Nos sucedió en Da Lat.
Alquilamos una moto para conocer los alrededores, le echamos gasolina, y la aguja subió. Obvio.
Lo que no nos pareció normal era la velocidad con la que la aguja comenzó a bajar. No llevábamos peso extra y las pendientes de las cuestas no eran anornalmente pronunciadas.
Algo no encajaba.
Seguimos nuestra ruta, y cuando la aguja empezaba a aproximarse a la reserva paramos la moto. Pero en vez de echar gasolina abrimos la tapa del tanque: ahí había líquido.
Continuamos nuestro día sin volver a mirar el medidor, y de repente, nos vino la jugada a la mente: suelen alquilar la moto con un litro de gasolina, lo suficiente como para que llegues a la gasolinera más cercana y le eches lo que estimes necesario ¿ Qué mejor forma de no tener que comprar nunca carburante, que hacer creer al consumidor que el suyo se ha agotado?
El conductor rellena, la moto llega cargadita, el que las alquila vacía el tanque, guarda el fuel en botellas de litro y cuando aparece un nuevo consumidor, éste recibe su moto con el litro pertinente.
¡ Tachán!
No hay comentarios:
Publicar un comentario