martes, 19 de septiembre de 2017

La catedral de sal de Zipaquirá, un templo sorprendente

Zipaquirá es un pequeño pueblo  cerca de Bogotá, lo que te permite olvidarte por un día de la mochila. Puedes dejarla en tu alojamiento bogotano y hacer una excursión de día. El stress de la capital seguirá esperándote cuando vuelvas.
En Zipaquirá, poco más hay que ver aparte de la grande y bonita plaza central, uno de los tantos vestigios coloniales del país.
Pero a 5 minutitos en coche del centro urbano hay una joya: la catedral de sal.
Es cara para los extranjeros, pero no sé si habrá algo igual en algún lugar del mundo. Quizá algun día lo descubra.
Mientras tanto, nos aventuramos en las entrañas de esta mina de sal, aun en funcionamiento, que ha prestado el 15 por ciento de su tamaño a una reconversión total. En forma y fondo.
En un recorrido de un kilómetro, que te lleva desde la boca de la mina hasta el altar, recorrerás el via crucis de Jesús, representado en diferentes escenas a los lados del camino,  talladas en roca de sal, y las explicaciones del guía te ayudarán a percibir aquellos detalles más conceptuales, los que se escapan a la vista.
También encontrarás una escena recordando la ceremonia de El Dorado, mediante la cual los indígenas nombraban al nuevo rey, y una detalladísima escultura en una de las paredes haciendo referencia a los elementos más significativos de la cultura indígena que poblaba la zona antes de la colonización cristiano española.
Es interesante percibir cómo los artistas juegan con la singularidad del lugar: las profundidades oscuras de las galerías, los suelos irregulares de las salas, la forma esférica del espacio que da lugar a la cúpula...
Es un centro de culto diferente que surgió a partir de la devoción de los mineros. Un lugar en el que si bien impera la iconografía imperialista cristiana, se ha tenido la deferencia de no olvidar por completo las raíces premonoteístas de los oriundos.
A fe que en esta catedral ha disfrutado más de un ateo.

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