domingo, 25 de febrero de 2018

Aventuras africanas: chapter 2

Comenzábamos expectantes nuestro road trip hacia Namibia y Botswana.
Antes de llegar a la frontera namibiana habíamos programado dos noches en suelo sudafricano: una en Kimberley y otra en Upington.

En la primera ciudad encontramos un camping a precio asequible.  La zona de acampada estaba tras varias edificaciones que también servían de alojamiento, pero que eran bastante más caras.

En la recepción una mujer malencarada nos conminó a explorar la zona antes de aceptar colocar la tienda. Al llegar al lugar lo entendimos: los monos campaban a sus anchas.

No nos importó. Sería una noche "diferente".

De lo que no nos dimos cuenta fue de la pésima calidad del suelo. Nos estaba costando horrores asentar la tienda, por lo que pedimos ayuda. El encargado de seguridad llamó a unos clientes jóvenes y les dijo: " id a ayudadles, quizá luego os den algo".

Clase expresss de los códigos sudafricanos.

Al principio, nuestros ayudantes resultaron ser aun más desastrosos que nosotros Intentaron colocar la tienda al revés. Cuando les dijimos que no, que eso era el techo, se mirararon extrañados.

Esto iba a ir para largo.

Al fin conseguimos colocar la tienda  y tras darnos un más que reconfortante baño en la piscina, cenamos y nos acostamos.

Contrariamente a lo que preveíamos, los monos que durante oa tarde tan atentamente nos observaban no aparecieron en toda la noche. Pero no fue una noche del todo apacible. Era fin de semana, y el alojamiento resultó ser el lugar elegido por los lugareños para correrse la juerga.

Es lo que hay.

Madrugamos, recogimos la tienda y pusimos rumbo a Upington.

Íbamos con tiempo de sobra, todo iba perfecto, por lo que tendríamos toda la tarde para disfrutar.

Un par de horas antes de llegar sonó el teléfono. Eran los del seguro médico, que nos preguntaban por nuestra salud, a cuenta de un chequeo médico que solicitamos en Brasil, y que como les explicamos, fue un auténtico chiste. Acordamos realizar uno con profesionales competentes a nuestra llegada a Upington.

La visita al médico demoró varias horas, pero se saldó con un "todo en orden".

Momento de buscar alojamiento.

Fuimos al que, decían, era más barato.
Al llegar, la sorpresa fue mayúscula:" chicos, no vais a encontrar alojamiento en todo Upincton. El ejército lo tiene reservado todo".

- ¿ Y algún camping aunque sea?

- Hay uno. Pero no es seguro. Lo único que se me ocurre es que probéis en el siguiente pueblo.

Según maps.me, el siguiente era un pueblito. Muuuy pueblito. Solo logramos atisbar un alojamiento.

No era buena idea, comenzaba a anochecer.

Otra opción era viajar de noche hasta llegar al siguiente punto de nuesra ruta, y dormir por la mañana. Pero debíamos informarnos bien para no dar pasos en falso.

¡ Cómo? No conocíamos a nadie...excepto al médico que nos había atendido.

Volvimos a la consulta muertos de vergüenza, y le explicamos la situación.

" Definitivamente no es buena idea que viajéis de noche. Esta es una zona de mucha vida salvaje, y los animales se  mueven por la noche. Conozco a gente que ha muerto al chocar con kudus".

¿ Qué hacer?

El médico consultó páginas de internet y levantó el teléfono.

Preguntó en varios lugares y discutió en otros.

Al final encontró un hotel que no nos disparaba el presupuesto en exceso.

Nos dieron la habitación y tras cenar, subimos a descansar. Estábamos en la planta baja, al otro lado de la pared había un jardín y entre la hierba, en algún lugar, un híbrido entre grillo y mamut ¡ Qué potencia la de esos pulmones!

Parecía que estuviera acostado con nosotros.

Preguntamos si tenían otra habitación en los pisos superiores, y solo les quedaba una con la cerradura rota; No podía abrirse por fuera si no era con una llave especial.

Perfecto. Nos la quedamos.

Y a dormir, que ya va siendo hora.

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