domingo, 24 de diciembre de 2017

El colombiano que quiere matar a dios

-Hay que matar a dios.

El colombiano se forja golpeando el dolor contra el yunque candente del sufrimiento. Su caracter se moldea a martillazos, a balazos, a machetazos, y las lágrimas se evaporan al fragor de la lumbre incluso antes de  salir.

- Para que la sociedad mejore hay que matar a dios.

Difícil objetivo.

- Planéalo bien, tiene la mala costumbre de resucitar- le digo burlón.

-No, hermano, en serio. Hay que matarlo. Las  religiones sólo han traído esclavitud.

Su cabeza vive pasada de revoluciones, como si cada instante perdido significara morir un poquito.

- ¿ Sabes por qué en la cumbia se dan pasitos cortos? Porque es la expresión metafórica de la distancia de las cadenas que les ponían en los tobillos a los esclavos que traían de África.

-No me gusta la cumbia- mi media sonrisa es un capote rojo extendido que él, cómo no, embiste.

- No puede ser, huevón. Es una de las venas que unen Latinoamérica.

También ve aspectos negativos comunes en el conjunto del continente. Unos son la violencia y la droga. La conversación gira de repente hacia la política. Parece que los conflictos armados tienden puentes capaces de atravesar continentes. Curioso. Nosotros contamos poco. Él se sirve otra taza de café que le calienta la lengua.

- No creo que FARC y ELN introdujeran cocaína en ningún trato con ningún grupo armado. Ellos no comercializaban la droga. Lo que hacían era cobrar peaje a cualquiera que circulara por sus tierras. Los narcos tenían que pagar por utilizar las vías que atravesaran los territorios dominados por las guerrillas. De hecho, desde el alto el fuego de FARC han aumentado las plantaciones de coca en Colombia.

Le contamos que nos hemos encontrado gente contraria al acuerdo de paz porque los guerrilleros van a cobrar más del doble del salario mínimo. O que eso nos han dicho.

Se ríe y argumenta.

- Esa es la revictimización de la derecha, compadre. Nadie cuenta que ese dinero sale de los fondos de la propia guerrilla. Se han expuesto a un proceso tutorizado por observadores extranjeros ¿ Cómo fue el desarme de los paramilitares de derechas? Pura mentira. Sin observadores, sin nada. Se quedaron con parte del negocio de la droga y nadie dijo nada. Pero qué iban a decir, si los había financiado el gobierno y EEUU.

Respira para decirnos que las guerrillas han cometido desmanes, pero que tuvieron un nacimiento muy digno. Se constituyeron como grupos de autodefensa ante latifundistas que querían quedarse con tierras campesinas.

El colombiano que quiere matar a dios practica la idolatría. Su actitud iconoclasta se derrumba dependiendo de la doctrina elegida.

Se ríe con la imagen mitificada que parte del campesinado tiene sobre Tirofijo. Es una sonrisa cómplice, casi paternal.

- Hay dibujos de él rodeado de militares sin que lo alcance ninguna bala. Como si fuera Rambo.

Ve muy negro el futuro de Colombia. Según él, sin guerrilla que ejerza de contrapoder ante el narco, el poder de los carteles aumentará exponencialmente.

- No, hermano. En Colombia la paz está muy lejos. Recién empieza una guerra distinta. Somos colombianos.

Y descerraja a discreción una ráfaga de carcajadas por si, aunque sea por descuido,  alguna alcanzara a dios en pleno corazón.

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