Ica es el zaguán del desierto de Perú.
Es una ciudad ruidosa, sucia, estresante y caótica que solo merece ser visitada si se quiere ir al oasis de Huancachina.
El único atractivo que tiene Ica es que se puede pernoctar a un cuarto de hora en coche del oasis. También hay alojamientos en el mismo oasis pero suponemos que los precios serán bastante más caros, sería cuestión de informarse.
Sea como fuere, un mototaxi te llevará desde Ica por 5 soles, un poco más caro si optas por el taxi...Y es que la carretera llega hasta el mismísimo oasis, así que no esperes sentirte el Lawrence de Arabia del siglo XXI. Lamentablemente, la laguna está rodeada de hoteles, restaurantes y empresas de paseos en buggy ( y sandboard) que envían a sus empleados a la caza y captura del turista. Si quieres algo de paz hay momentos en los que una mala cara te abre camino.
A nosotros no nos apetecía adentrarnos en el desierto con diez buggys más además del nuestro, así que en vez de eso optamos por encaramarnos a una de las dunas que circundan el oasis. Desde la cima se tiene una buena perspectiva de la laguna, y si usando el photoshop mental se consigue borrar todo el ladrillo que ha invadido el perímetro del agua, la sensación puede ser gratificante.
A tu espalda, infinidad de dunas y una laguna chiquitina que sería coqueta si no estuviera llena de plásticos y basura.
Ay Perú...



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