sábado, 30 de septiembre de 2017

Quilotoa

El viaje desde Quito teniendo que coger al menos 3 buses se hace largo, pero el paisaje que se atraviesa desde Latacunga hasta Quilotoa es infinitamente bonito. Una sensación de paz y tranquilidad se siente a la vez que uno piensa que más arriba no se puede ir a parar, y por lo tanto también es posible que entre un poco de ansiedad...

Inmensas explanadas en las laderas de las montañas, alguna que otra solitaria cabaña y personas anónimas que suben y bajan del autobús en el medio de la nada. ¿Aquí?¿En serio? son indígenas que llaman la atención: su vestimenta típica, las mejillas coloradas que parece que las tienen con el sol quemadas, la sonrisa en la cara y ese brinco que dan cuando del autobús bajan para caminar derechos hacia algún lugar que no se puede imaginar...

 

Lo que daría por charlar un rato con alguno de ellos para conocer algo de sus vidas e intentar entender por qué y cómo es que se quedan a vivir en este remoto lugar  en vez de a la civilización bajar. Realmente ser capaz de vivir aquí es de admirar.

Mientras uno se queda ensimismado en sus pensamientos, llegamos a Quilotoa, una minúscula aldea a 3800m. de altura en pleno desarrollo tuŕistico. Diversos hostales, restaurantes y tienditas de artesanía llenan el espacio, y una vez atravesado, se llega a un panel que informa sobre posibles rutas y sobre el lago, el cual se puede observar desde lo alto y después es posible acercarse caminando unos metros hacia abajo.


¡Es increíble! ¡hermoso! ¡realmente grandioso! y aunque desde arriba es ya de por si espectacular, merece la pena bajar, pero hay que tener cuidado, pues el trayecto es arenoso con piedritas y totalmente empinado. Casi al final del camino hay otro mirador con unos banquitos de madera, desde los cuales uno puede sentir el silencio y admirar el paisaje de otra manera. Y ya abajo del todo hay una explanada donde se puede acampar y también es posible alquilar kayaks para "navegar".


Por último, cuando toque subir de vuelta no hay problema, pues si uno quiere, pagando 10$ por persona, caballos o mulas te llevan hasta arriba, los cuales son guiados por indígenas o niños menores que en vez de estar en la escuela trabajan día y noche.



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