una de esas a las que les falta un papel que atestigüe que también les falta un familiar.
En un contexto de riñas vecinales y amoríos entrelazados, un conocido fue un día a la finca. Sonrió y le dejaron entrar. Charló un rato con su madre, le hizo varias preguntas y la agarró del brazo.
Alicia tenía 13 años, su hermana 11.
El chico, de 22, disparó 5 veces. 4 tiros en el cuerpo, el último  en la sien.
Alicia y su hermana cubrieron a su mamá con una manta y corrieron descalzas colina abajo. Dice que no recuerda ningún dolor. Cosas de la adrenalina, supone.
Cuando regresaron con unos vecinos y la policía, se acuerda perfectamente del arroyo de sangre que emanaba del cuerpo. A partir del primer flash de la cámara fotográfica policial, nada más. Mente en blanco. Memoria bloqueada.
Tuvieron que buscarse la vida vagando por pueblos, trabajando en lo que había, cobijándose con quien podían.
Al asesino, miembro de un grupo paramilitar, le cayeron 18 años de condena. Ha cumplido 7 y ya está libre.


Alicia dice que vive con miedo, que no quiere que la mate a ella también. Tiene un hijo de dos años y no quiere que sufra.
Antes de ser padres, sonó una noche el teléfono de Alicia. Le perseguía la violencia.
Era Pedro, su pareja, que tampoco se llama Pedro.
Hablaba con dificultad, pero estaba sereno: “ Estese tranquila, no se preocupe”.
Le acababan de disparar en el pecho.
Volvía de trabajar en la mina de oro, cuando de repente se le paró la motocicleta. Consiguió llegar a una gasolinera y pidió que alguien le llevara a casa. De entre todos los ofrecimientos, eligió el de la moto más cara. Desde el asiento trasero, con las manos en el asidero y la mente abotargada, vio cómo varios motoristas los rodeaban. Descerrajaron los cargadores en cuestión de segundos. No iban a por él, pero las balas no piensan, y sin obstáculo que se interpusiera una le impactó en el pecho.
A su acompañante lo acribillaron.
Él, en el suelo, rodeado de agua aunque no recuerda dónde, comenzó a asimilar la realidad.
“No comprendo cómo funcionó el celular. Estaba mojado. Pero funcionó y la llamé”- dice mientras se levanta la camiseta para enseñarnos la cicatriz-. “Aun tengo el proyectil dentro”.
Ella mira a su pareja en silencio. “ Yo no me lo podía creer, otra vez no”- dice con la cabeza gacha cuando acaba el relato.
Alicia no vive en el país de las maravillas.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Jardín

A 3 horas en bus desde Medellín se llega a Jardín. Con casitas unifamiliares de baja estatura, todas en fila unidas por una misma fachada pintada de un color cada una.


Mirándolo desde arriba podría decirse que Jardín es un pueblo cuadrado, siendo todas sus calles además de coloridas y limpias, paralelas y perpendiculares entre ellas. Lo único que rompe esta estructura es la plaza central, una gran plaza en la que además de una inmensa iglesia, hay también un montón de bares, restaurantes y cafeterías que disponen de mesas y sillas en el exterior para observar todo lo que se cuece alrededor. También hay algunos puestos de artesanía y chiringuitos con comida rápida típica del país. Es una plaza llena de vida en la que uno no se puede aburrir.

 

En lo alto del pueblo una pastelería se puede visitar y como curiosidad que no se me olvide mencionar, que hasta las cocinas de dentro te dejan entrar. Así después mas ganas tendrás de un sinfin de dulces producidos allí mismo degustar.
Además, si se quiere disfrutar de toda la naturaleza y vegetación que rodean el lugar, hay varias rutas bien cerquita por las que se puede pasear y desde la altura todo el pueblo observar. Para mas detalle en la oficina de turismo te podrán informar.