domingo, 1 de octubre de 2017

Quito

Quito no nos ha gustado, pero empezamos a creer que, simple y llanamente, no nos gustan las ciudades grandes.

Y Quito es enorme.

En su descargo, admitimos que es una ciudad muchísimo más habitable que Bogotá. Posee zonas verdes amplias y bien cuidadas, calles y carreteras anchas, buena y variada oferta cultural...Y está  muy bien comunicada.

Su red integrada de transporte te  llevará a casi cualquier lugar de la ciudad de una manera bastante cómoda. La única dificultad para el viajero estriba en comprender qué autobús te lleva dónde, o cuántos transbordos realizar. Pero no os preocupéis mucho, la amabilidad de los quiteños solventa cualquier eventualidad: pregunta y se desvivirán por ayudarte.
Nos ha dado la sensación de ciudad amable a pesar de su tamaño, y eso es algo muy de agradecer.

En lo meramente estético, el casco antiguo nos ha decepcionado un poco. Si bien, al parecer, los edificios se mantienen prácticamente igual que hace siglos, la pavimentación moderna de la carretera le resta algo de magia. Solamente la calle Ronda posee aun ese adoquinado que  nos traslada al pasado.


En cambio, los amantes del arte sacro están de suerte en Quito: hay muchísimos templos cristianos diseminados por la ciudad, bastantes en el casco antiguo. A modo de ejemplo, puede observarse la cínica ostentación del poder a modo de interiores bañados en pan de oro, o la impresionante fachada de la basílica, que puede contemplarse desde muchos puntos del casco, ayudando hoy en día a orientarte. Suponemos que antaño sus funciones serían de dominación y recuerdo perenne de expiación. No ha cambiado tanto:  orientaba a aquellos que creían en dioses equivocados... Y de paso anclaba en sus cerebros las consecuencias de volver a desviarse del redil.


El palacio presidencial ofrece un tour gratuito por el interior, y han organizado un museo con la historia de Ecuador, añadiendo elementos simbólicos de las identidades ecuatorianas y los regalos que distintos estados han realizado al presidente.


Caminar por las dependencias palaciegas mientras van explicando su funcionamiento es curioso. Y de paso observarás que la glorificación de la simbología es igual de absurda en todo el mundo: ver a adultos maduros realizando genuflexiones ante un trozo de tela o un retrato me causa repulsión. Sea donde sea, y sea ante quien sea.


La iconoclastia como bandera.

A nosotros, personalmente, nos han gustado más los alrededores de Quito que la propia ciudad, y es que la hemos utilizado como base para realizar distintas excursiones de un día: Mindo y la laguna de Quilotoa. Nos encantaron ambas.
Finalmente decidimos no ir al volcán Cotopaxi. El elevado precio de la contratación del guía en contraposición con el poco tiempo de caminata nos convencieron de que no merecía la pena. A nuestro entender, 50 dólares por una hora de subida y apenas 40 minutos de bajada en bicicleta son demasiados ( por mucho que te lleven hasta ahí y te sirvan desayuno y almuerzo).

No pasa nada, vamos a saciar nuestras ganas de aventura en Baños de Agua Santa.

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