El nuevo aeropuerto de Sucre está a más de 30 kilómetros de distancia de la ciudad. Teníamos que pasar por allí al día siguiente, así que comenzamos a informarnos sobre cómo llegar.
Preguntamos a varias personas pero las respuestas eran confusas. Nadie sabía nada, y si sabían, no parecían querer saber.
¿ Cómo no va a haber transporte público a un aeropuerto?
No dábamos crédito.
¿ Que sólo se puede ir en taxi? ¡ Venga ya! ¡¡¡¿ A 60 por persona?!!!!
Esta gente ha perdido la cabeza definitivamente.
Tras mucho preguntar y marear, una señora nos dijo que había una parada de buses públicos a unas cuantas cuadras, pero que creía que no estaba operativa. Asiéndonos a esta pista asaltamos a un conductor de minibús. Le preguntamos por la ventanilla qué línea nos llevaría al aeropuerto nuevo, y su respuesta, con los ojos enrojecidos y una enorme bola de hojas de coca en el carrillo, fue otra vez que no, que sólo nos llevarían los taxis.
No entendíamos nada.
Decidimos ir al hostal, preguntar en recepción e investigar por internet.
Ante nuestra incredulidad, la respuesta del recepcionista fue la misma que nos habían dado en la calle. Algo muy raro estaba pasando.
Cogimos los móviles y nos encerramos en la habitación. Afortunadamente, porque no siempre es así en Bolivia, el wi fi funcionaba bien. Venga señor google, ilumínenos. " Cómo llegar en transporte público al aeropuerto de Sucre"
Las primeras páginas eran noticias, titulares de periódico. No suele ser habitual, así que cliqué 4 ó 5.
En varios de los textos especificaba que el precio del pasaje público era de 8 bolivianos. En otro, hacían referencia a la reglamentación del precio del trayecto en taxi: 50 bolivianos para una persona, 60 para dos o más.
No puede ser.
Puse de nuevo a trabajar el motor de búsqueda, esta vez intentando encontrar la ley. No la encontré, pero sí que aparecieron diversos artículos que corroboraban los precios. En el último que abrí, el periodista informaba de varias denuncias que pasajeros bolivianos habían interpuesto ante los abusos de los taxistas. Recuerdo especialmente el caso de un señor que debía coger un vuelo para ir a trabajar, y ante la premura por llegar no preguntó el precio antes de subir al taxi. Le cobraron 150 bolivianos.
Dejé todos los artículos abiertos en el celular y bajé a recepción.
-Oye, ¿cuánto has dicho que nos cobraría el taxi?
-60.
¿ Por persona?
-Sí.
-¿ Y por qué los periódicos del país dicen que la ley establece 60 el trayecto como máximo?
-¿ Qué? No tengo conocimiento de eso.
- Sí. También dicen que hay buses y valen 8 bolivianos.
- No hay.
Saqué el móvil y abrí una noticia.
-Lee esto-le dije.
El hombre se incomodó. Tras leerlo, me dijo:
-¿ Sabe? Esta línea existía, pero le hacía competencia a los taxis y a otras líneas de minibuses, y los sacaron de circulación.
-Cómo que los sacaron de circulación...
-Sí. Se juntaron hartos sindicatos de transportes y los sacaron de circulación.
- ¿ Y lo del precio del trayecto en taxi?
- No cumplen la ley. Ya no tienen competencia, así que los taxistas han acordado el precio de 60 bolivianos por pasajero. Es lo que pagaron unas turistas desde aquí mismo la semana pasada.
-Pues vuestros taxistas son unos hijos de puta. Llámale y díle que nos venga mañana a buscar, y que si no hay más remedio le pagaremos ese sobreprecio, pero me va a tener que escuchar llamarle ladrón de mierda.
El hombre se removía en su silla. Se levantó y caminó por el pasillo.
- No debe ser la primera vez que lo escucha, señor.
- Me da igual. A mí me va a tener que oír.
Subí a la habitación, y desde el patio que teníamos delante de la puerta escuchamos al recepcionista hablar por teléfono: " ¿ Por persona?"
Poco después subió a buscarnos. Nos llamó y nos enseñó una conversación por wasap.
- He conseguido que os lo rebajen a 80 en total.
De repente, el precio había bajado de 180 a 80.
- Sigue siendo más de lo estipulado por ley, pero gracias.
Al día siguiente el taxi nos esperaba puntual en la puerta del hostal. Nada más sentarnos le cayó la dentellada.
-¿Vosotros por qué cobráis más de lo que marca la ley?
-¿ Qué? - dijo para ganar tiempo y preparar su coartada-.
Yo había afilado la navaja.
- Que por qué pretendías cobrarnos el triple de lo que marca la ley. Y por qué aun con la rebaja tenemos que pagarte 20 bolivianos más del límite legal.
- No señor. Eso fue una confusión del hombre del hostal-. Comenzaba la milonga-. Ya lo he aclarado con él. Le explico: la carrera por una persona es 50. Si van dos, 60, si van tres, 80.
Zuri desenfundó la escopeta.
- ¡Vaya lógica! ¿ No deberían ser 70?
El hombre no sabía cómo salir de la situación, y nos dijo que tenía un pasajero más para volver a la ciudad, así que si volvíamos con él nos hacía precio, y que perdonemos la confusión , que la culpa no es suya, que es un malentendido del hostal.
Al final, de los 300 bolivianos que íbamos a pagar en un principio por ida y vuelta, nos cobró 130.
Pero el epílogo de esto es un regusto amargo cada vez más intenso, porque nos queda la sensación de que en Sudamérica no puedes bajar la guardia, y que aun con todos sus atractivos naturales e históricos, que son espectáculares, el trato en toda situación en la que haya dinero por medio me quita las ganas de volver.
Una pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario