sábado, 14 de octubre de 2017

Alrededores de Chachapoyas: Kuelap y Gocta

A Chachapoyas hay que ir aunque solo sea por el nombre.

Pero resulta que aparte de la tontería de crío inmaduro, hay lugares bonitos que visitar.

En la zona habitó la cultura preincaica "chachapoya", y varios de sus vestigios han llegado hasta nuestros días. Los amantes de la historia disfrutarán con petroglifos, tumbas alojadas en grietas en la pared vertical y la joya de la corona ( o lo que fuera que se pusiera el jefe de la tribu ): Kuelap.

Este recinto amurallado, al parecer de fines defensivos, está enclavado en un entorno natural de postal. Rodeado 360 grados por montañas que rondan los 3000 metros, cuesta imaginar que alguien pudiera asaltarla. Pero los incas lo hicieron.



Las ruinas están en bastante buen estado, y no es difícil hacerte una composición mental de cómo pudo ser aquel lugar en la antigüedad: un pasaje angosto de entrada que desemboca en forma de  embudo, casas redondas pequeñas, la pila ceremonial...Y estés donde estés, un horizonte de verde intenso y pálido azul.

Por si fuera poco, que no lo es, el trayecto hasta Kuelap también es un deleite. Se remontan las montañas durante alrededor de 20 minutos dentro de una cabina de teleférico. Y allí, mirando las escarpadas laderas y los picos que asoman detrás de las primeras cumbres, vuelves a preguntarte cómo pudieron los incas tomar ese lugar.

Pero no todo son ruinas, porque alrededor de Chachapoyas encontrarás, si estás dispuesto a combinar bus colectivo, mototaxi y piernas, la tercera cascada más alta del mundo: Gocta.



Se divisa muy a lo lejos desde el mototaxi que te acerca al inicio del sendero,  y una vez allí, ya se diferencian las dos alturas que la componen. Ahora toca caminar un par de horas para llegar  a la base. A medida que te acercas se va tomando conciencia de las dimensiones de la caída de agua. Si se madruga, es bonito disfrutar en soledad de la visión del caudal llegando al pozo ya en forma de cortina, disipándose su fuerza inicial vencida por el viento y la gravedad.

No está de más aceptar que en Perú es posible tener un accidente de tráfico en cualquier momento. Los conductores de los colectivos conducen como si ni fueran conscientes de su condición de mortales. Si a esta ecuación le sumas el agravante de que en poco más de dos horas jugaba un partido clave la selección de fútbol de Perú, los condicionantes estaban servidos.

Nos tocó el accidente volviendo de Kuelap. Afortunadamente, fue muy leve y no hubo ningún herido. Solamente el vehículo, que se quedó recostado en la cuneta sobre la ladera de la montaña. De hecho, lo peor es la sensación de que es posible que no sea el último percance vial que suframos. Ojalá no sea así, pero hemos comprobado en los dos países en los  que hemos cogido colectivos que muchos de los choferes creen estar en un circuito de Fórmula 1.

Toquemos madera y a seguir disfrutando.

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