La plaza central está ocupada por un montón de puestos que Ecuatorianos con vestimenta tradicional atienden medio traspuestos. Eso sí, en cuanto pasas por al lado, te huelen y resucitan fugaces como rayos. Hay mucho colorido, y lo que se puede encontrar sobre todo es bisutería, cuadros y prendas de vestir hechas con alpaca para no pasar frío. Y parece ser que si se va en domingo, todo el pueblo se llena hasta el infinito (pero esto no lo hemos podido comprobar, otra vez será).
El resto del pueblo son calles sin más con un montón de hostales, algunos locales donde comer, tienditas donde algo se puede comprar, y poco más, alguna placita y coches locos que te hacen resoplar cada vez que de un lado a otro quieres pasar. ¡Ah! y si quieres tomar café o bebidas calientes hay que ir a los restaurantes, pues no hay apenas cafeterías, solamente alguna escondida por ahí, cara y elegante.
Algo que nos ha llamado la atención es que conviven con perfecta armonía las culturas indígenas con la occidental, algo que para nosotros no es habitual.
Por último decir que a unos 3km del pueblo está la cascada de Peguche, la cual se encuentra dentro de un bosque. Es un lugar tranquilo y bien cuidado en el que se puede pasear a través de un corto recorrido, acampar o refrescarse en una pequeña piscina un ratito.





No hay comentarios:
Publicar un comentario