El paisaje de las minas de Potosì es desolador, un cerro grande, mucha piedra, polvo y nada más alrededor.
La mina evidentemente es oscura, y nada más entrar hay que dejar pasar un rato para que la vista se pueda habituar.
Caminamos por un pasillo estrecho, y mientras tanto palpamos que hay un carril en el suelo. Seguimos avanzando despacio y la bota se mete en en charco embarrado. Todo el camino está inundado... a medida que caminamos empezamos a ver algo, aunque no se yo si esto es bueno o malo, porque para lo que vamos encontrando...
El techo es desigual, a veces alto y otros más bajo, con lo que tenemos que agacharnos para no darnos.
De repente el guía nos chilla que tenemos que correr, que unal vagoneta va a aparecer, con lo que avanzamos tan rápido como podemos y nos acurrucamos cada uno en el primer hueco que encontramos contra la pared. 4 chicos pasan por delante nuestro, los pobres llevan cara de sufrimiento, pues van tirando del carro lleno de piedras y minerales que han encontrado. Debe de pesar mucho más de lo imaginado.
Cuando ya han pasado, seguimos y vemos tuberías a nuestro lado en ambos costados, por los cuales pasa aire a presión que sirve para oxigenar la mina y eliminar los gases tóxicos que puedan salir de más abajo. El tubo tiene alguna fuga, y que mal rollo da escuchar el aire salir a nuestro lado, sobre todo cuando sientes que es caliente y que huele a algo no identificado ...
Llevamos más de media hora caminando mina adentro, y se va notando que la temperatura va subiendo, a la vez que hay menos aire y nos vemos en la obligacion de respirar profundo y lento...
Llegamos al lugar donde está el Tío, un muñeco grande y horrible que da miedo, y sobre todo aquí dentro. Los españoles lo metieron a modo de diablo para tener atemorizados a los mineros esclavos, pues los obligaban a trabajar aquí dentro sin salir al menos durante 4 meses largos. El Tío cumplió su función unos cuantos años, pero poco a poco la versión fue cambiando, ya que los mineros empezaron a verle como un Dios que podía ayudarlos. Comenzaron a hacer rituales junto a él para que les diera seguridad y prosperidad mientras estuvieran trabajando, y se convirtió en el Dios de la mina, pues se supone, incluso a día de hoy todavía, que le da seguridad y prosperidad a quien le hace ofrendas y lo mima.







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