Salir del aeropuerto, coger un taxi, darle la dirección del hostal y al de unos minutos de arrancar preguntarnos el chófer: "¿quién os ha recomendado ese lugar?" Todo ello mientras atravesamos la ciudad a oscuras pasando por unas calles nada atractivas. "Ups..." Pero bueno, resulta que el hostal está dentro de una urbanización privada con seguridad, asi que ni tan mal. Al día siguiente comprobamos que nos encontramos en un barrio un tanto marginal, con talleres y algún que otro pequeñísimo comercio, y casas familiares que con la puerta y ventanas totalmente abiertas exponen su interior a todo aquel que pase por enfrente, pero a su vez están protegidas con verjas bien cerradas.
De todos modos estamos contentos, pues a pesar de todo, el camino que nos lleva al centro es directo, facil, y aunque la distancia sea de 1'5km, nos da opción de hacer un interesante ejercicio de observación y aprendizaje.
El centro histórico es precioso, amurallado y con vistas al mar. Un montón de calles llenas de color por las que perderse y gente que va llegando a medida que avanza el día. Plazas, puestos callejeros con gran variedad de fruta tropical, tiendas...
Fuera del centro histórico está el barrio de Getsemaní, el cual puede parecer sucio y bullicioso al principio por el contraste con el centro histórico, pero a medida que se recorre uno se adapta fácil y llega a disfrutar de su ambiente bohemio y auténtico.
Cerca de estos 2 lugares está Bocagrande, un barrio que no tiene nada que ver con lo anterior. Altos y vulgares edificios en paralelo a una larga y poco bonita playa de arena oscura, eso es todo.
Y por último toda la periferia, en la que existen también barrios de chabolas.
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