miércoles, 16 de mayo de 2018

Un paseo por Bali

La isla de Bali no es ese paisaje sembrado de playas paradisíacas que la publicidad nos ha vendido durante años. No hay sucesiones de cocoteros acariciando la refulgente arena blanca, ni vista panorámica de bahías que vuelva a la mente años después para aplacar un sueño agitado.

Pero Bali no necesita eso porque Bali tiene casi de todo.

Surf  en distintos puntos de la isla, sobre todo en el sur. Submarinismo o snorkel en fondos repletos de peces de mil colores en el norte. Playas de arena blanca, pero también negra. Playas tranquilas y con olas. Playas grandes y pequeñas, con barcos y sin ellos, abarrotadas de gente y prácticamente vacías.


Tiene montañas, volcanes y lagos que admirar o arrozales de un verde intenso contrastando con el cielo azul.

La paciencia y la cautela deberían acompañar al casco si se alquila una moto, pero es posible perderse  por caminos mal asfaltados observando el día a día de la vida rural, tan cerca y a la vez tan lejos del ruido y trasiego del turismo de masas. Quizá incluso te cruces entre huertas con algún lagarto de gran tamaño.

Dejando la sucesión de playas de la península de Bhukit y Kuta al sur, subiendo al ritmo que la vida dicte, aparecerá Ubud más o menos en el centro de la isla. Es el primer y casi único núcleo urbano organizado de forma reconocible para el occidental. Los demás son hileras de viviendas tradicionales y warungs ( restaurantes locales) a ambos lados de la carretera.

En Ubud cambia el estilo de vida. Pasas del surf a la danza tradicional, del mar a los curiosos templos y el no menos chocante palacio real, del paseo marítimo al aprendizaje de técnicas de pintura clásicas como el " batik",


de la pelea con los timadores del cambio de divisa de Legián al yoga, o como en nuestro caso, a una clase introductoria de un arte marcial.

Ubud es uno de esos pocos lugares donde pese a los muchos turistas que recibe no te importa alargar tu estancia.

La moto te permite descubrir el interior de la isla, circular por un vergel salpicado de distintos tonos de verde, cocoteros, jungla, monos, flores...Los arrozales de Tegalaland, bien cerquita y preparados para el turista, o si lo deseas, alejarte unos 40 kilómetros hasta los más grandes y reales de Jattilowih.


Tras Ubud, cuanto más al norte, menos turismo.

La carretera costera que enlaza Padangbai con Permuterán deleita con árboles a cada lado, escenas de vida campesina, playas agradables en Candidasa ( donde vimos además a lugareños en pleno ejercicio de meditación), un snorkel precioso en Amed aderezado  por la vista del volcán intentando esconder la testa tras el biombo de la bruma.


Permuterán no es bonito, tampoco su playa, pero es un lugar donde se respira tranquilidad, donde la forma de vida se mece al ritmo de la  brisa y las corrientes marinas. Allí podrás hacer submarinismo con un profesor de habla hispana, o como en nuestro caso, en euskera. Sí, scuba dive en euskera, en Bali.

Bali son también los desayunos en la habitación de tu homestay,


la amabilidad de la mayoría de la gente, estatuas que no sabrás dilucidar si te gustan o no,

ofrendas de todo tipo a no sé cuántos dioses distintos,


granos de arroz en la frente y la garganta de la gente a modo de avalorio... Bali es disfrutar de los detalles.




Y Bali es, por supuesto,  un epílogo de colores intensos narrado por sus himnóticas puestas de sol.





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