martes, 23 de enero de 2018

Oscuridad y canto en Ilha Grande

En Abraao no se corta la luz mientras el sol esté en el cielo. Cuando cae, cada noche, o cada tormenta, son una lotería.
Las calles sin asfaltar y sin vehículos terrestres a motor ( a excepción de la ambulancia y la moto de la policía militar) se llenan de gente en sandalias que busca dónde aplacar el calor vespertino. Ahora corre esa brisa marina nocturna que revive a los muertos que asesina el sol. La música en vivo de los locales rivaliza con el concierto que ha organizado el ayuntamiento en la plaza principal.
Cada visitante encuentra poco a poco su lugar.
En una terraza de un bar un hombre toca " la bamba". Aferrado a su guitarra y conectado por cable a un pequeño amplificador, ha conseguido poner al público a bailar uniendo el final de la canción con una versión de Elvis Presley.
A su lado un grupo de hombres de piel curtida bajo el sol brasileño, de esos que se dedicaban a la pesca antes de cazar turistas, de los que han sacado las redes para lustrar las barcas y reciclarlas en barco-taxis, cantan y bailan con sus sempiternas viseras ajustadas a la cabeza. Hace horas que no hay sol, pero hace décadas que las gorras son ya parte de ellos. Calor y sal.
De repente nos quedamos a oscuras. Ha vuelto a fallar la luz, y el amplificador no funciona. Apenas se intuye la guitarra.
Pero estamos en Ilha Grande, aquí la electricidad es secundaria.
Los marinos no están dispuestos a finiquitar la fiesta, así que se ponen en pie y comienzan a dar palmas. Quieren acompañar con sus manos lo que queda de melodía. Aunque no se oiga.
Van sumándose poco a poco los demás comensales, y nos unimos también los que estamos en la calle.
Termina la canción, pero ellos  no.
Tras comprobar unos segundos que seguirán a oscuras sin saber hasta cuándo, ponen en marcha su segunda estrategia: comienzan a cantar en grupo una conocida canción brasileña.
La estratagema ha surtido efecto. Todo brasileiro que pasa frente al bar tararea, canta o baila.
La única luz segura en Ilha Grande es la del sol, pero qué importa eso cuando hay ganas de reír.

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