Los españoles llegaron a lo que aun no era Bolivia con la pólvora en una mano y la biblia en la otra.
Cuando descubrieron la inmensa riqueza que albergaban las entrañas del Cerro Rico supieron que habían encontrado su propio " El Dorado".
Embarcaron esclavos africanos y sometieron a los bolivianos, que pasaron a realizar trabajos forzados en el seno de aquella montaña que tanto habían adorado y respetado.
Cuenta la leyenda que el rey inca mandó parar la explotación de la riqueza del Cerro Rico porque un estruendo proveniente del fondo de la montaña le alertó de que aquella materia no era para ellos.
Y efectivamente, fue para todos menos para ellos.
Porque entre los años 1600 ó 1700 Potosí, y su Cerro Rico, riquísimo, pasaron a ser el lugar más importante del mundo. Ahí se acuñaba la moneda más pura del planeta, plata de ley escupida por la madre tierra. En Potosí comenzaba y terminaba el mundo. Su mineral recorría el planeta en transacciones estratosféricas, pero nada, o bien poco, se quedaba en la localidad de donde se extraía. Del monte al tren, del tren al puerto peruano, del barco peruano al mundo.
En Potosí solo vivían bien los colonos.
Los demás palpaban la plata en forma de veta. Nada de monedas. Esas eran para los blancos.
Los lugareños eran obligados a trabajar dentro de la mina durante 4 meses.
Para evitar fugas, los españomes instrumentalizaron el miedo. No contentos con colonizar las tierras, colonizaron también las conciencias. Extendieron a lo largo y ancho de su conquista la doctrina católica, y cuando percibieron que las fugas de los mineros eran un problema, encontraron en la fé la solución.
Mandaron esculpir estatuas del diablo y las colocaron en las minas, debajo de la tierra, que es donde habita el demonio.
La iconografía como mecanismo de control: el cielo para los elegidos, el infierno para los esclavos mineros.
Con el transcurso del tiempo, el Tío de la mina mutó en una prueba mád de la capacidad adaptativa del ser humano.
Los esclavos revistieron el icono católico con una pátina de creencias indígenas, y el significado de la estatua evolucionó: el demonio no convivía con ellos para vigilar que no escaparan de su reino, el Tío de la mina estaba ahí para protegerlos.
Lo colmaron de vicios en ritos de admiración: para él eran la coca, el tabaco y el alcohol.
Querían que el Tío estuviera feliz. Si la euforia lo invadía, el Tío cortejaba a la Pachamama, y tras consumar el acto sexual sus hijos se multiplicaban en forma de veta de plata. Si la felicidad lo abandonaba, los sepultaba y mataba.
Hoy nos sentamos en torno al Tío de la mina para escuchar las historias que visten la Historia. Y para preguntar.
Las mujeres tienen prohibido trabajar en el interior de la mina, no sea que el Tío se enamore de alguna de ellas y deje de hacer el amor con la Madre Tierra. Si eso sucediera, el Cerro Rico dejarí de parir. Adiós al mineral.
Las viudas de los mineros muertos trabajan para la cooperativa, pero siempre al aire libre. Sea cuidando la maquinaria en la bocamina o sea separando los miinerales de la roca sobrante, nunca entrarán en los dominios del Tío.
Existe también trabajo infantil: " La ley establece que no se puede trabajar hasta los 18 años, pero ¿ Quién va a venir aquí dentro a controlar? "
Algunos críos entran con 8 años en las tripas de la tierra. Otros vienen obligados porque no quieren estudiar. Entran en la oscuridad, pican, explotan la dinamita o cargan y empujan vagonetas, depende del órden jerárquico, y después deciden si volver a la secundaria o a la mina. Algunos mineros desean que sus hijos estudien. Otros, orgullosos, deciden que " si yo me cago en la mina mi hijo también debe cagarse ".
La carga de trabajo existente depende en gran medida del precio del mineral en dmel mercado. Cuanda se cotiza al alza, abogados, tenderos y demás trabajadores dejan sus empleos y acuden a la mina. En tiempos de bonanza llegan a ganar el triple del salario mínimo boliviano. Cuando baja la cotización, todos vuelven a sus trabajos y sólo se dejan engullir por la oscuridad y el silencio los mineros irredentos, aquellos que tienen claro que prefieren vivir rápido y morir jóvenes.
Como las estrellas del rock, pero sin ápice de glamour.
La esperanza de vida los mineros de Potosí ronda los 45 años, pero su calidad es una mierda. Polvo y peligro en la oscuridad, alcohol y vicio a plena luz.
Deben disfrutar de la vida a tope porque saben que la silicosis, los derrumbes, las vaginetas descontroladas o cualquier escape de cas nocivo se los llevará por delante antes de lo deseado. Mientras tengan dinero, lo aprovechaŕán intensamente.
Por mucho ritual que hagan, por muy contento que lo tengan, de su destino no los librará ni su adorado Tío de la mina.
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