domingo, 17 de septiembre de 2017

Una historia corriente de acá


¿Y qué si de repente estás comiendo en casa de una familia con la que te acabas de encontrar, la cual te quiere prestar su hogar para descansar, y te comenta como si ná todo lo que a continuación os voy a contar?

"Acá en Colombia la situación económica y laboral está muy mal. El primer puesto de trabajo solo te lo dan si 3 años de experiencia puedes demostar, ¿pero cómo carajo lo vamos a lograr si el primer paso no nos lo permiten dar? yo vivo de mi chico, quien trabaja 14 horas todos los días menos el domingo, y mientras, yo me quedo en casa cuidando a nuestro hijo. Es por esto que alojo a gente en casa, pues si no me aburro como una pasa, todo el día sin salir y sin tener a nadie con quien compartir. Con todos ustedes lo poco que tenemos queremos compartir y eso me hace feliz. Hoy tenemos plata y podemos ofreceros algo más que una papa, pero no siempre nos llega, por lo tanto si hubieran llegado uno de esos días, cada uno se tendría que buscar la vida.

En cuanto a la educación, la escuela es obligatoria acá, pero esa no es la realidad, pues si el niño no lleva el uniforme puesto o le falta algún complemeto, literalmente no lo dejan entrar dentro. El tiempo pasa y el niño no avanza, pero esto no es importante en la balanza. Nosotros no teníamos para comprar zapatos, y fue uno de los profesores, que al de un tiempo de no asistir, le pudo regalar unos de colores, con los cuales, al fin, pudo entrar en el cole".

Esta joven pareja acaba de alojarnos hoy domingo a nosotros y a otras dos chicas. Escuchamos todos con atención y se nos corta la digestión. Me siento fatal comiendo de este plato que la joven mujercita de 24 años nos ha preparado con su mejor intención lleno de arroz, ensalada, aguacate, huevo frito y patacón.  


Pero seguido a esto, nos dice que si queremos conocer otro cuento. Sin saber qué contestar, medio asentimos sin pestañear, con lo que ella vuelve a hablar mirándonos sin parar:

"Mi hermana pequeña, mi mamá y yo fuimos desplazadas por violencia, con lo que tuvimos que huír sin poner resistencia. A mi mamá la mataron cuando yo tenía 13 años. Yo lo vi, todo sucedió frente a mí. Estaba con mi hermana cuando de pronto alguien a la finca entró, con mi mamá charló, y al de poco del brazo la agarró, cuatro tiros le pegó,  y con un balazo en la sien la remató. La tapamos y a pedir ayuda salimos, hasta que con la policía volvimos. A partir de que la sacaron fotos, mis recuerdos son borrosos, el flash que la iluminó, a mí me apagó. A partir de ahí nos tocó buscarnos la vida, pero eso ya es una historia que no termina".

Tragamos saliba atascándosenos la comida...

"Pero eso no es todo, a mi chico también lo dispararon. ¡Ay, no! ¡otra vez no! pensé cuando escuché al otro lado del celular su agitada voz cuando me telefoneó. Él volvía de trabajar de la mina cuando su moto se le estropeó. Hasta una gasolinera caminó y si alguien lo podría ayudar preguntó. De entre todas las ofertas en la moto más elegante de paquete se montó, y al de unos pocos metros una banda los acorraló y el tiroteo comenzó. Al conductor lo mataron sin temor, y a él mientras escapaba, una bala el pecho le alcanzó. No sabe cómo pero metido en el agua acabó, y lo primero, el celular totalmente mojado cogió y me llamó. Mi corazón a mil por hora latió, y el pánico me rodeó, pero afortunadamente en un gran susto quedó.

¿Y bueno, han acabado? muévanse y vayan a caminar, que el pueblo tiene mucho que mostrar".

No conseguimos ninguna palabra articular, por lo que con un estropajo viejo y sin jabón, que no lo hay, nos ponemos a fregar, a ver si así nos podemos un poco despistar o despejar. Después sí, creemos necesario que nos de el aire, pues todo lo escuchado nos ha venido muy grande. Al de unas horas volvemos a casa, jugamos con el niño y charlamos sobre tonterías varias. Pero al acompañar a la chica al cuarto para que nos diera unas mantas, su mamá le vuelve a venir a la mente y nos pregunta si una única foto que tiene de ella queremos que nos muestre.

"Yo soñaba con ella todos los días. Siempre la misma imagen, un arroyo, un río, la mar...agua al final, y en ella mi madre invitándome a que me fuera con ella. Vaya pesadilla y qué agonía, yo ya no sabía ni lo que quería ni lo que debía. Hasta que tuve a mi hijo y una noche a mi madre le planté cara, hablándole en voz alta y clara: -déjame vivir, contigo no me puedo ir. Tengo un hijo al que tengo que atender, y como no quiero que pase lo mismo que yo, mucho le tengo que querer sin separarme de él-.

Nos muestra la foto y sus ojos se ponen llorosos. Toda la naturalidad y frialdad que durante el día ha mostrado se acaban derrumbando, y nosotros, acto seguido, le damos un fortísimo abrazo, mientras que la carne de gallina asoma en mi brazo. El hijo de 2 años muy atentamente nos mira, y en cuanto nos separamos, él se le lanza encima. 

Madre mía, vaya vida... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario