lunes, 9 de octubre de 2017

Trabajo infantil en Ecuador

Niños vendiendo chicles en los buses, cocadas en las terminales, ropa en puestos callejeros.

Adolescentes imberbes negociando en la penumbra de una tienda el precio de unos jerseys, sonrisas tímidas de dientes chiquitos diciéndote que no tienen almohadas de viaje.

El trabajo infantil es una constante en Ecuador, desde los puestos de artesanía del norte otavaleño hasta los mini market del sur cuencano, recorriendo como un escalofrío todas los pueblos serranos que a modo de vértebras conforman su columna. No hemos ido a la costa ni al Amazonas, pero si el patrón fuera el mismo, la casuística aumentaría exponencialmente.

Hemos leído que los niños mineros bolivianos se organizaron  contra la reforma gubernamental que pretendía sacarlos del subsuelo para meterlos en las aulas. No nos ha llegado información de nada semejante en Ecuador, pero un rápido vistazo a internet nos ha rebelado que el gobierno ecuatoriano ya ha intervenido ante este fenómeno. Parece que el anterior gobierno de Correa había diagnosticado el trabajo infantil como un freno al desarrollo de la nación y una merma en los derechos del menor.

Lo quieren erradicar para 2020.

No tenemos base ni experiencia vital suficiente para  comprender la problemática del trabajo infantil, por lo que solo alcanzamos a lanzar hipótesis: mano de obra gratuíta con la que poder combatir un presente mísero aun a riesgo de condicionar el futuro del niño; La simple y tan manida ecuación " coste/beneficio", que arroja resultados más altos en el apartado del coste material; La fuerza férrea de algunas tradiciones indígenas ( Ecuador posee 15 pueblos indígenas distintos, con sus tradiciones, vestimentas y hasta lenguas propias. La diversidad hecha tesoro); El posible rechazo de los indígenas a un modo de vida que diluye su identidad milenaria...

No tenemos ni idea.

Lo que tenemos claro es que si los gobernantes quieren erradicar el trabajo infantil para finales de esta década les queda poco tiempo y mucho trabajo.

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