Motos por aquí y por allá, más de las que uno se pueda imaginar. Es imposible cruzar a ningún lugar, hay que salir a la carretera y dejarse esquivar. No hay más. Pero el arte que tienen los de aquí al conducir no se puede discutir...
En cambio si se va sin rumbo fijo, templos o pagodas seguro que se encontrarán, pues hay un montón escondidos por la ciudad, además del mausoleo de Ho Chi Minh, que solo por su tamaño es difícil de esquivar.
Y si se quiere disfrutar de algo auténtico y real, los viernes y sábados a partir de las 19:00 una de las calles más céntricas de la ciudad se cierra al tráfico convirtiéndose en un mercadillo en el que de todo podrás encontrar: ropa, accesorios o comida rápida preparada delante de ti por algúna persona local. Además, la calle que rodea el lago también se convierte peatonal, y es curiosa la atmósfera tan agradable que se crea, pues además de los turistas que pueda haber, son mayoría familias y grupos de amigos que pasean, dibujan o juegan tirados en el suelo con total naturalidad. Incluso gente que no se conoce entre si, se junta para compartir.
Por último mencionar el espectáculo de marionetas de agua tradicional, el cual aunque sea por ser algo diferente, no te dejará indiferente.
















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