miércoles, 18 de octubre de 2017

Huaraz

Llegamos a una de las terminales de Huaraz y comenzamos a andar con el objetivo de encontrar en el centro de la ciudad un lugar donde nos podamos alojar. Aunque con la hora que es no tenenos claro si alguien nos querrá contestar...

Son las 5 de la mañana y la ciudad duerme, todo parece desangelado, y lo que nos rodea tiene un tono gris y apagado. Pero a las 5:45, cuando el sol se despierta y asoma de detrás de la puerta, una realidad distinta se presenta.

Poco a poco se empieza a ver gente por la calle, y para las 7 todo fluye. Hay un hostal en cada cuadra, por lo que vamos tocando el timbre para ver si lo que nos ofrecen nos encaja. Hay mucha competencia, pero esto no es ciencia, así que hay que negociar con calma y tomarlo con mucha paciencia. Y por primera vez se nos hace difícil negociar, pues esta gente de aquí no quiere jugar, así que con lo menos malo nos tendremos que conformar. Pero al final no nos ha salido nada mal, pues hemos encontrado cerca de la plaza central en una calle casí peatonal un hotel asequible y precioso con aspecto de casa rural.

En lo que tardamos en hacer el check-in y dejar las mochilas en la habitación, salimos a la calle y nos encontramos con un sorpresón. Son las 8 de la mañana y hay más gente en movimiento que en hora punta en el metro de Tokio. Una auténtica locura, además de los vehículos que pitan constantemente sin ninguna lógica.

La ciudad en si no es bonita, está llena de calles con locales comerciales que comparten espacio con carros de vendedores ambulantes, además de hostales cutres y un montón de casas que parecen estar medio acabar,  con el ladrillo al descubierto sin rematar ni pintar. Pero si se alza la vista y se mira alrededor, podrás apreciar su esplendor; todo está rodeado de montañas altas y preciosas, algunas con vegetación seca, otras nevadas y otras rocosas. ¡Qué sensación más curiosa y a la vez hermosa!



La plaza de armas está llena, la música suena y hay ambiente de fiesta, pero lo que no entendemos es por qué hay tanta mezcla: vemos personas disfrazadas, atletas y hasta soldados en un lado amontonados, todos ellos dentro de unos pocos metros cuadrados... "estos peruanos sí que son raros"pensamos.

Entramos ahí mismo en la oficina de información y por primera vez en este país nos atienden a la perfección; vaya subidón nos entra al conocer lo que se puede hacer alrededor...

Seguimos caminando en busca de una cafetería para cargar energía, y nos damos cuenta de que en esta ciudad hay mucha gente que viste y vive de forma tradicional, a la vez que sus costumbres y modo de vida se mezclan con lo que consideramos para nosotros "normal".


Por último decir que es una ciudad que además de la vidilla que tiene, está muy bien ubicada para realizar distintos trekkings o excursiones. Termas, lagunas y montañas te sorprenderán, sobre todo si te acercas al Parque Nacional de Huascarán.


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