Acto seguido merece la pena volver a montar en el bus y llegar hasta Guatapé pueblo. Es chiquito pero muy muy curioso y bonito, como sacado de un cuentito. Todas las fachadas de las casas tienen zócalos, y aunque muchos de ellos son del siglo XX, a día de hoy se pueden encontrar modelos más sofisticados y personalizados, ya que son los propios dueños de las casas y locales quienes las encargan para que se las hagan. El pueblo es por lo tanto totalmente colorido y entretenido, pues los zócalos están llenos de historias y contenido.






Zuen istorioetan murgiltzeak... ...arratsalde euritsu ta zistrin hau alaitzen du!!!
ResponderEliminarMosu potolo abañotik...