El trayecto que pasando por Osorno te lleva hasta la frontera con Argentina es puro espectáculo. La cordillera colmada de nieves perpetuas se asoma rodeando lagos de agua azul, y la luz juega a resaltar rincones según el capricho del momento.
Tras unas cuantas horas de bus y unos trámites cansinos en la frontera, se llega San Carlos de Bariloche.
Es un pueblo grande, o una ciudad muy pequeña, dedicado casi por completo al turismo.
Los edificios del centro cívico están construídos en madera, y con el lago al fondo, pareciera un escenario de cuento.
Para los golosos, el paseo por la calle Mitre es obligado. A ambos lados de las aceras encontrarán distintas chocolaterías, y los empleados salen a ofrecer la degustación gratuíta del producto a todo potencial consumidor.
Pero el punto fuerte de Bariloche son los increíbles paisajes de alrededor.
Desde la cumbre del cerro Campanario se tiene una vista panorámica espectacular de casi 360 grados: lagos, bosques, colinas, montañas nevadas...
La caminata desde el cerro Catedral hasta el refugio Frei ( 2 horas 30 ó 2 horas 40) te permite adentrarte en esos bosques, y rodeando el lago Gutiérrez para dejarlo atrás, llegar hasta el refugio de la cumbre, a orillas de otro pequeño lago rodeado de praderas nevadas y un gran risco en el que practicar la escalada.



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