Barranquilla ha sido para nosotros una inmersión en el modo de vida nativo. Aprendimos lo que es un "centro de compensación", vimos un partido de la selección colombiana,por cierto, en horario laboral porque muchos negocios dan fiesta a partir del mediodía para que los trabajadores puedan verlo,
degustamos el ñapi con queso, frutas varias, jugo de tomate de árbol, y una receta cuyo nombre jamás recordaré, elaborada a base de yuca rebozada rellena de carne. Nos trasladamos en ciclotaxi, probamos el jugo de piña y el de naranja dulce y el melón acompañado de dulce de leche.
Supimos también que la ciudad se encuentra en obras para canalizar los arroyos que se forman con las lluvias torrenciales, y comprobamos en vídeo que los arroyos pueden parecer ríos cuando bajan crecidos calzada abajo.
Vimos cómo se compra fruta y verdura desde el balcón de un primer piso, llamando al frutero cuando pasa para que acerque el carro con la mercancía.
Pídele desde el balcón, él te lo lanzara y el intercambio monetario lo harás atando los billetes a una cuerda. Baja el monto y sube las vueltas.
¡Ah! Y desentrañamos un misterio que nos perseguía desde Cartagena:nuestro amigo se llama jején, es minúsculo y pica a través de la ropa.
Como veis, su voracidad ya la habíamos descubierto.



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