jueves, 30 de noviembre de 2017

Ay ho, ay ho...

Que dura la vida del minero, no sé yo si compensa tanto sacrificio por un poco de dinero.

El paisaje de las minas de Potosì es desolador, un cerro grande, mucha piedra, polvo y nada más alrededor.

 

La mina evidentemente es oscura, y nada más entrar hay que dejar pasar un rato para que la vista se pueda habituar.

Caminamos por un pasillo estrecho, y mientras tanto palpamos que hay un carril en el suelo. Seguimos avanzando despacio y la bota se mete en en charco embarrado. Todo el camino está inundado... a medida que caminamos empezamos a ver algo, aunque no se yo si esto es bueno o malo, porque para lo que vamos encontrando...

El techo es desigual, a veces alto y otros más bajo, con lo que tenemos que agacharnos para no darnos.


De repente el guía nos chilla que tenemos que correr, que unal vagoneta va a aparecer, con lo que avanzamos tan rápido como podemos y nos acurrucamos cada uno en el primer hueco que encontramos contra la pared. 4 chicos pasan por delante nuestro, los pobres llevan cara de sufrimiento, pues van tirando del carro lleno de piedras y minerales que han encontrado. Debe de pesar mucho más de lo imaginado.

 

Cuando ya han pasado, seguimos y vemos tuberías a nuestro lado en ambos costados,  por los cuales pasa aire a presión que sirve para oxigenar la mina y eliminar los gases tóxicos que puedan salir de más abajo. El tubo tiene alguna fuga, y que mal rollo da escuchar el aire salir a nuestro lado,  sobre todo cuando sientes que es caliente y que huele a algo no identificado ...

Llevamos más de media hora caminando mina adentro, y se va notando que la temperatura va subiendo, a la vez que hay menos aire y nos vemos en la obligacion de respirar profundo y lento...

Llegamos al lugar donde está el Tío, un muñeco grande y horrible que da miedo, y sobre todo aquí dentro. Los españoles lo metieron a modo de diablo para tener atemorizados a los mineros esclavos, pues los obligaban a trabajar aquí dentro sin salir al menos durante 4 meses largos. El Tío cumplió su función unos cuantos años, pero poco a poco la versión fue cambiando, ya que los mineros empezaron a verle como un Dios que podía ayudarlos. Comenzaron a hacer rituales junto a él para que les diera seguridad y prosperidad mientras estuvieran trabajando, y se convirtió en el Dios de la mina, pues se supone, incluso a día de hoy todavía, que le da seguridad y prosperidad a quien le hace ofrendas y lo mima.


El tour a las minas es toda una aventura para el turista y un gran sacrificio para quien a ello se dedica...

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