lunes, 1 de enero de 2018

Puerto Montt, Puerto Varas y Chiloé

No teníamos planeado bajar más al sur de Santiago, pero todos los chilenos coincidían: tenéis que ir al sur.

Les vicimos caso y tras Valdivia, Niebla y sus alrededores, seguimos hacia Puerto Montt.

Nos pareció una ciudad fea y mal cuidada, aunque el paseo marítimo ofrece una buena vista de la isla de enfrente y un horizonte cubierto de niebla que le aporta cierta mística de cuento al paisaje. Puerto Montt ha sido una ciudad de marinos, y eso ha dejado impronta: casas de distintos colores pegadas la una a la otra, un ambiente un tanto oscuro y borrachos tirados en la costanera "amenizando" tu paseo.

Pero a menos de una hora en bus está Puerto Varas, y es otra historia. Desde su paseo marítimo las vistas son preciosas: el lago, montañas y volcanes.

El pueblo está construído en gran parte con edificios de madera, y eso le aporta un encanto distinto.  Además, no muy lejos de allí transcurre el río Petrohue. Visitar los saltos, a nuestro entender, no merece la pena si eres extranjero. Son bonitos, pero la tarifa de entrada para " no chilenos" es totalmente desproporcionada, ya que una vez dentro del parque nacional, solo hay tres senderos en los que poder caminar, y el principal, el que conduce a los saltos, se recorre en apenas 5 minutitos.


Una alternativa a esta atracción, y gratuíta además, es seguir unos cuantos kilómetros más adelante por la misma carretera que lleva a los saltos, y acceder al lago " Todos los santos". Desde la orilla del lago la vista es abrumadora, la Patagonia te abre sus puertas con todo su esplendor: colinas selváticas limitan el lago a tu derecha, el colcán Osorno, nevado, domina el entorno a tu izquierda, y delante, al otro lado del lago, la cordillera imponente te informa orgullosa que al otro lado está Argentina.


Si se quiere ir a Chiloé hay buses directos desde Puerto Montt. Este archipiélago posee una fuerte reputación mística, pero nosotros estivimos solamente un día. Visitamos Castro, la capital de la mayor isla, entre lluvia y viento, lo que nos desanimó. Aun así, decidimos ver algo más de la isla antes de volver a la tarde a Puerto Montt. Recorreríamos a dedo la parte norte y cogeríamos el ferry de vuelta en la localidad de Ancud...



Pues ni una cosa ni otra. Fue el destino quien decidió por nosotros, porque Andrés,  que así se llama el camionero que nos recogió, se ofreció a llevarnos hasta el mismo Puerto Montt.

Aceptamos, y así comenzó nuestro trayecto de 300 kilómetros con Andrés en su flamante camión Mac sin marchas manuales y 4 frenos distintos, todos los que no tuvo la vida de su conductor.

La energía de Andrés nos contagió y horas después descendimos sonrientes del camión.

Todo un personaje.

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