martes, 12 de diciembre de 2017

La Serena y Coquimbo

La Serena sólo es interesante si te apetece descansar unos días en su kilométrica playa. Con el faro como referencia, su paseo marítimo la une con Coquimbo en unas dos horas de caminata.


Los complejos residenciales del principio van dando paso poco a poco a bares, hoteles y restaurantes. Después, casitas pequeñas unifamiliares anteceden a un casino bien grande. Superado la mitad del paseo el lustre va quedándose atrás dando paso a un paisaje más hosco que anuncia la llegada inminente de la ciudad portuaria, ruda y ennegrecida, de Coquimbo.

Te dará la bienvenida una comuna de lobos de mar que retozan junto a la carretera con sus fauces pegadas a la valla que los separa de la calzada, y un mall moderno que parece la avanzadilla del cambio de paradigma que parece sufrirá Coquimbo a no mucho tardar.

Su caleta y el barrio inglés, así como varios barcos oxidados encallados, nos hablan de un pasado reciente de corrientes y vientos no siempre favorables, de un pretérito de duros piratas primero y pescadores de piel curtida al sol después.


Los balcones del barrio inglés nos narran literalmente las historias que conforman su Historia, a través de muñecos a tamaño real asomados a las balconadas de las fachadas de sus edificios históricos y placas explicativas sobre los protagonistas y hechos que forjaron, en torno a su puerto y el olor a salitre, lo que hoy en día es Coquimbo.



Superado el barrio inglés, a no más de diez minutos, el paisaje vuelve a cambiar. Sigue siendo Coquimbo, pero no lo parece.

Un contexto rocoso, parecido a los escenarios de western hollywoodienses, se descubre salpicado de casas de madera de un solo piso que han sido edificadas sobre las rocas. Literalmente.

Es curioso que tablas de madera alcen sobre suelo inestable viviendas familiares en un país sísmico.


Tras este barrio, se llega al fuerte que defendía la ciudad de las incursiones corsarias y al faro que hoy defiende a los navegantes de los naufragios.

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