Ya llevamos casi 5 horas de viaje, el zig-zag ha terminado y avanzamos a una velocidad considerable (recordemos que estamos en Perú y esto de conducir con prudencia no se lleva) por una carretera bien asfaltada.
Son las 7 de la tarde y todo está oscuro. Derrepente el autobús frena en seco y sentimos un leve golpe, a la vez que una de las pasajeras sale volando literalmente dentro del mismo bus, golpeándose con los asientos delanteros.
Nos quedamos todos en shock, hasta que nos damos cuenta que hemos chocado con una moto taxi que se nos ha cruzado. El chófer sale del bus, nos abre la puerta y 4 de nosotros salimos a curiosear, ayudar o a lo que haga falta.
Lo que encontramos entonces es vergonzoso a la vez que lamentable: el conductor de la moto taxi, un señor ya mayor, totalmente borracho, y su mujer (suponemos) que sale del vehículo llorando y dando voces, aun más borracha que su marido. El chofer discute con ellos, y mientras que el hombre no puede ni pronunciar palabra, la mujer chilla de forma incontrolada, incoherente y descarada en pleno ataque de nervios, tanto que coge una piedra del suelo y nos la lanza, cogiendo otra acto seguido para hacer amago de estamparla contra el cristal del bus. Ibai entonces se encara con ella para frenarla, y aprovechando este espectáculo, su marido entra en la mototaxi y escapa callejuela adentro. Entonces nuestro chofer sin pensárselo dos veces sube al bus y arranca, saliendo disparado detrás suyo y sin importarle nada más, con lo que casi nos pisa a unos cuantos y a poco se lleva a una mujer por delante.
La gente local que había formado corrillo para ver que pasaba desaparece, con lo que nos quedamos nosotros 4 ahí, en la carretera, en medio de no sabemos dónde. Nos cuenta asimilar todo lo que ha sucedido en sólo unos minutos, además de que no podemos ni queremos creer que se han ido sin nosotros. Hacemos alguna broma al respecto, pero al de 20 minutos de seguir plantados en el mismo sitio sin ninguna novedad, decidimos reaccionar. Ibai se pone a caminar por la callejuela oscura a ver si por un casual encuentra nuestro bus... subrealista sí, después de casi media hora a saber cuantos km. habrá hecho ya... pero lo es aún más cuando derrepente Ibai vuelve diciéndonos que está ahí aparcado, a un km. de donde estábamos.
Avanzamos todos juntos entendiendo aun menos la situación, y nos encontramos al bus ahí quieto arrinconando a la mototaxi que está vacía. El chofer habla por el móvil y al de poco llega la policía. Les explica lo sucedido y les enseña las marcas que ha dejado la mototaxi al intentar escapar marcha atrás del acorralamiento, a la vez que les entrega las llaves de la mototaxi (ha debido de ser todo un espectáculo la persecución, el reintento de fuga de la mototaxi, los golpes a lo autochoque y el tira y afloja que habrá surgido hasta conseguir quitarle las llaves al hombre borracho para que después vuelva a escapar, en esta ocasión a pie y haciendo eses).
Acto seguido el chófer nos manda subir al bus y ahí vamos todos en fila india hasta la comisaría del pueblo de Urubamba: el coche de la poli primero, la mototaxi conducida por uno de los polis después y nosotros en el bus atrás. Al llegar el chofer baja y nos dice que esperemos 10 minutos, que tiene que hacer los trámites de lo sucedido.
Estamos a una cuadra de la plaza del pueblo, donde hay un concierto en el que suenan canciones de Maná. La temperatura es agradable y unos cuantos del bus decidimos acercarnos a ver el ambiente. Nos encontramos muchísima gente de todo tipo con un factor común: una gran borrachera.
Vistazo rápido y vuelta al bus, pero el chófer sigue en la comisaría. Nos dicen que esperemos media hora más (en este país el concepto del tiempo es cómo explicarlo...ahorita lo explico), así que decidimos unirnos a la fiesta. Vuelta a la plaza, bailoteo, cena rápida en alguno de los puestitos y regreso. Nada, sigue dentro de la comisaría, y al de un rato lo vemos salir todo pálido acompañado de dos polis, los cuales lo meten en su coche y se lo llevan.
¿Qué? ¿dónde va? ¿y qué hacemos? ¡alegría! ¿acabaremos reclamando un abandono ahí mismo? se lo preguntamos a un policía que está en la comisaría y nos dice que se lo llevan a sacar sangre. "Ajam. ..." Pues nada, a la plaza por tercera vez. Al mal tiempo buena cara... pero ya han pasado mas de 2 hora, son las 11 de la noche y la fiesta de Urubamba no da para tanto, y nuestra paciencia tampoco, así que al ver que no hay noticias decidimos hacer reunión de pastores.
Uno de los pasajeros propone dejar de esperar y coger un taxi para llegar a Cuzco, con lo que otros 3 se animan y van con él.
Ibai y yo pensamos que lo mejor es llamar a la chica de la agencia que nos ha vendido el viaje. No tenemos tarjeta para llamar, y todos somos turistas, con lo que estamos en las mismas. Entonces decidimos explicarle la situación a alguno de los policías y pedirle que nos preste un teléfono (subrealista sí, pero cierto). Uno de ellos accede a dejarnos su móvil, a la vez que echa un japo y se le queda colgando... (que seriedad por dios, lo que imponen...). Hablamos con la chica, la cual parece alucinar en colores igual que todos nosotros, y después de negociar con ella nos dice que movilicemos a todos los pasajeros, y que de 4 en 4 regresemos en taxi, que ya nos reembolsará el gasto al día siguiente (ya...). Comentamos con todos y la gente se niega, pues no todos somos de la misma agencia y evidentemente no creen en el reembolso.
Decidimos que cada cual haga lo que le parezca y nosotros 4 volvemos a la comisaría para preguntar dónde podemos coger un taxi, a lo que responden que no hay (¿cómo no va ha haber? anda hombre...). Y a esto que estamos discutiendo aparece nuestro chófer todo tieso, mandándonos que vayamos tras él, que nos vamos. Mucha confianza da ir con él, sí, después del mal trago que ha pasado...
Llegamis sanos y salvos a Cuzco y nos recibe una chica contándonos la milonga de que han estado monitoreando todo lo sucedido desde el primer instante, y que a modo de recompensa nos trasladan en taxi desde la plaza central de Cuzco hasta nuestro hotel.
Anda por ahí... ¡Qué poca vergüenza!



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