Hemos escuchado varias recomendaciones de ir a tal o cual lugar porque aun es auténtico. Al preguntar por su significado, casi siempre sale a relucir que está sin explotar, y entre otros argumentos de mayor o menor peso, me llama la atención aquel que hace mención a la dificultad en el transporte.
Hemos conocido a viajeros embelesados por lo rural de un país, o a quien la precariedad de las comunicaciones le parece sinónimo de autenticidad. Y me da qué pensar.
Pienso que viajar es un hobby, un vicio, puramente burgués. Aquellos que tienen, tenemos, dinero suficiente para sufragarse la circulación a través de la vía de escape de nuestra cotidianidad terminan loando muchas veces contextos socioeconómicos cuyos habitantes jamás podrán permitirse salir del país. Algunos ni siquiera de su aldea.
Son lugares auntentiquísimos aquellos en los que la inmensa mayoría de los viajeros no viviríamos. Porque nosotros sí podemos elegir, y por lo tanto, visitamos fugazmente poblados de adobe y bambú sin alcantarillado, admiramos las sonrisas de los lugareños, acumulamos recuerdos que después rumiaremos satisfechos, y seremos rastros efímeros en caminos trancados donde la vida sigue igual que hace décadas.
No termino de entender por qué la falta de desarrollo es auténtica para aquellos que vivimos en sociedades desarrolladas.
¿ No son de verdad Bangkok, Kuala Lumpur o Ciudad del Cabo, urbes enormes sin rasgos tradicionales?
No comprendo la pena por que tal joya inexplorada vaya a explotarse en algún momento ¿ Por qué ansiamos la exclusividad? ¿ Y si el turismo permite que las infraestructuras avancen y los lugareños recorran en 30 minutos distancias en las que ahora se demoran 5 horas? ¿ Qué tiene eso de malo si se hace de manera sostenible tanto para la población como para la naturaleza? ¿Por qué hemos de negar a los demás facilidades de las que nosotros disfrutamos?
Somos viajeros de huella deleble persiguiendo un recuerdo indeleble. Y en ese trasegar, amigo, en ese querer recordar, nos olvidamos de que somos plural, de que aquellos que ya están donde nosotros hemos llegado seguirán estando cuando nos vayamos. Y de que tienen el mismo derecho a tener derechos que los que hemos nacido con un pan debajo del brazo.
Somos unos pijos. No nos convirtamos también, por favor, en cínicos hipócritas.
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