viernes, 22 de diciembre de 2017

Improvisando el viaje: Valdivia, Niebla y a dedo por playas vírgenes de la Patagonia

Teníamos pensado cruzar a Argentina desde Santiago, pero varias personas nos hablaron maravillas del sur, así que pensamos: " ¿ Por qué no?"

Bajar hasta el punto más austral nos retrasaría en exceso planes futuros, pero podíamos intentar llegar hasta el comienzo de la Patagonia, y hacernos una idea del tipo de paisaje en el sur del continente.

¿ Por dónde comenzar la improvisación? Todos a los que preguntábamos coincidían: Valdivia.

Allá nos fuimos.

Es una ciudad pequeña adherida a una isla.

El paseo marítimo te lleva en paseo corto hasta la isla, y una vez allí puedes holgazanear al sol tirado en el jardín botánico.


La ciudad está rodeada de lagunas y marismas, lo que supone un descanso para las retinas después de tantos y tantos kilómetros de desierto.

Surge, casi estalla, una vegetación verde y tupida. Pero...Aunque bonito, no nos parecía que fuera como para tener tanta fama.

¿ Había gato encerrado?

Preguntamos y resultó que así fue: " tomen la micro y vayan a Niebla. Son apenas 20 kilómetros".

Y en los alrededores de un pueblo minúsculo con tan sugerente nombre estaba escondida la fama.

La primera parada la hicimos en el mismo pueblo, para ver el fuerte español...Pero ese día estaba cerrado.

No pasa nada. Habíamos sabido de una playa de arena rosa, así que intentaríamos llegar hasta allí.

Sacamos el dedo y un señor nos llevó unos kilómetros más adelante. Volvimos a hacer autostop y paró una furgoneta pequeña.

" ¿ A la playa rosada? Si quieren les llevo, pero aunque es famosa no es tan bonita. Si quieren los invito al terreno que me acabo de comprar. Desde allí se ven dos playas vírgenes..."

- Pues ok. No suena nada mal...

Y así terminamos en un terreno al que se accede por una pista aun sin asfaltar, en el norte de la Patagonia chilena y a las puertas de la selva valdiviana, admirando el vuelo de las aves y mirando atentos la rompiente de las olas de las playas donde no había nadie y donde las orcas suelen cazar lobos marinos.


Sólo faltó la guinda de ver en directo tamaño espectáculo.

 Todo lo demás salió perfecto.

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