miércoles, 27 de septiembre de 2017

Para obra de teatro

Conversación telefónica:

-Hola buenas, quisiera comprar un ticket para Popayán. Lo he intentado 3 veces por Internet pero no me deja terminar el proceso, pues al final, una vez metidos todos los datos bancarios me dice "transacción rechazada".
-Déjeme ver... ¿Usted tiene una tarjeta de crédito?
-Mmmm, claro (¿qué parte no habrá entendido?)
-¿Esa tarjeta es... internacional?
 -Sí.
-Ah pues es por eso, pues la compañía tiene restricciones para ese tipo de tarjetas.
-Vaya, pues hasta ahora no he tenido ningún problema...
-No, no, tranquila, el problema no es usted, es la tarjeta.
-Hombre ya, eso ya lo sé... (lo que faltaba) Bueno, pues quisiera comprar el ticket por teléfono.
-Entiendo (¿?). Y...para qué día?
-Para el 22 a las 7:45 de la tarde.
-19:45pm?
-Mmmm...7:45pm, sí (ejem).
-Listo. Y bueno,  quiere pagar en efectivo?
 -¿Qué? ¿por teléfono con efectivo? eh... (¡¿pero de dónde ha salido este tío?!)
-Ah sí, claro claro, tiene razón... bueno pues ¿con tarjeta entonces?
-Pues sí.
-A pero no, espere, la tarjeta no le funcionaba ¿verdad?
-Por Internet en vuestra página parece que no.
-A pues entonces no, no puede realizar la compra. ¿Desea algo más?
-A ver...y no puedo dejarlo reservado y pagarlo mañana en taquilla?
-No. Eso no es posible.
-¿Y qúé opción tengo entonces? la terminal me queda muy lejos...
-Bueno sí, el ticket se le mantiene hasta 2 horas antes.
-Entonces ¿me está diciendo que sí puedo comprarlo por aquí y que si voy a la terminal 2 horas de que salga el bus se me mantiene la reserva?
-Sí, eso sí.
-Ah pues perfecto, así lo quiero entonces. ¿y tendría que pagar en efectivo ¿verdad?
-No no, puede hacerlo con tarjeta.
-Ah, ¿sí? en taquilla entonces sí es válida la tarjeta?
-Sí, claro.

Buf...paciencia.

Y nada, el día 22, después de atravesar la loca ciudad de Bogotá pillando todos los trancones posibles, llegamos a la terminal. Son las 17:35, entramos corriendo y directos a la taquilla.
-A la orden.
-Buenas, tenemos reservado un billete a Popayan y lo tenemos que coger aquí.
La mujer no para de negar con la cabeza mientras hablo.
-Hablé ayer por teléfono con un compañero tuyo y quedamos en eso, en que recogería los billetes hoy aquí. Son 2 asientos en tercera fila...
-No, eso no puede ser.
-Por favor, podría mirarlo?
-¿Cuál es en número de reserva?
-Pues lo tengo que buscar, pero mientras podrías comprobarlo con el número de pasaporte?
-No...sin el número nada.
-Por favor: 369...
Sigue negando con la cabeza.
-¡ay! aquí está: ...
Escribe los números en el ordenador.
-No, no hay ninguna reserva.
Le mira a su compañero con una sonrisa despectiva...
-Pues es lo que acordamos ayer con un compañero vuestro por teléfono. Nos aseguró que llegando antes de 2 horas de la partida podríamos hacerlo así. Y mira, son las 17:40, faltan todavia 5 min.
Señalamos el reloj de pared grande que tienen en su mini oficina. Lo miran y alzan las cejas.
-Mire por favor con el pasaporte. 369...
La mujer ni escucha. Gira la pantalla del ordenador para mostrarnos que introduciendo el número de reserva no aparecen marcados como escogidos los asientos del bus de la tercera fila. Nos mira como con orgullo o desprecio, y no dice nada más. Ni si quiera nos mira ya.
-Por favor, compruébelo con el pasaporte....
La mujer accede a escribirlo por no aguantarnos más y de repente se le cambia la cara. Muestra incredulidad absoluta.
-Zuri...Zurie Higůera?
-Sííííí
La mujer está que no sabe dónde meterse, e intenta buscar una mirada complicidad de su compañero, pero éste, atento a todo lo que ha ido sucediendo, desvía la mirada como si no fuera con él el tema...

En fin, con lo fácil que hubiese sido hacernos caso desde el principio...
Pero la historia sigue, pues una vez confirmados los asientos y entregada la tarjeta de crédito para realizar el pago, nos pide que marquemos el pin en la maquinita. A priori esto es algo sencillo, pero no, pues la mujer intenta pasarnos la maquinita por debajo del cristal de la ventanilla. Evidentemente no entra, el hueco es demasiado pequeño, y además la forma de bañera que queda hace imposible que fisicamente pueda pasar. Lo vuelve a intentar, flipamos.
-Va a ser que no pasa...-décimos.
-Bueno pues ¿puede meter la mano y marcar la clave a este lado de la ventanilla?
-¿Qué? ¿por dónde? ...
-Sí, sí, inténtelo.
Ibai mete la mano raspándose toda la muñeca, marca como puede y le dice la mujer:
-No, así no, debe hacerlo más rápido.
-¿No sería más fácil que me abriera la puerta de la oficina y lo haga desde dentro?
Pero la mujer no quiere atender a razones y nada, vuelta a intentarlo. Las personas que esperan detrás y en las filas de al lado se parten de risa, cuchichean, comentan lo absurda que es la situación...¡vaya circo que se ha montado!

Pero bueno, a la tercera va la vencida se dice, y así fue. A la tercera empezando por atrás desde un número bien alto, porque vamos...
Y esta es la profesionalidad en todas sus formas de la compañía de bus Expresso Bolivariano, profesionales en desesperar al cliente y hacer que no vuelvan en al menos un año...

;)


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